Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

    Por Mag. Ronald Obaldía González*

      La noción del filósofo como símil la imaginamos dentro de nuestra postura multicultural, multiétnica y diversa, al lado de la otra de Láscaris bastante común: ya que nadie lo había podido suplantar de su original tesis, de encasillar a Costa Rica dentro del rango de las naciones desarrolladas del planeta. Bastante razón le asistía a nuestro ilustre profesor. Véase como Costa Rica salió librada de los colapsos financieros mundializados (2008), de los perniciosos efectos globales causados por la pandemia del Covid – 19, en simultaneidad con las perturbaciones geopolíticas en la Europa Oriental, sea la invasión del ejército ruso a Ucrania.

    En medio de las vicisitudes quedó demostrado la buena musculatura de nuestra sociedad democrática y próspera. Sin necesidad de dogmas o acciones ortodoxas, la institucionalidad democrática se mantiene casi intacta, persisten los altos indicadores sociales, a pesar de nuestras innegables fragilidades.

     Desde dos años atrás se vienen acentuando los sólidos resultados y los compromisos fiscales, así reconocidos por las agencias calificadoras de riesgo y el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Por primera vez después de 13 años, Costa Rica recaudó más de lo que gastó, sin incluir intereses, y logró un superávit primario de ¢927.000 millones, equivalente al 2,1 % del producto interno bruto (PIB).

    Además, el tamaño del endeudamiento en relación con la producción nacional (deuda/PIB) disminuyó en 4,2 puntos porcentuales, para situarse en un 63,8 %” (Expresidente Carlos Alvarado Quesada; Ministerio de Hacienda). Se detuvo el déficit fiscal, lo cual abre las oportunidades de aumentar la inversión social y actuar en infraestructura. Pocas naciones pueden exhibir tales logros. En cambio, lo trabajado por este pequeño país desarrollado, a juicio de Láscaris, sí llegó largo.

     Guardando las distancias, significan posturas (de Láscaris) que el suscrito también ha respaldado. En nuestro escrito nos hemos subordinado a sus nociones. Las he empleado a nivel de basamento, todo ello con el propósito de sumarlas a aquellas visionarias lecciones de nuestro profesor de la enseñanza secundaria Álvaro Alvarado Castro (1970 – 1974) alrededor del “Quijote de la Mancha”, llamado “el Príncipe de los Ingenios”, a decir del inmortal Jorge Luis Borges.

     Las conclusiones de aquel filósofo nos han facilitado hacer abstracción de nuestras mini-ciudades ya en ascenso. Las cuales no solo crecen en términos ecológicos – económicos, sino bajo “una dimensión existencial”, sustentada en la justicia social, “en la distribución de los recursos y los beneficios”, así como cambios en los modos de crear riqueza e interdependencia solidaria, dentro de lo cual “la felicidad asociativa” tiene asidero.

     PONIÉNDOLO SENCILLO, y además de reforzar nuestra tesis, Guiselle Monge Prado, una comerciante, quedó deslumbrada en una de sus visitas a la zona del Tortuguero del Caribe costarricense al verificar allí, igualmente en otras localidades tal como la pequeña ciudad de la Fortuna de San Carlos de Alajuela, la amigable cooperación entre sí de los emprendedores locales, la continuidad de una arraigada cultura empresarial, coincidente con la filósofa (Pelluchon), encaminada a ofrecer allí el mejor servicio. El cual pueda satisfacer los gustos y las necesidades de los turistas, la principal fuente de ingresos de las exóticas y singulares comunidades rurales.

     Monge Prado y Pelluchon reafirman ideales cooperativos, o “normas socioculturales nuevas”. Los trueques “domésticos” en medio del ambiente solidario de los ciudadanos de las mini-ciudades son parte de ellos, sin prescindir obviamente de las reglas del mercado, vinculadas a ganancias bajo los criterios de la responsabilidad social, a la par de las buenas prácticas y las consideraciones ecológicas. Lo cual trasciende hasta enfrentar condiciones de vulnerabilidad en casos de desastres.

     Toda vez que (en dichas jurisdicciones rurales) se abre paso a la creatividad, a las sólidas relaciones primarias en ciudadanía y la prosperidad de las gentes, quienes las colonizan de manera asociativa y empoderada, lo cual contribuye al eficaz desempeño de sus propios mercados, a su modo particular de sana competencia.

     En lo cual, por lo demás, el Estado apenas habría de cumplir con su rol de invertir en infraestructura, logística, asegurar financiamiento y créditos blandos, lo que implica que la revolución digital catalice aumentos en el acceso y el uso de los servicios financieros para todas las personas (Carlos Melegatti). “La idea es que los emprendedores sean clientes en la tendencia a la digitalización de los servicios bancarios”.

LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL TIENE VOZ

     Valga recalcar que a nivel de políticas públicas, lo anteriormente apuntado resulta compatible con las propuestas globales del 2015 cuando los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se comprometieron formalmente con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) con metas al 2030 (Alexandra Kissling).

     En la etapa de la post-pandemia decenas de países luchan por cumplir con sus objetivos de desarrollo, inmersos en una tormenta perfecta de guerra, disrupciones alimentarias, energéticas, de deudas, climáticas, incontenibles corrientes migratorias. Razones por la que el Banco Mundial y demás organizaciones de la cooperación y la asistencia internacionales deberían de destinar más de sus propios recursos (Nagaire Woods) a favor de las postergadas naciones del sur global.

     La exploración de las potencialidades de las mini-ciudades, bajo la aplicación del método inductivo, podrían convertirse en alternativas para la superación del abandono y el empobrecimiento. Eso sí, siempre con la condición de dar énfasis “al rejuvenecimiento” de los sistemas educativos, salud, la cohesión social, bajo las soluciones intrínsecas del capitalismo democrático, incluida la movilización de recursos y conocimientos, en aras de proteger y conservar la naturaleza y la biodiversidad.

     Soluciones o bien misiones cuya efectividad estarían enlazadas con la prevención y la mitigación de los efectos” y las secuelas desastrosas del cambio climático, cuya responsabilidad de contenerlos ha de recaer en los seres humanos conscientes. Estamos convencidos que tales imperativos, con mayor propiedad ética y moral, se ejecutarán en los procesos socializadores, engendrados por la convivialidad inherente a las ciudades miniaturas. Volvamos otra vez a imaginar.

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*Mag. Ronald Obaldía González.