Por Manuel Antonio Herrera Vigil*
Desde que el Canal de Panamá inició operaciones el 15 de agosto de 1914, una de las tareas casi continuas, es la de dragado del cauce. Años después, alguien trajo un lirio de agua, como adorno, y se ha convertido en una planta que hay que tratar de erradicar, porque podría entorpecer las operaciones de la vía acuática.
En la década de 1990, se inició un proyecto para ampliar el tramo en el Corte de Culebra y dar más espacio en las curvas. Esto permitió acometer, desde una posición más ventajosa, la construcción del tercer juego de esclusas.
Otra de las operaciones que se realiza consiste en abrir las compuertas de la Represa de Gatún, para liberar el exceso de agua que se acumula en la temporada lluviosa. Creo que ante el escenario actual y futuro, de bajo nivel en los lagos de Gatún y Alajuela y la incertidumbre acerca del comportamiento del clima, se podría activar un gran proyecto para ampliar más el Estrecho de Culebra.
Esto sería tarea de la División de Dragados, el cual cuenta con barcazas equipadas con brocas de 8 pulgadas de diámetro y con capacidad para perforar hasta 65 pies de profundidad. Este trabajo de dragado y ensanche en el área de tránsito, podría ayudar a solucionar varios problemas:
Mejoraría la capacidad de maniobra de los buques, que cada vez los construyen más grandes. Podría ayudar a disminuir el tiempo de las naves, para cruzar de uno a otro mar, lo que aumentaría el interés de las compañías navieras para utilizar la franja más estrecha, en todo el continente americano.
Tendríamos mayor capacidad de almacenamiento de agua, sin afectar a las comunidades establecidas alrededor de la vía. Estaríamos en una mejor posición ante futuras competencias que se realizan o planifican en el Istmo de Tehuantepec, El Río San Juan y el Río Atrato.
