Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Escrito por Mag. Carlos Enrique Quesada Rodríguez*

 

      Francisco Rojas Sandoval de forma reciente publica “Las huelgas de julio de 1918 por la jornada de ocho horas” el cual explica la importancia del inicio de las luchas sociales previas a la década de 1920. Este documento viene a dar aportes de acuerdo a los casi 100 años de lucha que posibilita el establecimiento de la jornada laboral justa, que nace por la conciencia y desesperanza de los obreros, carpinteros, zapateros y artesanos, pero en especial los trabajadores de la madera y Ebanistas.

      El inicio de los movimientos de huelga en 1918 estuvo precedido por una serie de estallidos huelguísticos, especialmente levantamientos por parte de gremios de zapateros, a los cuales se les unen otros trabajadores. Esta idea se presenta en el periódico “La Información”, con fecha del 07/07/1918).

      Las huelgas de julio de 1918 tuvieron una duración de cinco días, las cuales iniciaron el sábado 6 de julio de ese año. Al finalizar la jornada laboral de ese día, según reseñó el periódico La Información —periódico que apoyaba la dictadura de Federico Tinoco— los obreros carpinteros de la ciudad de San José enviaron un memorial a todos los dueños de talleres, donde solicitaban un aumento de salario. (Rojas Sandoval, 2019)

      Por tanto se puede inferir que el levantamiento social no estaba motivado únicamente por establecer cambios en la jornada laboral, sino más bien en la búsqueda de mejoras de las condiciones salariales, estas bastante afectadas debido a los efectos de la I Guerra Mundial, específicamente en la producción cafetalera y bananera, claves para el desarrollo económico nacional en el momento.

      El aumento salarial que solicitaban los trabajadores correspondía a un 40% de su salario, pero en segundo orden el manifiesto que solicitan los trabajadores se encuentra la jornada de 8 horas. En esta inicial manifestación solo participan 47 obreros del ramo de la ebanistería y la carpintería; entre los obreros localizados, se determinó la presencia de futuros dirigentes de la Sociedad de Ebanistas y Carpinteros; así como de otras organizaciones mutuales y sindicales. (Rojas Sandoval, 2019)

      El cambio de la jornada que proponían los trabajadores era pasar de una jornada de 9 horas y media a 8 horas diarias por lo que, con el fin de cumplir con sus necesidades patronales, trabajaría una hora y media adicional, la cual debía ser remunerada como extra a un valor de tiempo y medio. Siendo esta una exigencia ante las difíciles condiciones laborales que presentaban, jornadas de trabajo de 10 o más horas (incluso 15 horas), bajos salarios y accidentes laborales periódicos, la incorporación de la mano de obra femenina e infantil.

      Estas crecientes dificultades ocasionaron un aumento de la participación en los movimientos de huelga, los cuales nunca fueron reconocidos como legales, incluso la conciencia colectiva refería a la necesidad de que los patrones dejaran de explotar a sus trabajadores, siendo oportuno que compartieran las ganancias de sus negocios con sus trabajadores.

      Diversas manifestaciones de huelga dieron pie a la creación de organizaciones mutualistas, que en su mayoría llevan adelante actividades propiamente sindicales, denunciando de forma constante las malas condiciones laborales y de vida que mantenían en los talleres, victimas de una sobre explotación y dolo por parte de sus patrones, los cuales afirmaban apenas salir con los gastos, ya que debido a la crisis no se realizaban nuevos encargos de muebles, aunque sus trabajadores diferían, debido a la gran cantidad de encargos que recibían en sus talleres. (Rojas Sandoval, 2019)

      Como resultado de las manifestaciones se llevaron adelante parciales cambios salariales, aunque algunos dueños de talleres afirmaron que les era imposible cumplir las demandas de sus trabajadores, por lo que incluso algunos trabajadores renunciaron; sin embargo, en los aspectos en los que menos se avanzó fue el caso de la jornada laboral:

      Los dueños de manufacturas y fábricas se mostraron reacios a disminuir las horas de trabajo en las distintas unidades productivas; de ahí que las jornadas laborales en el resto del decenio de 1910 oscilaran entre 9 horas y media a las diez horas diarias. Incluso, los dueños de “talleres” advertían a sus operarios que quienes no regresaran a los talleres dentro de 24 horas se considerarían cesantes, lo que evidencia la actitud represiva asumida por los patronos.

      En el caso de los salarios se concedió el 10% sobre los actuales salarios, mismas horas de trabajo y reconocer 50% de aumento sobre las horas extraordinarias que el patrón solicite al operario. Esta propuesta mantiene un claro tinte represivo, ya que en caso de que los trabajadores no la aceptaren serian considerados como rebeldes y se anularía esta oferta según lo afirmaba la patronal.

       Aunque esta acción fue aceptada por los trabajadores de la madera y ebanistas, es probable que fuera impulsada por el temor a quedarse desempleados en esta difícil coyuntura, ya que recibieron parcialmente solo una de las tres exigencias que plantearon.

      Sin embargo la necesidad de reconocer estos movimientos parten del impulso y progreso de conciencia de la clase obrera, la cual un año después en febrero de 1920 lograría por medio de movimientos de huelga y el claro apoyo de otros sectores laborales y gremiales la aprobación de la jornada laboral de 8 horas, la cual hoy mas de 100 años después corre el riesgo de desaparecer.

     Actualmente se negocia en la asamblea legislativa un proyecto de ley presentado desde 2018, el cual pretende reformar una serie de artículos del código de trabajo con el fin de permitir ajustes en la jornada laboral, las cuales pueden llegar hasta las 12 horas por día, con el fin de incluir un día adicional de descanso.

     La propuesta ha tenido el impulso del partido oficial de gobierno, el cual ha propuesto cambios en los artículos de acuerdo con su lógica de gobierno, sin pensar realmente en condiciones laborales dignas para los trabajadores, que a la larga son las victimas de estos cambios.

      Por otro lado parece que es espíritu de la creación del código de trabajo, en la década de 1940, enfocado en la defensa de los derechos del ser y la búsqueda de mejores condiciones de vida y dignidad para el trabajador, se difuminan por el interés económico de sectores a fines de la política, los cuales abrogan las supuestas grandes ventajas que este proyecto traerá a la población, posibilitándole encontrar un trabajo adicional o emprender un proyecto en sus días de descanso.

     Contrario a la dinámica global, Costa Rica propone periodos de trabajo de al menos 11 horas durante 4 días, apelando a mejoras en la productividad y la economía regional, ya que se presenta la posibilidad de aumentar el turismo, sin embargo en algunos países europeos se han reportado cambios de la jornada de 9 horas durante 4 días, disminuyendo a jornadas semanales de 32 o 36 horas, sin efecto en la productividad de los negocios, pero con un gran avance en la calidad de vida de sus trabajadores.

     Algunos costarricenses para cumplir su jornada de 12 horas, deberán salir de sus hogares en horas de la madrugada a tomar el transporte público, y regresarán en horas de la noche, agotados física y mentalmente, incapaces de dedicar tiempo para compartir en familia, continuar sus estudios e incluso dormir de forma adecuada.

¿Serán estas las condiciones y estilo de vida que queremos para nuestra sociedad?

 

*Mag. Carlos Enrique Quesada Rodríguez. Profesor de la Cátedra de HIstoria de la UNED. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.;

 

Bibliografía consultada

 

  • Nuñez Chacón, María (1 de marzo de 2023) Costa Rica se aleja de la tendencia europea de jornadas menores a 40 horas semanales. Semanario Universidad