Una experiencia académico-docente: investigando la historia cultural de la ciudad de Puntarenas
La vocación docente siempre ha estado presente en mí. Cuando hurgo en lo más profundo de mi memoria, como decía el escritor Carlos Luis Fallas, siempre me veo enseñando, guiando, explicando, mostrando, aconsejando, contando, aprendiendo para luego vaciar de nuevo el conocimiento adquirido. Por esta razón y sin tener la mínima duda, cuando me llegó el momento de escoger una carrera universitaria, elegí una carrera docente y luego de graduarme, la ejercí durante treinta y cuatro años: los primeros diecisiete, en distintas instituciones de secundaria del Ministerio de Educación Pública, y los restantes años en la Universidad de Costa Rica. Por supuesto que en todo este tiempo tuve cientos de experiencias y recuerdo muchísimas anécdotas que podría contar, pero ahora preferiría compartir otras situaciones.
En el año 2017, después de sentir que el cansancio físico ya me hacía guiños y me daba sutiles advertencias, me jubilé y pensé, en ese momento, que toda mi vida posterior estaría dedicada exclusivamente al solaz y al esparcimiento, y no intentaría abordar ninguna actividad docente ni mucho menos académica. Craso error.
En los primeros días y meses de mi nuevo estado —no podría negarlo—, pasé disfrutando del descanso, de cortos y largos viajes y, en fin, de no hacer nada. Poco a poco, de nuevo la parte física de mi ser me previno de que el descanso en exceso, como todo lo que supera los extremos establecidos, no era recomendable. Así pues, por las tardes, decidí hacer caminatas por las calles de mi natal ciudad de Puntarenas. En estos paseos vespertinos —cosa mágica, sin duda—, fui visualizando plazuelas, ranchos, casuchas, gentes y consejas que estaban dormidas en los entresijos de mi memoria, y que de pronto emergían en una agolpada nebulosa de recuerdos. Por supuesto, ya nada de lo que veía con los ojos interiores del espíritu existía; ahora había parques; casas de cemento, unas muy elegantes, otras menos refinadas; gentes actuales que muy de prisa se dirigían a sus trabajos o, también muy de prisa regresaban de ellos, sin tener la mínima noción histórica del lugar en que vivían, y, como habrá de suponerse, desconocedoras de las viejas fábulas o patrañas con que los porteños de antaño se entretenían por las noches bajo los almendros o amedrentaban a sus niños para que pronto conciliaran el sueño.
Ante esta visión, propia de lo real maravilloso que inspirara al escritor cubano Alejo Carpentier, decidí volver sobre mis pasos perdidos y reconstruir, con pedazos de aquí y de allá, todo ese pasado cultural de la ciudad de Puntarenas y, sin percatarme en este momento, de nuevo retomaba mi labor académica y mi intrínseca vocación docente. Los tiempos del disfrute jubilatorio, de pronto, quedaron atrás: de nuevo volví a los libros, a las lecturas nocturnas, a la indagación en vetustos periódicos casi desgastados por la acción del tiempo y, lo más interesante y anecdótico, al apresuramiento para conversar con aquellas personas que habían tenido la dicha —si fuera posible decirlo así— de vivir otros tiempos, quizás mejores o quizás peores, pero que guardaban en sus recuerdos todo aquel pasado que, como todo pasado, siempre se añora melancólicamente.
Tres años han pasado desde que retomé la investigación académica y, sin quererlo, también la docencia, pues esta se convierte, necesariamente, en la manera en que los resultados investigativos se dan a conocer y adquieren su función propia. Tres años en los que me percaté, porque debo reconocer que al igual que la mayoría de las personas, yo lo ignoraba, que la ciudad de Puntarenas tiene una riquísima historia cultural, que ha influido grandemente en la historia nacional y que, con intención o sin ella, dicha riqueza histórica ha sido muchas veces invisibilizada.
Por todo lo señalado anteriormente, en estos tres años me he dado a la tarea de dar a conocer esta historia cultural de la ciudad de Puntarenas. Al principio, pensé que solo les interesaría a las personas de avanzada edad, pues les serviría para desempolvarles sus recuerdos; sin embargo, me equivoqué, pues mucha gente joven y de mediana edad también se han interesado.
Hasta el momento, la divulgación se ha hecho de dos maneras distintas: con charlas presenciales y virtuales, y mediante la transmisión por radio y televisión, de un programa llamado «Noches de Cultura». Las charlas se han impartido en distintos lugares de la ciudad de Puntarenas: en la Casa de la Cultura, en la Catedral de Puntarenas y en distintos centros educativos (Escuela El Carmen, Escuela de Fray Casiano de Madrid, Liceo José Martí, Universidad Estatal a Distancia, Universidad de Costa Rica y Universidad Técnica Nacional). El programa «Noches de Cultura» es un espacio de una hora por semana, radial y televisivo, que nos brinda la emisora local Radio Puerto TV, que también está muy interesada por dar a conocer la historia y la cultura de la provincia.
También hemos participado en actividades culturales y artísticas desarrolladas en la ciudad de Puntarenas, en las que se nos ha dado un espacio para comentar aspectos de la historia cultural de esta ciudad; entre dichas actividades están el Festival Internacional de Teatro Chucheca de Oro, las Caravanas Artístico-Culturales de la Casa de la Cultura de Puntarenas, algunas actividades patrióticas desarrolladas por la Municipalidad de Puntarenas y las festividades religiosas celebradas por la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, de la Diócesis de Puntarenas.
La investigación que se ha venido realizando no solo abarca un estudio bibliográfico, sino que también hemos podido reunir y retocar gran cantidad de fotografías, esto con el fin de, en un futuro cercano, realizar exposiciones ilustrativas de la historia cultural de la ciudad de Puntarenas. Por otra parte, también nos estamos dando a la tarea de recopilar muchísimos textos literarios de gran calidad artística —poesía y prosa—, desperdigados por aquí y por allá, en periódicos antiquísimos; además estamos intentando la reconstrucción de algunas piezas musicales que marcaron algún momento histórico, ya hubiera sido de una institución educativa o de la sociedad porteña en general.
Finalmente, hemos recibido el ofrecimiento de parte de la Sede del Pacífico de la Universidad de Costa Rica, de colaborarnos con la publicación de un libro que contenga los resultados de la investigación que estamos realizando o bien, la publicación de varios libros que reúnan aspectos específicos de dicha investigación.
