Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

   Resulta sorprendente cómo una lectura de hace aproximadamente unos cincuenta y tantos años  puede continuar impactando el pensamiento de quien lo lee. Se trata de un discurso inaugural de un programa de televisión cubano llamado Universidad del Pueblo, pronunciado por Ernesto Guevara, el Che. (Ariet y Deutschmann, 2004, pp. 100-116)

  En aquel momento hace el esfuerzo por explicar la importancia de la soberanía política y de la independencia económica, pero particularmente la unión que debe existir entre ambos términos, en algunos casos puede ser una afirmación positiva en donde debe conseguirse la independencia económica. Por el contrario pude ser negativa en donde al no lograrse la independencia económica se diluye o se pierde la independencia política. Deja en claro que para Cuba esto implica pensar en el presente como en el futuro, y en todo caso significa tener claro en qué consiste la soberanía. 

   Uno de los primeros ejemplos que utiliza para acercarnos a la discusión, está referido a la decisión de expropiar a las compañías petroleras mexicanas en el gobierno de Lázaro Cárdenas, hecho que suscitó términos y acusaciones idénticas a las que ha enfrentado Cuba y que enfrentó Guatemala en su momento. En ambos casos el mexicano y el cubano, petróleo en uno y azúcar en otro juegan un papel importante, el papel de un monoproducto que va a un monomercado o sea a un solo mercado, controlado por “los reyes sin corona” los monopolios. Destaca que los monopolios son importantes, “la importancia de los monopolios es inmensa, tan grande es que hace desaparecer el poder político de muchas de nuestras repúblicas.” (Ariet y Deutschmann, 2004, p. 103)

   Reconoce que hay repúblicas con sus características formales, que sin embargo dependen de la voluntad omnímoda de la Compañía Frutera, o de la Standard Oil o alguna otra compañía petrolera, o de los reyes del estaño, o de los que comercian el café.  Destaca que la soberanía política no hay que buscarla en definiciones formales, hay un reconocimiento de que la soberanía política nacional no puede separarse de la noción de Estado soberano, de Estado moderno, por ello algunas potencias disfrazan sus colonias como estados libres asociados.  Insiste sin embargo en que la soberanía nacional “significa, primero el derecho que tiene el país a que nadie se inmiscuya en su vida, el derecho que tiene un pueblo a darse el gobierno y el modo de vida que mejor le convenga, eso depende de su voluntad, y solamente ese pueblo es el que puede determinar si un gobierno cambia o no”. (Ídem) Los conceptos de soberanía política, soberanía nacional, son irreales si no se articulan a la independencia económica.

   El argumento busca dejar sentado que si la economía no es propia, si está penetrada por el capital extranjero, no hay forma de escapar a la tutela del país del cual se depende, no se puede hacer la voluntad nacional si se choca con los intereses del otro que la domina económicamente. Contemporáneamente ya no es tan sencillo doblegar la soberanía política de un país, mediante la violencia pura, mediante la intervención. Es más fácil hacerlo construyendo una cadena de mentiras, mediante un esfuerzo propagandístico que legitime una posible intervención. Sin embargo para Cuba una de las tareas es no generar las condiciones para que esa intervención se dé.

   Sin embargo la soberanía política alcanzada debe ser un instrumento para la conquista económica, para hacer posible que en Cuba manden los cubanos, desde lo político hasta disponer de las riquezas de su tierra y su industria, en un marco de relaciones comerciales en donde no quepan acciones unilaterales de ninguna potencia extranjera. Se perfila entonces que en el plano económico la tarea fundamental es reconquistar la soberanía del país, quitársela a los monopolios, que en el caso de América Latina tienen estrechos lazos con Estados Unidos. 

   En términos generales parece indicar entonces que para hablar de soberanía, soberanía política e independencia económica, en lo fundamental implica hablar de nacionalización de la economía. La lectura impacta, debido el esfuerzo por vincular lo que se lee con las experiencias que se recogen o que se viven más o menos en ese mismo lapso de tiempo.

   En el caso costarricense contrasta notablemente, pese a reconocernos democráticos y soberanos, que es la tendencia más fuerte en lo que se lee y escribe, anclados en la herencia desgastada desde 1949, hacia los años cincuenta y sesenta junto a las transformaciones políticas que intentaron darle transparencia al problema electoral, con la nueva constitución se intentó darle un giro al modelo de Estado que facilitara entre otras cosas dinamizar el mercado interno y con ello empujar una modernización capitalista de la economía costarricense. Ello en el marco de directrices que empujaban el proyecto de la integración económica centroamericana de origen cepalino y anclado en la sustitución de importaciones. No se tuvo o no se quiso generar la capacidad de una ruptura con los intereses extranjeros, particularmente los estadounidenses.

   Dicen que el modelo se agotó y que el Estado en consecuencia debe hacer esfuerzos por racionalizar el gasto. De nuevo las orientaciones externas se imponen. Con la Administración Monge se abre el camino al cambio en el modelo de Estado, en una tendencia sostenida por las administraciones posteriores. Un estado que ha facilitado las condiciones para la liberalización económica, y con ello facilitar la llegada de capital extranjero a apropiarse de la dinámica económica lograda en el período anterior.

   Esta herencia nos trajo el ajuste estructural, los programas de ajuste estructural, la privatización de servicios antes ofertados por el Estado, la apertura del mercado de seguros, la apertura bancaria y la apertura de las telecomunicaciones, racionalización del gasto público, el empobrecimiento de la población, etc. No debemos dejar de lado la aprobación del Tratado de Libre Comercio, con la cadena de miedos y sustos como acompañantes. 

Cuando se hace este tipo de balance, se llega a la conclusión de que hemos avanzado al revés de las previsiones que hacía el Che, ¿es posible avanzar al revés? 

   Por otra parte surge una pregunta interesante, ¿será posible nacionalizar la economía y en qué términos será posible hacerlo? Sin embargo resulta ineludible abrir la discusión de nuestra realidad, hay tareas que no se pueden ni se deben posponer. Insiste el Che, “Habría que imitar a Martí y repetir una y otra vez que radical no es más que eso, el que va a las raíces; no se llama radical quien no vea las cosas en su fondo, ni hombre quien no ayude a la seguridad y a la dicha de los hombres.” (Ariet y Deutschmann, 2004, p. 107)

   Es un acto de voluntad y compromiso, en nuestro contexto llegar a esta claridad conceptual, no excluye a nadie.

*MAEd Manuel Vargas. Profesor juvilado de la Cátedra de Historia y docente de Estudios Sociales.  Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Bibliografía

Ariet García, María del Carmen y Deutschmann, David. (2004) Che Guevara Presente.  Centro de Estudios Che Guevara – Ocean Press. Pp 100 – 116.