Por Manuel Antonio Herrera Vigil*
No soy educador, pero me gusta leer. Ahora con tantos cambios, trato de explicar cómo de vivía desde 1950 en adelante.
El jueves pasado, mientras acompañaba a la delegación de la Universidad Nacional Estatal a Distancia de Costa Rica, para la presentación del libro "A Cien Años Del Coto: un conflicto Costa Rica - Panamá olvidado", después de varias disertaciones, nuestra querida historiadora Milagros Sánchez Pinzón hizo esta aclaración:
"Una de las alumnas de la Universidad Autónoma de Chiriquí, que está sentada entre el alumnado, es oriunda de Costa Rica. Su padre panameño, su madre costarricense, ella es Annelys González".
Ese hecho comprueba la evolución que se ha ido desarrollando a base de las relaciones entre las personas a ambos lados de la frontera. Después de los ataques entre los guerrilleros y la policía panameña, acompañé al Profesor Darmando Ortiz y Manuel Hernández, en una gira para conocer la región y en busca de posibles clientes para la compañía Shell.
Eso fue como en 1970. Íbamos en un Jeep Willys del señor René García. Dejamos la carretera de asfalto hasta Volcán y proseguimos por las trochas que habían hecho los madereros con sus camiones diez ruedas.
Pasamos por Cotito, lugar donde hubo un conflicto con los suizos que se habían asentado en esas tierras. Más adelante conocimos al señor Werner Hills y a su padre, con la larga barba blanca. Otro personaje que se había radicado en medio de esas montañas era el señor Alois Hartmann, tronco de honorable familia.
Como a medio día llegamos a Río Sereno y saludamos a los Hermanos Rivera, oriundos de Guarumal, quienes desde hace años se habían instalado en la región. Nos dijeron que el camino que habíamos recorrido en la mañana, sin lluvias, lo más posible era que no pudiéramos pasar, en la tarde, con lluvias.
Ante esta perspectiva, nos aconsejaron tomar desde La Unión, con destino a Sabalito. Logramos cruzar unos tremendos lodazales, que en parte habían colocado postes de níspero, acostados como durmientes del ferrocarril, para ayudar en la tracción.
Pasado ese duro trance, llegamos a Sabalito, lugar donde vive hoy Annelys González, alumna de la Unachi. De allí en adelante, recorrimos un camino empedrado, color cremoso, producto de las piedras extraídas de la Fila de Cal.
Continuamos por San Vito, lugar donde almorzamos, bajamos hasta Ciudad Neilly y entramos a territorio panameño por Paso Canoas, en horas de la noche. Este recuento desde hace medio siglo no hace más que confirmar que la Contraternidad, el Arte y la Cultura Binacional y la Red de Investigación Transfronteriza, continúa rindiendo sus frutos.
*Manuel Antonio Herrera Vigil. Colega panameño y colaborador del Boletín.
