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 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

      Desde mi añorada época de niñez, en lasas décadas de los 60’s y 70´s, cuando no existían los centros comerciales ni los imponentes MALLS que hoy son tan frecuentes y que concentran una importante actividad comercial en las principales ciudades de nuestro país y del mundo entero; las terminales de buses eran quizás, lo más cercano que podríamos tener a ellos. Aunque no existía el lujo y el confort que hoy nos brindan los centros comerciales, las paradas o terminales conjuntaban la mayor actividad comercial de la ciudad en donde se ubicaran.  

 

Fotografía tomada de la página de Facebook “San Carlos: Un siglo de historia en imágenes”. 

      Llegar a estas “paradas”, era toda una experiencia, primero por la enorme cantidad de personas de tan diversos lugares que llegaban en los buses o “cazadoras”; como se les conocía; de todos los rincones y pueblos de la región, pero también estaban los visitantes que en espera de su bus, llegaban a la parada con buen tiempo para poder agarrar campo y no tener que hacer el viaje de pie. Era como estar en un aeropuerto, ya que siempre después de ese rato de espera y de ese viaje, corto o largo, sabíamos que tendríamos una nueva experiencia familiar. 

      La sensación de ver el bus que uno estaba esperando con su rótulo claramente identificado al frente pintado con letras grandes y vistosas, generaba una descarga de adrenalina, y era muy frecuente que los chiquillos, que eran pequeños y escurridizos, por indicación de sus padres ingresaran por alguna de las dos  puertas del bus irrespetando la fila, cuando existía, para poder tomar los asientos necesarios para toda su familia.   

      En estas paradas encontrábamos restaurantes, con comidas muy variadas, farmacias, para comprar alguna pastilla para no marearnos, puestos de frutas y verduras, librerías, alguna pulpería o almacén  y algún bar para aquellos viajeros que querían “refrescarse” antes de volver a su tierra y en donde, además, los más jóvenes, teníamos restringido el ingreso. 

      Era muy común encontrar vendedores de periódicos, de lotería, y observar a los viajeros con enormes sacos de gangoche, que hacían las veces de maletas, y que les permitían llevar de manera resguardada sus pertenencias, muchas veces amarradas en las canastas ubicadas en los techos de los buses. También eran frecuentes entre los artículos de viaje cajitas de cartón, con algunos huecos, en donde se llevaba alguna gallina ponedora, o un gallo cuijen, que servirían de obsequio para la familia a la que visitaba. 

      En Villa Quesada, actual Ciudad Quesada, existía una parada con estas características, era la parada de Anibal Quesada, se ubicó 50 metros al sur de la actual Catedral, y hoy solo queda el recuerdo y una que otra imagen de este lugar que muchos sancarleños recuerdan con cariño o simpatía por las anécdotas o acontecimientos que vivieron mientras esperaban a que llegara el bus que los llevaría a vivir nuevas experiencias a lugares distantes.   

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Fotografía tomada de la página de Facebook “San Carlos: Un siglo  de historia en imágenes”. 

*Mag. Elio Francisco Omodeo Chaves. Profesor de la de la Cátedra de Historia de la Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.