Ficha Técnica 
Título original: Oppenheimer.
Año: 2023.
Duración: 180 minutos.
País: Estados Unidos.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan. Basado en el libro “American Prometheus” de Kai Bird y Martin J. Sherwin.
Música: Ludwig Göransson.
Fotografía: Hoyte van Hoytema.
Vestuario: Ellen Mirojnick.
Género: Drama, Suspense.
Distribuidora: Universal Pictures.
Escrito por Mag. Warner Ramírez Arroyo*
La película se centra en Robert Oppenheimer, un físico teórico estadounidense de origen judío y profesor de física en la Universidad de California en Berkeley. Oppenheimer es conocido como el “padre de la bomba atómica” debido a su destacada participación en el Proyecto Manhattan, un esfuerzo de investigación gubernamental centrado en la creación de armas nucleares que tuvo lugar entre 1942 y 1946. La investigación científica fue dirigida por Oppenheimer, mientras que la seguridad y las operaciones militares estaban a cargo del general Leslie R. Groves. El proyecto se llevó a cabo en numerosos centros de investigación, siendo el más importante de ellos el Distrito de Ingeniería Manhattan situado en el Laboratorio Nacional Los Álamos, en Nuevo México. La película nos muestra una interpretación de quien fue este enigmático personaje en la historia de Estados Unidos.
El tema central de la película incluye una cuestión moral que vivieron los físicos teóricos a mediados del siglo XX: poner el conocimiento científico al servicio de la maquinaria política y militar para garantizar un supuesto bien común. El director idealiza y absuelve a los físicos de los horrores causados por la bomba atómica. Se asume como un mal necesario, Hitler era una amenaza, Stalin era una amenaza y sólo Estados Unidos, levantando la bandera de la democracia liberal políticamente correcta, tenía una venia casi celestial para desarrollar y aniquilar miles de vidas. Algunos podrían discrepar en este punto, cada persona debe hacerse responsable de sus actos. En la película se induce al espectador a entender a Oppenheimer como una víctima que se vio acorralada por los intereses en desarrollar armamento nuclear por parte de los nazis y comunistas. Se insinúa, fuertemente, que Oppenheimer temía por la vida de los judíos, y su afán de salvarlos lo llevó a desarrollar la bomba antes que los alemanes.
El segundo tema en importancia es la filiación comunista de Oppenheimer. Aquí se presenta una gran crítica a la cultura estadounidense, donde ser comunista se consideraba un tabú, a pesar de que ellos se consideran los paladines defensores de la democracia, pero tienen poca tolerancia a la diversidad política. Las ideas políticas y filosóficas de un ciudadano norteamericano no deberían ser tema de debate, siempre y cuando no transgredan el marco y orden jurídico. Parece, y todo nos hace pensar, que efectivamente Oppenheimer compartía muchas ideas socialistas, pero esto no lo convierte en un antihéroe. Sin embargo, sus detractores utilizaron esto para desprestigiarlo a toda costa. Lo que sí es difícil de creer es que fuera un espía del gobierno soviético. No es lo mismo abordar teorías socialistas que traicionar a la patria, pero en plena guerra fría no se hacía esta distinción.
La clase política de Estados Unidos queda muy mal parada en esta película, se ponen en evidencia una cultura de envidia, traición e intrigas maquiavélicas con personajes poco escrupulosos que hacen cualquier acto deshonesto con tal de ascender políticamente. Toda esta crítica se personifica en Lewis Strauss, un político que dedicó gran parte de su energía psíquica en arruinar la reputación de Oppenheimer. Debemos tener claro que, para el director, Oppenheimer es un héroe y Strauss un villano.
Lo mejor de la película son sus actuaciones. De forma magistral, el versado Gary Oldman interpreta al presidente Henry Truman en una icónica escena cargada de simbolismo, donde destaca el pañuelo blanco que saca el presidente del bolsillo cuando se responsabiliza de haber sido quien ordenó lanzar la bomba atómica, escena cargada de ironía, por supuesto. Por otro lado, Robert Downey Jr. hace una de sus mejores actuaciones de toda su carrera. Cillian Murphy también hace un buen trabajo, aunque Gary Oldman se lleva los honores por su capacidad de interpretación.
La película puede resultar lenta y hasta aburrida, principalmente para aquellos que no están familiarizados con la geopolítica estadounidense de mediados del siglo XX. Hay un exceso de personajes secundarios que no afectan en absoluto la trama, aparecen y desaparecen al mejor estilo de San Martín de Porres. Esto genera un enmarañado de subtramas inconclusas e innecesarias. Nolan, un director acostumbrado a tramas fantasiosas en mundos inverosímiles, parece haber tenido dificultades para desarrollar una película basada en hechos reales. Definitivamente, esta película no está a la altura de su trabajo anterior, lo cual no significa que la película sea mala.
En términos técnicos, estamos ante una gran producción. La fotografía logró plasmar un ambiente natural y armonioso, la paleta cromática es acorde con la época que representa y la seriedad del tema. La cinta fue filmada en película de gran formato y algunas escenas se rodaron en blanco y negro, un recurso que se utilizó de forma meramente simbólica y que le da fuerza dramática a la trama. El vestuario es simplemente adecuado y ajustado a la realidad, cumple a cabalidad y no se convierte en un elemento distractor. Varias escenas fueron filmadas en locaciones reales, lo cual le aporta una verdadera y natural belleza a la cinta. A pesar de que Christopher Nolan es conocido por su preferencia por los efectos prácticos sobre el CGI, sí se utilizaron efectos especiales, pero de forma discreta y solo cuando fue estrictamente necesario.
*Mag. Warner Ramírez Arroyo. Profesor Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico:
