
En las primeras semanas del febrero del 2024, el país experimento dos duras situaciones vinculados con armas y centros educativos, la primera fue un tiroteo enfrente de la Escuela Silvestre Grant, en Siquirres de Limón y la segundo el ataque de un estudiante a otro dentro del Colegio Rincón de Pavas ubicado en la provincia de San José.
Dichos hechos evidencian el clima de violencia que se experimenta en el país el cual está alcanzando, lamentablemente, se refleja en los centros educativos. Dicho fenómeno ha comenzado a expandirse y proliferarse en diversas partes del mundo, incluyendo nuestra república.
Aunque Costa Rica, gracias a Dios, no se han experimentado tiroteos como los ocurridos en Estados Unidos de América o en Francia, no deja de ser muy preocupante pues ya ha habido casos como el de la directora que fue asesinada por un estudiante y otros vinculados con actos violentos entre estudiantes.
Las causas de estos sucesos son diversas, los especialistas hablan la reproducción de la violencia familiar, abandono, casos de acoso, agresión y problemas psicológicos; otros lo achacan a los videojuegos, películas, música, elementos étnicos, religiosos, entre otros factores. Sin embargo, todos concluyen en que es posible prevenir y detectar señales.
El tema debe ser tratado con toda seriedad y desde varios frentes pues involucra a las personas encargadas de familia, organizaciones comunales, centros educativos, salud y por supuesto a las autoridades vinculadas con la seguridad ciudadana.
La violencia y abuso no pueden naturalizarse bajo ningún motivo. Pero es evidente que el contexto actual lo propicia e incluso justifica. Sumado a esto, los principios y valores se han relativizado, a lo cual se le suma la negligencia de algunos progenitores, la falta de control de límites y emociones tanto en menores como en adultos.
En definitiva, el problema involucra a todos, pues las personas hoy saben y defienden sus derechos, pero solo algunos cumplen con sus deberes y responsabilidades. Sumado a esto la formación espiritual y ética, cualquiera que sea la denominación religiosa, parece ser cada vez menos frecuente o pasada de moda.
Esperamos que este tipo de casos no vuelvan a suceder y que la paz por bien vuelva a nuestros hogares, barrios y centros de enseñanza, pero la solución se encuentra en la formación que reciben las personas en sus familias, la promoción de una educación humanista respeto en favor valor de la vida y la justicia, pero también en implica rechazar todas las formas de violencia y abusos.
Cátedra de Historia de la UNED
