Por Bach. Daniel Cisneros*
En este mes se ofrece un artículo de opinión publicado en el 2020, el cual hoy tiene todavía vigencia, que invita a reflexionar el rumbo del país en las últimas dos administraciones, las cuales se han destacado por una tendencia por reducir la inversión social, en educación y cultura.
El 19 de octubre de 1897 se inauguró el Teatro Nacional de Costa Rica con la ópera Fausto del compositor Charles Gounod. En ese tiempo no se escatimó en gastos para dicha infraestructura, ya que iba a ser un templo para la cultura y un espacio digno para los artistas de ese entonces y para las futuras generaciones de este país.
Y es que la educación y cultura es una de las mejores inversiones que puede generar un gobierno en su gente, ya que las artes y el aprecia por ellas es una tierra fecunda para el alma del ser humano. Ejecutar y gestionar acertadamente actividades de índole cultural y educativo crea la oportunidad de transmisión de ideas, perspectivas y conocimientos para así tener ciudadanos integrales, que al final son las personas que aprenden por medio de estas, cómo hacer sus vidas más fáciles en armonía con el planeta en el que vivimos.
A 123 años de haber inaugurado dicha casa del arte, escuchamos con suma indignación como se aprobó un recordé al presupuesto del Ministerio de Cultura. Esto es sumamente preocupante, pues esta entidad y sus distintos programan generan un enorme beneficio para miles de personas a lo largo y ancho del país.
En este sentido, la célebre frase “¿de para que tractores sin violines?”, resuena por todas las calles y barrios de Costa Rica, pero sin encontrar oídos atentos en la Asamblea Legislativa. No podemos olvidar que, en los 199 años de vida independiente, nuestro pueblo ha han creado leyes que resguarden la educación, cultura y salud, pública, pilares que han alcanzar altos niveles de vida para la población y con este recorte, históricamente subestimamos el efecto de la cultura en la cotidianidad de las personas, olvidando que las grandes civilizaciones, en su mayoría se abonaban con artes como la literatura, la música, las artes escénicas y plásticas, para la propagación de conocimiento.
Lo irónico es que los responsables de esta decisión hoy inauguran un nuevo espacio para seguir legislando, pero la pregunta es: ¿Para quiénes legislan? ¿Por qué subestiman a los que pasan años desarrollando la conciencia necesaria para ejecutar obras que inspiran a los demás ciudadanos y muestran nuevas perspectivas a la población?
Quizá sea un juicio de valor de mi parte, pero supongo que existen representantes políticos y legisladores que consideran la inversión en cultura como un gasto, mientras se engalanan por la inversión en nuevo edifcio de la Asamblema, donde no se escatimó en gastos. Este tipo de decisiones evidencian el modo de actuar y los verdaderos intereses de la clase política que maneja este país, que claramente no esta pro de la calidad de vida de sus contribuyentes.
*Bach. Daniel Cisneros. Egresado de la Carrera de la Enseñanza de la Música y Canto Lirico, Universidad de Costa Rica.
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