Por Ronald Martínez Villarreal*
Trabajé en el Archivo Nacional entre 2000 y 2004. A la hora de almuerzo buscaba en la base de datos del Archivo histórico, a veces por curiosidad, a veces en búsqueda de algún tema de investigación para mi grado pendiente en historia.
Uno se sentaba en frente a un monitor CRT, muy cansón a la vista por su proyección monocromática. Era como un fichero que se desplazaba en la pantalla, presentando signaturas y descripciones a partir de las cuales había que imaginarse el plano, el folio o la fotografía.
En una de esas revisiones decidí poner como palabra de búsqueda "Liberia", mi ciudad natal. No sé cuantos cientos de resultados arrojó el sistema. Aún así empecé sin afán a ver aceleradamente unos ítems sí y otros no. Entre el cúmulo de palabras una descripción me hizo detenerme "Luz Pizarro en la Calle Real de Liberia", Fondo fotografías, 1990. El nombre del lugar por supuesto lo reconocí y el nombre de la persona es como solían llamar en Liberia a mi tía Luz María Villarreal.
Salir de la duda solo era posible solicitando y haciendo el pago de una copia de la foto, puesto que las fotografías se conservaban en negativo y las reproducciones se hacían a partir de estos. Dos semanas después pude salir de la duda, en efecto mi tía posaba sonriente en escala de grises junto a su carretilla con la cual recorría la ciudad todos los días vendiendo tamales, arroz de maíz, tamales rellenos hechos por ella misma o rosquillas y tortillas dulces hechas por su hermana. El fotógrafo parece se colocó en la entrada del Puente Real y a la derecha se ven las casas de bahareque de la bajada del río.
A eso de un mes visité Liberia y llevé de regalo la foto a mi tía. La sorpresa fue grande, yo le dije que ya era parte del patrimonio documental de la nación. Recordó con agrado aquellos años de la carretilla, cuanta leña quemada y calor recibido nisquezando maíz y cocinando para luego empujar la carretilla con la gran olla adentro bajo el sol liberiano.
Al igual que muchas de las mujeres de su familia, doña Luz desarrolló un conocimiento amplio del patrimonio cultural de la comida guanacasteca, un oficio complejo y muy laborioso, desde el uso de la leña en la cocina y el horno, hasta el manejo del maíz, la hoja de plátano o las carnes. Pero nada fue impedimento para día a día complacer a sus clientes exigentes y expectantes a la hora del almuerzo y el café. Clientela que le fue fiel por la calidad en el sabor y la autenticidad de sus productos.
Este trabajo duro, honrado y perseverante le permitió sacar adelante a sus cinco hijos que secundaron una estirpe de nietos y bisnietos.
Luz Pizarro partió a la eternidad en setiembre pasado a los 82 años.

Archivo Nacional de Costa Rica CR AN CR-AN-AH-FO-004940-1-004940-2
* MEd. Ronald Martínez Villarreal. Profesor e investigador. Cátedra de historia UNED.
