Por Licda. Karen Jiménez M.*
La fotografía que se ofrece en esta edición es de 1923, posterior a la celebración de la liturgia dominical. Los moradores de Buenos Aires disfrutaban de una iglesia que aún no habían logrado terminar, era pequeña, de piso de madera, paredes de bahareque y cubierta de tejas. Estas fueron hechas por el generaleño José Marta Bermúdez Fallas, quien visitó Buenos Aires con ese objetivo. Cuando la Iglesia fue reconstruida, la teja se usó en casas particulares.
Contexto Socio histórico
La iglesia se construye en la segunda década del siglo XX, con rasgos característicos de la época colonial, presentando cercana a la misma la escuela, donde se alojaba también la oficina de autoridades locales y la cárcel; estaba situada en la manzana norte de la futura plaza, pero mirando hacia el oeste y eran construcciones de techo de zacate (Municipalidad, Buenos Aires).
En su contexto social, la herencia colonial es muy vigente, misma que hasta la actualidad se presenta en la región, situando a Buenos Aires de Puntarenas en el año de 1920, en este sentido, Pittier en su observación sobre el Valle del Diquis indica que en Buenos Aires, por ejemplo, “se ven los restos bien conservados aún de un caserío considerable, con edificios grandes y, en los alrededores, hay millares de entierros o huacas" (Solorzano, 1999).
En términos de población, Pittier estima en su estudio una población entre los 170 a 180 habitantes, del interior de Chiriquí e indios que trabajaban en las haciendas de ganado, dedicación común a todos los vecinos. En lo que a vestimenta refiere, éstos vestían a la usanza de cualquier campesino de la República, enyugaban sus bueyes, arreglaban sus carretas y utilizaban el trapiche, también como en el resto del país.
Como bien lo indica Fonseca (1999) “En esta región se dio una interesante influencia cultural de los indígenas en los colonos procedentes del Valle Central y de otras partes” (p. 88).
"Buenos Aires tiene entre 25-30 ranchos, muy similares a los de los indios sedentarios de la región. Entre los utensilios y demás enseres de uso doméstico se nota una mezcla heteróclita de objetos de origen indígena con otros traídos de los centros del interior del país, o importados por los indios viceítas que vienen cada año" (Fonseca, 1999, p. 88)
Figueroa Rucavado
En términos de organización policial, el Agente de Policía, que por entonces era el Sr. José Figueroa Rucavado, dependía del Jefe Político de Golfo Dulce y su papel era muy difícil, porque empezaban a presentarse líos entre los vecinos por la preponderancia; además, al lugar habían llegado algunos prófugos de la justicia y en el pueblo se habían instalado destilerías clandestinas de aguardiente y era común la embriaguez.
La labor de Figueroa como Agente de Policía fue favorablemente analizada por Pitíier, al comentar que aquél prohibía con mucho tino las quemas de las sabanas, pero, como no obstante los vecinos las justificaban diciendo que las cenizas servían de abono, Figueroa había permitido quemar después de los 25 de marzo de cada año, para que las lluvias cayeran pronto sobre el terreno y la ceniza se aprovechara efectivamente y no correr el riesgo de que el viento las llevara a otros sitios.
La propiedad de las sabanas era común a todos los que vivan aquí Con el Director del Instituto Físico Geográfico, que Buenos Aires» fue azotado por una plaga de zompopas que resistían cualquier intento de exterminio. Y con mayor sorpresa narra que en el camino entre Buenos Aires y El General, en el sitio llamado El Cordoncillal, observó monos cariblancos con las orejas adornadas de flores pasionarias, tal como lo hacían las nativas de Térraba y Boruca (Solorzano, 1999).
Pittier efectuó un segundo viaje al valle del Diquís en 1893, y refiere que tanto en Buenos Aires como en El General, vivían casi solo mestizos y blancos y que la población no aumentaba. Ahora encontró en Buenos Aires 279 habitantes. Insiste en esta ocasión en relatar que allí, Así lo cita Solórzano en su artículo"...se ven los restos bien conservados aún de un caserío considerable, con edificios grandes, y, en los alrededores, hay millares de entierros o huacas..." (p.76).
Fue en este año que se creó, por Acuerdo N° 1431 de 6 de mayo, el Distrito Escolar de Buenos Aires, cuyos límites fueron: norte, sabana de Buenos Aires y río Ceibo, sur, la sabana llamada La Soledad y selvas do Patastal, este, la misma sabana de Buenos Aires y la quebrada de El Cebror, Oeste, fincas de El Bajo y río Ceibo.
Posteriormente a la fundación del lugar y antes de crearse el Distrito Escolar, ya el caserío contaba con escuela, pero era de estacones y tedio de paja, situada como expresé anteriormente, en la sección oeste de la manzana al norte de la plaza, futuro parque de Buenos Aires. Así continuó hasta 1895, cuando la Junta de Educación, integrada por José Figueroa, José Obando C. y Francisco Mora, levantó detalle para la construcción de la escuelita de bahareque, que fue instalada en el lote suroeste de la manzana ubicada dos cuadras al norte de la plaza la compra de útiles necesarios. Hubo una recaudación de 113,5 pesos, para la construcción; sin embargo, a principios del presente siglo, se habla nuevamente de que la escuelo estaba en ruinas.
Iglesia de Buenos Aires de Puntarenas

*Licda. Karen Jiménez M. Profesora de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico
Referencias
Archivos Históricos. (s.f). Municipalidad de Buenos Aires, Puntarenas.
Solórzano Fonseca, Juan. (1999). Indígenas y neohispanos en las áreas fronterizas de Costa Rica (1800-1860). Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 25(2): 73-102, 1999. Recuperado de: file:///C:/Users/Karen/Downloads/Dialnet-IndigenasYNeohispanosEnLasAreasFronterizasDeCostaR-5075964.pdf
