Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

 Ficha Técnica
· Título original: La Passion de Jeanne d'Arc

· Año: 1928

· País: Francia

· Director: Carl Theodor Dreyer

· Guion: Carl Theodor Dreyer y Joseph Delteil (basado en las actas auténticas del juicio de 1431)

· Protagonista: Renée Jeanne Falconetti (como Juana de Arco)

· Fotografía: Rudolph Maté (Blanco y negro / Muda)

· Montaje: Carl Theodor Dreyer y Marguerite Beaugé

· Diseño de producción: Hermann Warm y Jean Hugo

· Duración: Aproximadamente 110 minutos (según la versión restaurada)

· Productora: Société Générale des Films

· Link: https://www.youtube.com/watch?v=QH0zgzz1uMg

Mag. Wagner Alberto Ramirez Arroyo*

Contexto Histórico
     En la década de 1920, la sociedad europea occidental se entregó a un libertinaje cultural bautizado como los «locos años veinte», un festín de efímera alegría del cual el cine fue uno de sus mayores exponentes. Sin embargo, tras la algarabía del charlestón, la coctelería cubana y la liberación femenina, en las sombras de los Estados europeos ya se gestaban los autoritarismos que terminarían por incendiar el mundo en la Segunda Guerra Mundial. Como era de esperar, el cine no logró escapar a esta marea política.

     Sabemos que el régimen nazi fue pionero en convertir la pantalla en un arma de propaganda. Del mismo modo, la Unión Soviética de Stalin vivió su particular época de oro cinematográfica, empeñada en convencer al mundo de que abolir el capitalismo era el único camino posible, alimentando esa curiosa idea de que la única dictadura aceptable es la que se viste de socialismo y, curiosamente, aún repercute en América Latina.

   juana  Irónicamente, los países devotos de la democracia también alimentaron su propio chovinismo. La propia cultura francesa, autoproclamada cuna de la libertad, igualdad y fraternidad, no dudó en utilizar el cine para glorificarse frente a sus vecinos, despreciando por igual a sus viejos enemigos alemanes y a sus flamantes aliados ingleses. En este escenario de tensiones latentes, justo en 1928, cuando nadie sospechaba el colapso de 1929 ni el horror de la guerra, se estrenó uno de los hitos más crudos del cine: La Pasión de Juana de Arco.

     Historiográficamente, poco se sabe de Juana de Arco; su historia ha sido manoseada a través de los siglos, puesta al servicio de cuanta facción ha necesitado un símbolo: desde anticlericales y feministas hasta nacionalistas y católicos conservadores. En fin, cada uno la ha glorificado según le conviene.

     Sabemos que vivió en el siglo XV, en Francia, y que desempeñó un papel audaz en el contexto de la Guerra de los Cien Años, luchando a favor del rey francés contra los intereses ingleses. Se sabe también que Juana afirmaba tener visiones místicas de seres celestiales, lo cual le ha permitido ser adorada tanto como santa que como heroína nacionalista. Finalmente, fue capturada por los borgoñeses (Una facción francesa aliada de los ingleses) y condenada a muerte por las autoridades eclesiásticas de la Inquisición en la zona ocupada por Inglaterra.

     Juana fue martirizada en la hoguera para luego ser redimida, post mortem, por el Vaticano y declarada santa. Una extraña contradicción que se repite con sospechosa frecuencia en la historia del cristianismo. Lo cierto es que todos estos datos no son del todo verificables, pues los redactores de tales documentos históricos tenían sus intenciones políticas más que claras.

     Esta cuestión de sociedades divididas en facciones no es nada nuevo. Lo vemos vigente en la «fiesta electoral» que acabamos de vivir, donde los acólitos de los diferentes partidos políticos usan las redes sociales para lanzarse todo tipo de insultos, bajándole un peldaño más a la calidad de nuestra democracia.

Aspectos técnicos
     En cuanto al apartado técnico, la dirección de Carl Theodor Dreyer fue de una meticulosidad extrema, otorgando una importancia vital a los detalles. La actuación de Renée Jeanne Falconetti como Juana de Arco es una verdadera obra de arte; el espectador puede sentir la agonía más pura a pesar del silencio y del blanco y negro. La fotografía fue también pionera y vanguardista, haciendo un énfasis en los primeros planos que resultó poco común para la época y que dejó una huella imborrable. El director lo tenía claro: quería mostrar explícitamente la maldad de los inquisidores, dejando al desnudo los detalles ruines de sus rostros, mientras que Juana de Arco es retratada como un ser angelical.

     La escenografía es seca y angulosa, pero se apoya en el ritmo violento de la cinta. El interrogatorio resulta psicológicamente traumático, haciendo que el vestuario y la ornamentación se vuelvan simples accesorios intrascendentes.

Impacto Cultural
     El director basó fuertemente el guion en las actas originales del juicio de 1431. Mientras los nacionalistas franceses esperaban una epopeya de batallas y banderas, el director se encerró en los archivos de la Inquisición para extraer la transcripción real de los interrogatorios, convirtiendo el cine en una suerte de documento judicial vivo que puso el dedo en la llaga. Estamos ante la puesta en escena de un documento histórico.

     Como era de esperar, la recepción fuera de las fronteras francesas fue un desastre diplomático. La Iglesia católica, al verse retratada como una maquinaria de burócratas sádicos, movió sus hilos para mutilar y censurar la obra. La cinta fue tan perseguida que su versión original se dio por perdida en diversos incendios, hasta que la providencia o el azar la hizo aparecer décadas después en un hospital psiquiátrico de Noruega. Tampoco fue muy bien recibida en Francia, el hecho de que el equipo creativo clave (director, director de fotografía y diseñador de producción) fuera extranjero (danés, polaco y alemán) fue lo que terminó de inflamar el hígado de los nacionalistas franceses de la época.

     Cuando el cine, o cualquier manifestación cultural, se atreve a ser honesto, el poder, ya sea democrático, autoritario o celestial, siempre encontrará la forma de sentirse ofendido. Debemos tener claro que el arte, siempre es un instrumento de poder usado por los gobernante, pero su manifestación en los de abajo, es una resistencia al autoritarismo. 

*Mag. Wagner Alberto Ramirez Arroyo. Profesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.