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 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Por: MSc. Adriana Barrantes Granados*

    IA Abril 2026En el contexto de la educación superior contemporánea, la enseñanza de conceptos abstractos como la "globalización" a menudo corre el riesgo de desconectarse de las realidades territoriales de los estudiantes. Este desafío se intensifica cuando se trabaja con poblaciones indígenas, cuyas tensiones culturales, lingüísticas y territoriales suelen ser invisibilizadas por los discursos hegemónicos. 

    La presente sistematización detalla una experiencia pedagógica transformadora llevada a cabo por la Universidad Estatal a Distancia (UNED) en la comunidad de Grano de Oro, Chirripó. El proyecto consistió en el uso de Inteligencia Artificial (IA) móvil para fomentar un análisis crítico de la globalización en un grupo de 25 estudiantes de la población indígena cabécar. El objetivo central fue contrastar la teoría académica con las vivencias locales, promoviendo la soberanía tecnológica y la reafirmación de la identidad cultural. 

El problema: abstracción vs. realidad territorial

    La globalización se enseña frecuentemente como un fenómeno inevitable y uniforme. Sin embargo, para la comunidad cabécar, este proceso se traduce en transformaciones tangibles y, a menudo, conflictivas: cambios en la alimentación tradicional, tensiones en el uso de la lengua materna y la irrupción de la tecnología móvil. 

    A esto se suma la "brecha de IA": un 30% de los estudiantes desconocía el concepto y un 35% nunca lo había utilizado. El reto no era solo técnico (debido a la limitada conectividad en la zona de Chirripó), sino ético: ¿cómo utilizar una herramienta que suele portar sesgos occidentales para fortalecer un saber ancestral? 

Metodología

    La experiencia se fundamentó en el concepto de IA situada, que rechaza la neutralidad de la tecnología y la propone como una herramienta contextualizada cultural y socialmente. Para mitigar sesgos, la docente utilizó un GPT personalizado nutrido con artículos académicos específicos en PDF, asegurando que la información tuviera pertinencia ética y rigor científico. 

El proceso se desarrolló en cuatro fases estratégicas:

1. Activación: Se inició con un diálogo sobre los cambios visibles en la comunidad (vestimenta, alimentos, tecnología). Esto estableció una base de conocimiento propio antes de cualquier interacción digital. 

2. Análisis Conceptual con IA: Los estudiantes consultaron la herramienta para explorar definiciones de globalización, utilizando la IA como un mediador pedagógico. 

3. Producción Creativa (Co-creación): Estudiantes e IA colaboraron en la redacción de microrelatos interculturales, como "Cuando el primer celular llegó al pueblo". Aquí, la IA apoyó la estructura gramatical, pero el estudiante mantuvo el control total sobre los referentes identitarios. 

4. Reflexión Crítica: Una plenaria final permitió reconocer a la IA como una herramienta y no como una autoridad cultural incuestionable, fortaleciendo la metacognición sobre la soberanía tecnológica. 

Roles: El Estudiante como Investigador Crítico

    En esta experiencia, el rol del estudiante fue el de un protagonista activo. No se limitó a recibir respuestas de la IA; su función fue cuestionar, ajustar y corregir los textos generados por la IA para que reflejaran fielmente su cultura. Este ejercicio permitió identificar tensiones donde la IA fallaba (por ejemplo, al generalizar dietas o costumbres), convirtiendo el error tecnológico en una oportunidad de aprendizaje crítico. 

    Por su parte, la docente actuó como curadora y facilitadora. Su labor fue esencial para identificar omisiones en los discursos automatizados y garantizar que la tecnología sirviera para potenciar la voz del estudiantado, no para sustituirla. 

    Se rescató la memoria comunitaria mediante herramientas digitales, produciendo relatos que integran la teoría con la vivencia y los estudiantes comprendieron que la IA tiene límites y sesgos, perdiendo el "miedo" a la herramienta, pero manteniendo una distancia crítica. 

    Se propusieron acciones concretas, como el registro de historias en lengua cabécar y el rescate de recetas tradicionales, utilizando la tecnología para la preservación cultural y logramos que conceptos complejos de la unidad de aprendizaje fueron aterrizados a la economía familiar y la realidad del territorio. 

Lecciones aprendidas y recomendaciones

    La experiencia demuestra que la IA, cuando se utiliza de forma situada, no debilita los saberes ancestrales; por el contrario, permite resignificarlos frente a los discursos globales. La lección principal es que la tecnología no es neutra y debe ser problematizada en el aula para evitar procesos de homogeneización. 

    Para docentes que busquen replicar este modelo, se recomienda: iniciar siempre desde el saber local; la IA es el complemento, no el origen.  También alimentar las herramientas con fuentes confiables para evitar la desinformación y asegurar que el estudiante mantenga el control absoluto sobre el contenido y las metáforas tradicionales de su narrativa. 

    El proyecto "De lo global a lo local" en la comunidad cabécar prueba que es posible cerrar la brecha digital mediante un enfoque humanista e intercultural. La IA, lejos de ser una amenaza para la identidad, puede convertirse en un aliado poderoso para la soberanía tecnológica siempre que exista una mediación docente crítica y un respeto profundo por la voz del estudiante.

*MSc. Adriana Barrantes Granados. Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades, Cátedra de Historia Universidad Estatal a Distancia (UNED), Costa Rica