Por Lic. Andrey Araya Arias*
Parece un mal chiste, pero es real. La fórmula del chavismo funcionó. Fue efectiva como estrategia. Pero, pensándolo con calma, no debería sorprendernos, ya que es conocimiento científico aplicado. Maquiavélico, perverso y sin ética, pero conocimiento científico al fin. Existen programas de maestría en Comunicación Política en donde se aprende a diseñar una campaña en tiempo récord, y hay empresas dedicadas a eso. Sólo se necesita realizar un diagnóstico del contexto sociohistórico, y en particular, del público meta, y capitalizar e integrar estratégicamente los elementos culturales que tocan sensibilidades. En palabras simples, decirle a la gente lo que quiere oír.
La estrategia política que hemos padecido conserva los principios básicos del populismo, pero enriquecida con mercadotecnia de punta. Integrando un complejo de recursos comunicativos. Implicó construir personajes, héroes y enemigos; así como crear espacios de transmisión constante (los show de los miércoles), entre otras estrategias bastante clásicas, como la adopción de una mascota al estilo de los clubes deportivos. En este caso, el jaguar. Sólo para mencionar algunas.
El análisis de esta coyuntura me remite a una de las más importantes escuelas de pensamiento crítico en el Occidente moderno, caracterizada por darle sentido práctico al pensamiento ilustrado para la comprensión los problemas de la sociedad posindustrial: la Escuela de Frankfurt (Alemania), cuyo auge se ubica en las décadas de 1960-70.
Entre sus planteamientos destaca una crítica a cómo la razón ilustrada termina produciendo dominación en lugar de emancipación. En otras palabras, la ironía de que el conocimiento en lugar producir libertad (de pensamiento) y empoderamiento en el grueso de la sociedad, provoca lo contrario. Esto sucede así porque (y en ello radica su crítica), los principios de razón, progreso y ciencia (en un contrasentido), se invierten, siendo utilizados por los grupos de poder para dominar a las masas.
En el núcleo de la crítica, destaca la obra Dialéctica de la Ilustración de Theodor Adorno y Max Horkheimer, en la que argumentan que la razón se vuelve instrumental (orientada al control de unos sobre otros y no a la emancipación, o empoderamiento de los grupos históricamente oprimidos o en desventaja); señalan también que el progreso técnico produce nuevas formas de alienación, y la cultura de masas (cine, radio, y diríamos hoy, redes sociales) funciona como industria cultural, generando conformismo. En este sentido la tradición ilustrada, se vuelve traición ilustrada, debido a que, la razón que debía liberar termina administrando y normalizando.
Obviamente esta breve reflexión, no es más que eso. Ya que una explicación de esta grave crisis sociopolítica implica, volver sobre las consecuencias dejadas por los gobiernos anteriores, en términos de desigualdad social, y de una educación precarizada, y sin dejar de considerar las tendencias propias de la globalización como determinante de la cultura de masas.
Pero además de llevarnos a la teoría critica de la Escuela de Frankfurt, el estupor que provoca el chavismo, remite a la novela latinoamericana de la época de las dictaduras. Un ejemplo de ello es El Otoño del Patriarca de Gabriel García Marquez (el Patriarca que simula horizontalidad y cercanía con el pueblo, mientras mantiene una postura autoritaria y paternalista). También, El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias (similar al arquetipo de la novela, Chavez se centró en la confrontación, calificando a opositores y prensa como sicarios políticos, mostrando desprecio y disidencia). Y no podía faltar, la obra de Martín Luis Guzmán, La sombra del caudillo, cuyo personaje, el Caudillo, busca la concentración de la función pública, saltarse las formas constitucionales y basar su legitimidad en el apoyo popular directo, ignorando pesos y contrapesos.
Vale destacar que estas obras literarias son producto de una época y de unas sociedades en las que la libertad de expresión estaba restringida. Por fortuna, en Costa Rica, aunque amenazada, aún conservamos libertad de expresión, y nuestra democracia aún conserva sus cimientos, pero no podemos bajar la guardia, porque la historia se repite.
Lic. Andrey Araya Arias. Profesor y extensionista, Cátedra de Historia, UNED. Profesor e investigador Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico.
