Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Ficha Técnica:
Dirección: Alejandro Monteverde

Guion: Rod Barr y Alejandro Monteverde

Año de estreno: 2023.

País de origen: Estados Unidos

Duración: 131 minutos

Fotografía: Gorka Gómez Andreu

Montaje: Brian Scofield

    Sound of Freedom, titulada en Hispanoamérica como Sonido de Libertad, fue estrenada en el 2023, aunque su producción dormía en los estantes desde mucho antes. Desde la época prepandémica, ya se había puesto de moda la lucha entre progresistas y conservadores. En el caso de Costa Rica, en el 2018, vivimos una “encarnizada” lucha ideológica donde se enfrentaba un partido político progresista enfocado en defender los derechos y libertades de grupos minoritarios contra un partido conservador que ponía por delante los valores cristianos tradicionales basados en escrituras religiosas.

    abril 2026 peliculaPero este enfrentamiento épico no era exclusivo de Costa Rica. En Estados Unidos a los progresistas los venían llamando cultura woke; en Argentina la campaña entre “zurdos” y liberales fue intensa, logrando ahí la aprobación del aborto legal en 2020, a pesar de ir en contra de los valores predicados y defendidos por la Iglesia. Sus defensores, los pañuelos verdes, ganaron el pulso con el apoyo de financistas progresistas. En España, los partidos que defienden los intereses de los migrantes africanos chocan con el nacionalismo que ve una amenaza que puede “destruir” la cultura española. Mientras tanto, en Italia, los conservadores ganaron las elecciones y han defendido el derecho de montar pesebres o “pasitos” en los centros comerciales, aunque los que no comulgan con estas creencias se ofendan.

    Post-pandemia, la división se ha encarnizado aún más. En El Salvador, muchos halagan que Bukele “meta a la cárcel” a miles de criminales —alcanzando cifras de más de 75,000 detenidos— aunque no haya juicios claros. En Estados Unidos, grupos conservadores aplauden la intervención de Israel en Gaza y las tensiones con Irán. Por otro lado, Netflix y su agenda en pro de la diversidad quiere devorar el mercado, disputándose con Paramount la narrativa de los valores caucásicos conservadores. En Colombia, el presidente Petro victimiza a los narcotraficantes responsabilizando a Estados Unidos, y en Costa Rica, las feministas no apoyan a la candidata Laura Fernández por vincularla con el conservadurismo y el oficialismo de un presidente cuestionado por hostigamiento sexual.

    Quién tiene la razón se diluye entre insultos que van y vienen de los dos bandos, generando una intensa ingobernabilidad que no es sana ni en América Latina ni en el mundo.

La película en cuestión trata del tráfico y la explotación sexual de menores. Expone causas, rutas y responsables; condena el acto y a quienes tratan de ocultarlo. En primera instancia, sería un tema en el que todos deberíamos estar de acuerdo: condenar la trata de personas. Sin embargo, hubo detalles que no gustaron en los sectores progresistas: a la peli se le acusa de ser un vehículo de propaganda para teorías de conspiración como QAnon. Ha sido tildada de "conspiranoica", una etiqueta que se ha puesto de moda, tal como ocurrió con el movimiento antivacunas —predominantemente conservador— frente a una vacunación recibida con los brazos abiertos por grupos progresistas.

A mí la discusión me parece vana; la trata de personas no debería ser un debate ideológico. Lo que pasa es que redes de personas pedófilas se han infiltrado en la política e incluso han planteado, sutilmente, legalizar o normalizar estas prácticas bajo eufemismos médicos. Lo que sí debe ser claro es el enfoque: se deben establecer las causas reales de la problemática. Acusar y responsabilizar solo a grupos minoritarios mientras se bendice a grupos conservadores no es el camino correcto, y Donald Trump es un claro ejemplo de esta hipocresía.

En el año 2025 y en lo que va del 2026, el caso de Jeffrey Epstein ha vuelto a sonar con intensidad. Epstein fue acusado de crear una red masiva de tráfico de menores en su isla privada, Little St. James. Se ha desclasificado información que mancha a importantes figuras que frecuentaban su círculo, entre ellas el propio Donald Trump, el mismo que bombardea Irán o hace bloqueos de combustible. Pero del otro bando también encontramos gente "progresista" que supuestamente ha sido defensora de la libertad, como Bill Clinton o figuras de la élite de Hollywood, que aparecen en la lista negra. Al final, el horror no tiene partido político, aunque ambos bandos intenten usarlo para su propia conveniencia.

En términos técnicos, la fotografía utiliza una paleta de colores saturada y cálida, casi tropical, para contrastar la belleza de los paisajes colombianos con la sordidez de los crímenes que ocurren en las sombras. El uso de la luz natural busca dar una sensación de realismo documental, aunque en los momentos de mayor tensión recurre al claroscuro para enfatizar el drama moral del protagonista y la oscuridad del submundo que retrata. Tampoco estamos ante una obra artísticamente innovadora, queda claro que el tinte político era el preponderante.

Jim Caviezel entrega una interpretación que roza lo mesiánico (ya es común en él),  lo que refuerza la imagen de un hombre con una misión divina. Por el contrario, los actores infantiles logran transmitir una vulnerabilidad cruda que sostiene el peso emocional de la cinta sin necesidad de grandes artificios.

La composición musical es manipuladora en el sentido clásico del cine de suspenso. Utiliza cuerdas tensas y coros etéreos para subrayar la pureza de las víctimas y la oscuridad de los victimarios. No busca la sutileza; la música está diseñada para que el espectador sienta la urgencia del rescate y la gravedad del pecado en cada nota.

*MSc. Warger profesor de Cátedra Historia de la UNED. Correo electrónico: xx