
La profesión docente, ya sea en preescolar, escuela, colegio o a nivel universitario, es una labor noble y fundamental dentro de toda sociedad. Sin embargo, en los últimos años ha sido una de las profesiones más mancilladas, al punto de que pareciera que los roles en las aulas y en las instituciones educativas se han invertido, convirtiendo a los profesores en los responsables directos del deterioro educativo y de la crisis de valores que se vive en los centros educativos.
La inversión de valores tales como el respeto, la honestidad y la empatía, así como la flexibilización en el cumplimiento de las tareas y en la evaluación, ha convertido a la educación en una versión ligera de lo que debería ser. Sin embargo, este problema supera los grados inferiores y también alcanza a la educación superior.
Sobre el asunto anterior, algunos universitarios muestran niveles de irrespeto y falta de compromiso nunca antes vistos. Esto no quiere decir que los docentes sean infalibles o que no se puedan criticar sus labores y desempeño. El problema se encuentra en la dinámica dentro de las aulas, tanto presenciales como virtuales, donde se observa una peligrosa tendencia a disminuir el nivel y la exigencia académica, así como un deterioro en la actitud, el respeto y el compromiso de quienes forman parte del proceso educativo.
Es verdad que existen muchos aspectos por mejorar en la docencia y en la mediación pedagógica, y que también existen personas que ejercen la profesión sin vocación ni profesionalismo. Sin embargo, estos son los menos.
El tema más preocupante es el menoscabo de la dignidad laboral de los docentes, e incluso de aquellos que están próximos a jubilarse o que ya cuentan con este derecho. Un ejemplo de lo anterior se evidencia en cómo, en los momentos de recortes presupuestarios, esta población es la más afectada mediante la reducción de sus jornadas e incluso el cese de labores, cuya consecuencia es la disminución de sus salarios y la afectación de sus familias.
En definitiva, un país donde la población docente no cuente con las condiciones mínimas y el respeto social es difícil que pueda salir adelante y mejorar su calidad educativa. Lamentablemente, esta tendencia se observa en algunos países, sobre todo aquellos en vías de desarrollo, donde continúan viendo la educación como un gasto en lugar de una inversión.
Aunque estos son temas complejos y que generan gran debate, la forma en que se abordan en las redes sociales, al menos en Costa Rica, resulta alarmante, no solo por la presencia de trolls y bots (personas que provocan confrontaciones, perfiles falsos o cuentas automatizadas, e incluso personas contratadas para generar o amplificar comentarios a favor o en contra de determinados temas), sino por la forma en que se generan discursos cargados de resentimiento y alimentados por el populismo, sin considerar las raíces del problema.
En definitiva, no se puede obviar que existen sectores económicos y políticos que no desean que el sistema educativo enseñe a pensar de forma crítica y reflexiva, pues, de ser así, las personas tendrían mayores posibilidades de crecimiento, no solo económico, sino también cultural y humanista. Esto las llevaría a exigir respuestas reales a los problemas y mejores condiciones de vida.
Editorial de la Cátedra de Historia de la UNED
