Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Mag. Martín Vargas Ávila*

   “¡No se preocupe!, más se perdió en el Virilla”… Esta expresión todavía la suele utilizar mi mamá, doña Judith Ávila Espinoza, señora alajuelense que ya ronda sus 71 años, como una especie de consuelo o resignación ante la llegada de un desgracia o accidente en nuestra casa o la de un vecino del pueblo donde provenimos. El origen de esta llamativa frase, la cual formó parte del lenguaje de nuestros abuelos, se debe al desastre ferroviario ocurrido el 14 de marzo de 1926 sobre el puente del Río Virrilla cuyo saldo fue 248 personas muertos 93 hereidos, la mayoría agricultores y trabajadores. (La Nación, Proa, 2006). 

   De acuerdo con la crónica realizada por Proa de la Nación la locomotora salió domingo en la mañana de Alajuela rumbo a Cartago, como parte de un viaje organizado para visitar la Basílica de los Ángeles. El fin de esta excursión era recaudar fondos hogar de ancianos de Cartago. El problema se presentó cuando la venta de boletos superó la capacidad que tenia el vagón. De modo que con la capacidad máxima de ocupación y con otros dos vagones que se agregaron en Heredia la máquina se dispuso a pasar sobre el puente.

   A continuación se muestran fotografías que nos permiten apreciar como sucedió este lamente hecho y la conmoción que ocasionó... 

 

 

 

 

 






    En definitiva las consecuencias de este hecho fueron traumáticas para la población y pasajeros que presenciaron este hecho. Entre las causas de la desgracia que se presumen un carril mal atado y la sobre carga que tenida el tren. Dichos factores ocasionarían que el último se descarrilara al girar antes de ingresar al puente. Después de conocerse el hecho empezaron las difíciles labores de rescate e identificación de victimas, tarea que duró varios días. Ante este suceso el Gobierno declaró tres días de duelo nacional. .

   El ferrocarril, tal como mencionan diversos historiadores, fue el símbolo de “modernidad” y de la expansión de los procesos de revolución industrial, su llegada al país fue promovida por los políticos liberales del siglo XIX obsesionados por los principios de orden y progreso lo que se reflejó en las reformas legales y obras de infraestructura realizadas. La construcción del ferrocarril al Atlántico y del Pacífico fueron obras monumentales para su época cuyo precio fue la vida de cientos de trabajadores nacionales y extranjeros, así como un enorme costo financiero y ambiental.

   El ferrocarril al Atlántico, como se llamó en la época tuvo como principal objetivo mejorar la exportación de café. La inversión real de esta obra fue enorme, pues al país llegó menos de la mitad del dinero solicitado casas y bancos ingleses, debido a las altas comisiones, costos de formalización e “intermediarios” del negocio. Para algunos estudiosos este hecho constituye uno de los mayores fraudes de la historia costarricense.

   Como no se logró finalizar la obra con los recursos obtenidos se firmó el contrato Soto– Keith en 1884, en el cual se le otorgaba la responsabilidad de obra al empresario Minor Cooper Keith (1848 - 1929), con el fin de que finalizara el proyecto. Fue así como Keith logró adueñarse de grandes extensiones de tierra, recibir exoneraciones de impuestos y la administración del ferrocarril por 99 años, entre otros beneficios.

   La historia del desastre del Virilla  constituye una valiosa enseñanza sobre la responsabilidad y medidas de seguridad que implica el trasporte público. Mientras que la experiencia de la construcción del ferrocarril al Atlántico nos permite reflexionar que sobre la forma como negocian las compañías concesionarias en los países latinoamericanos, bajo condiciones que inevitablemente provocan la indignación de la población, tal como se observó en Costa Rica con la ruta 27, y recientemente con el fracaso del proyecto de la concesión del trayecto San José - San Ramón. En este sentido el problema no radica en la figura de la concesión pública como tal, sino en la forma de negociar, las cláusulas que aceptan y en los periodos que se otorgan; donde los verdaderos ganadores son las compañías y sus “socios” locales, mientras que el pueblo debe pagar las consecuencias.

*Mag Martín Vargas Ávila. Profesor de la Cátedra de Historia y de la Cátedra de Formación Cívica de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Bibliografía consultada

Meléndez Chaverri, Carlos (1983). Historia de Costa Rica. San José: EUNED.

Molina, Iván y Palmer, Steven. (2009) Historia de Costa Rica: Breve, Actualizada y con Ilustraciones. San José:  EUCR.

Monge Alfaro, Carlos (1974) Historia de Costa Rica. San José: Librería Trejos.

Fuente citada

Corella, Randall (2006) “Y el Virilla se tiñó de rojo…” Periódico La Nación, Suplemento PROA. Disponible en http://wvw.nacion.com/proa/2006/marzo/12/reportajes0.html Fecha de consulta 10-06-13