Por Msc. Carlos A. Solano Quesada*
Periodista y hombre identificado con las causas obreras, nacido en los Estados Unidos de Norteamérica en el año 1887 y muerto en el exilio en la antigua Unión Soviética en 1920, John Reed supo atrapar con lápiz y papel acontecimientos históricos contemporáneos de gran trascendencia, tales como la Revolución Mexicana, donde entabla amistad con Francisco Villa y Venustiano Carranza, de sus aventuras como corresponsal de guerra y convivencias con los soldados insurrectos surgió una de las mejores crónicas de una de las revoluciones latinoamericanas más reconocidas, el libro publicado en 1954 llamado “México insurgente”. Las huelgas en las minas de Colorado en Estados Unidos, las primeras batallas de la Primera Guerra Mundial también fueron cubiertas por su pluma inquisidora y curiosa. En 1916 da vida a otro libro importante, “La guerra en el este de Europa”, antecesor de la que fuera su obra consagratoria, “Diez días estremecieron al mundo”. Su cercana relación con Lenin le valieron la oportunidad de tener material de primera mano para dar a conocer los hechos que llevaron al poder a los bolcheviques. Tal fue su identificación con la causa revolucionaria en Rusia, que sus restos descansan en el Kremlin al lado de ilustres personajes.
En Diez días que estremecieron al mundo han quedado impresos los principales hechos que contribuyen a la victoria de la gran Revolución de Octubre en 1917, acontecimiento que muchos consideran el principal evento político del siglo. Este libro, aun en este tiempo sigue generando polémica a nivel mundial, sin embargo, es considerado como una de los grandes clásicos que toda persona interesada en las vicisitudes de la época contemporánea debe tener en su biblioteca y en su acervo histórico-cultural.
El verdadero sentido de aquella rebelión se va descifrando conforme se avanza en la lectura, a medida en que, bajo el relato seguro y concreto de Reed, se velan la injusticia, la opresión, la miseria, el crimen, las componendas políticas entre diferentes opúsculos partidarios y otras atrocidades patrocinadas por el gobierno provisional ruso, que se reconocen como los principales detonantes del levantamiento armado y el derramamiento de sangre del pueblo ruso. En realidad el libro se ha levantado como un monumento histórico del quehacer revolucionario de personajes centrales como Lenin y Trotski, artífices centrales de la propagación por todo el territorio ruso de tal insurrección, la cual tuvo dos significados definitivos: el fin del antiguo régimen y la instauración de uno nuevo. Pero el principal resultado de la Revolución de Octubre fue el ascenso al poder del proletariado en la ciudad de Petrogrado, hoy identificada como San Petersburgo. Aunque los planteamientos de Reed expuestos en la narración de los hechos han sido tachados de ingenuos y apasionados, por lo tanto, poco objetivos, hay que reconocer que en esos momentos el comunismo se perfilaba como la gran salvación de las gentes oprimidas y explotadas por las burguesías imperantes, y que los postulados anti-monárquicos y anti-burgueses eran de gran aceptación popular.

Con sus propias palabras Reed justifica la crónica de la Revolución Rusa de 1917, cuando en un prefacio de una de las tantas ediciones de su obra, afirma que “«Este libro es un trozo de historia condensado tal como yo la vi. No pretende ser más que un detallado relato de la Revolución de Octubre en que los bolcheviques, al frente de los obreros y soldados, conquistaron el poder del Estado en Rusia y lo entregaron a los soviets.»
Un libro apasionante de principio al fin, aunque denso en contenido e información histórica, además de citas al pie de página, bien pueden entreverse rasgos de novela histórica, crónica de guerra, informe de hechos y reportaje periodístico, pero el arte narrativo y la calidad literaria son innegables. Quien lea con detenimiento esta obra, quedará empapado de conocimiento genuino sobre uno de los hechos geopolíticos más impresionantes de la historia de la humanidad.
*Msc. Carlos A. Solano Quesada. Docente e investigador ECE- UNED. Colaborador del Boletín de la Cátedra de Historia de la Uned. Correo electrónico
