El referéndum del 05 de julio de 2015 en Grecia, esclarece que la democracia actual tiene instrumentos para conocer voluntades que no necesariamente se concretan. En este caso una amplia mayoría de griegos votaron por el NO, respecto a las medidas económicas impuestas al país por parte de la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo; esta voluntad popular expresada en las urnas se violentó porque al final del proceso, ese país se vio obligado a aceptar un “nuevo plan” similar al que había planteado el Eurogrupo, con una serie de medidas que parecen emerger de la necesidad de venganza ante la consulta popular y su desaprobación.
Para el primer ministro Alexis Tsipras la situación es compleja, ha sido obligado a pedir al Congreso la aprobación de un programa similar al que él mismo sometió a escrutinio ciudadano y que no fue aceptado. Las presiones de la Troika aumentaron sobre el gobierno griego, sobre su pueblo y sobre sus instituciones. La situación de endeudamiento, de crisis, de “rescates fallidos” atan a Grecia a permanecer en la Eurozona, a duras penas, sin posibilidad soberana, sin autonomía, sin respeto a la voluntad de un pueblo, como tampoco le dan las condiciones reales para salir del estancamiento, mejorar las condiciones, extenderle la mano del derecho al bienestar mínimo en medio de una economía en caos. Claro está el desconcierto, la señal de la Unión Europea es que no respeta los principios solidarios con los que se supone fue creada, como tampoco la voluntad ciudadana, la soberanía popular, ni el sistema político democrático sobre el cual orbita.
Resulta que, luego del Referéndum, el Parlamento Griego es manejado por la Unión Europea; deberá obedecer para que aprueben acciones prioritarias, más fuertes como las relacionadas con el sistema de pensiones, adoptar un código de procedimiento civil para agilizar la justicia y reestructurar las entidades de crédito, modificar los impuestos, entre otros cambios, con el fin de asegurarse que los gobiernos de la Eurozona podrán dar mandato a lo organismo financieros para que negocien con Grecia un nuevo "memorando de entendimiento", que reunirá las condiciones del tercer rescate. Planteada esta situación, podría decirse que Grecia está intervenida por la Unión Europea y sus entidades financieras, sometidas de la forma más directa a las decisiones de transnacionales, precipitando la autonomía del país de la “Democracia”, sin ser más el gobierno del pueblo.
La triste violación técnica al resultado del Referéndum Griego, su irrespeto al pueblo, la aplicación de medidas aún más fuertes, ejemplifica el desborde abominable del imperialismo de siglo XXI, en el cual se persigue el crecimiento económico de unos en detrimento de otros, donde se buscan suficientes razones para lapidar criterios éticos, robustecer criterios técnicos de la economía y aniquilar los aspectos humanos, los elementos intangibles como la fraternidad, la igualdad, el respeto entre los países, aún de la misma Europa, de la Eurozona, de la Unión. Las repercusiones de esta situación están moviendo hilos finísimos del imperialismo a punto de romperse en Rusia, así en otras latitudes como en Asia y América.
En América Latina cada vez más se escapan las posibilidades de tomar decisiones por nuestra cuenta, no estamos eximidos de la impronta del imperialismo del siglo XXI, conocemos de los tentáculos poderosos de esos organismos financieros internacionales, de las transnacionales, de la globalización, de los grupos de poder que emplean mecanismos similares para someternos cada vez más al endeudamiento, a la desestructuración social, al debilitamiento de los estados, a la pérdida del nacionalismo.
De igual forma conocemos la estrategia manipuladora para empoderar a ciertos grupos globalizadores hegemónicos, que usan el sistema democrático como plataforma de justificación en el poder y burlar los ideales del pueblo. Para estos organismos financieros, meta estados, Troikas o como se llamen, la voluntad popular no les conmueve, imponen sus medidas contrarias sin reparo; la democracia es solo su propio sistema, en su nombre violentan los principios, los invisibilizan.
Grecia es ejemplo para aprender, para interpretar los procedimientos de la Unión Europea como organismo donde prevalece el más poderoso. Tenemos claro que ante una difícil situación económica someten a los pueblos con medidas tan severas y que si en medio hay oposición popular, esas medidas se duplican en actitud vengativa, no importa si se trata de un pueblo con una tradición democrática, un país de la propia Europa, integrante de Unión.
La economía domina todas las esferas, la expansión económica irrumpe nuestros sistemas políticos para sus recaudos. De ese modo nuestros pueblos latinoamericanos han entendido que nos une la identidad, el nacionalismo, los valores patrios, que no debemos quedarnos solos como le pasó a Grecia. En este momento es necesario fortalecer los mecanismos de integración, examinar los acuerdos con los organismos financieros, ser cuidadosos en la firma de tratados o convenios, garantizar la paz social y la solidaridad entre las naciones latinoamericanas.
Cátedra de Historia UNED
