Por Mag. Lilliana Castillo Bolívar*
Hablar de los derechos de Pulguin, mi chihuahua mini de dos años, es un pretexto a aludir a un tema tan relevante como la protección y respeto a los derechos de los animales en el mundo. Después de que ella llegó a mi hogar, se convirtió en parte de la familia y de nuestras vidas. Durante este tiempo ha llegado a ocupar un espacio en nuestro corazón y de familiares y amigos. Con sus ojos grandes, orejas inmensas, menudo cuerpo, su hermoso color chocolate y acompañado de una energía extraordinaria, es la admiración de todos. Debemos recordar que los animales que cada uno de nosotros convertimos en nuestras mascotas y parte esencial de nuestras familias, no son seres humanos, pero tienen derechos.
Hace más de tres décadas se estableció Declaración Universal de los Derechos de los animales (1978), la cual fue adoptada por La Liga Internacional de los Derechos del Animal en 1977. Posteriormente, fue aprobada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Lo que busca esta declaración es crear conciencia entre la sociedad y las naciones, sobre la importancia del cuido de los animales, en sí, es un tema de respeto hacia la naturaleza y la responsabilidad en nosotros. En nuestro país, se han realizado esfuerzos para la protección de los animales, promulgando diferentes leyes y reglamento, para su protección, pero todavía falta conciencia y respeto hacia ellos.
En este mundo globalizado es bueno hacer un paréntesis y reflexionar si dichos derechos están siendo respetados. Hoy en día se evidencia que los derecho de los animales, no son respetados por gran parte de la sociedad al estar ausentes valores, para proteger y cuidar sus propias mascotas. Es importante rescatar valores positivos, no para nuestras mascotas, sino para otro miembro de la familia, porque en eso se convierten, aunque no sean seres humanos, igual que un niño o un adulto mayor, necesitan cuidado, comida, abrigo, porque también esa mascota se convierte en nuestro mejor amigo incondicional, que cuando llegas a tu casa se pone feliz y cuando estas triste te mira y busca como alegrar tu día.
*Mag. Lilliana Castillo Bolívar. Profesora de la Cátedra de Historia y docente de Estudios Sociales. Correo electrónico:
