El terremoto de Limón (1991): el poder de la Tierra y la pequeñez humana
Por Lic. Otsbal Quirós González*
El 22 de Abril del 2016 se cumplieron 25 años del que fue el evento sísmico con mayores repercusiones sociales y económicas que haya sucedido en el país, se trata del evento que sacudió a toda la costa caribeña de Limón en Costa Rica y Changuinola en Panamá.
El sismo tuvo una magnitud de 7.6 grados en la escala de Richter, y una profundidad de 10 km. Dentro de los efectos producidos por este desastre natural se cuenta la pérdida considerable de infraestructura vial, aproximadamente unos 300 kilómetros, la muerte de 48 personas y el retraso de la infraestructura portuaria.
Los testimonios en torno al evento, aún en la actualidad, no dejan de sorprendernos. Desde una perspectiva más científica, uno de los efectos más significativos fue la licuefacción de los suelos, esto debido a la salida de agua a través de las grietas en los suelos producto de sedimentación aluvial que se encuentran por toda la costa caribeña. Los testigos y supervivientes del evento hablaban de la salida de “pequeños volcanes de arena que salían del suelo” además de un olor muy fuerte que tenían estas aguas.
El cambio geológico más notable fue el levantamiento de 1.8 m de la línea costera desde puerto Moín hasta playa Gandoca en Manzanillo.
El terremoto tuvo efectos más significativos si se toman en consideración las condiciones socioeconómicas de las zonas más cercanas al epicentro en el Valle de la Estrella. El aislamiento histórico al que han sido relegadas las poblaciones indígenas y las comunidades dedicadas al latifundio bananero provocó que la emergencia tuviera consecuencias mayores.
Ciertamente el evento marcó un antes y después en la historia de Costa Rica y en los limonenses en particular. Para ellos, poco acostumbrados a fuertes terremotos, implicó un reconocimiento de que estamos en un país altamente sísmico y que nunca se debe estar desprevenido.
Por otro lado, el aniversario recién cumplido del terremoto de Limón nos hace reflexionar ante un hecho difícil de aceptar, la pequeñez de la especie humana. Coincidencia o no, la celebración del Día de la Tierra y el evento sísmico en el caribe costarricense (ambos el 22 de abril) nos invita a comprender que los seres humanos debemos orientar nuestras acciones hacia el racionamiento de que la Tierra, como sistema viviente, adolece el constante daño que como especie estamos generando. Al respecto, la postura del químico británico James Lovelock y su famosa Hipotesis Gaia se ajusta a esta reflexión, al dilucidar nuestra pequeñez ante los poderosos efectos de los fenómenos naturales y la concientización de la protección del planeta ante la evidente escases de recursos naturales como el agua, la contaminación del aire, el exterminio de especies animales y la deforestación indiscriminada.
Costa Rica, país que se engalana a nivel internacional como un “país verde”, tiene muchos desafíos por superar y esto no es solo un deber del gobierno, es un deber de todas las personas que como habitantes de este planeta tenemos que asumir con celeridad.
Puente sobre el río La Estrella, Limón, 1991

Fuente de la imagen: sitio web del Instituto de Investigaciones en Ingeniería (INII) de la Universidad de Costa Rica. http://www.lis.ucr.ac.cr/index.php?id=19
*Lic. Otsbal Quirós González. Profesor de la Cátedra de Historia (UNED) y de Enseñanza de los Estudios Sociales y Educación Cívica. Correo electrónico:
