Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Por Mag. Manuel Vargas Ch.

      Hace algunos meses tuve la oportunidad de leer un artículo del filósofo Andy Mirom publicado en el periódico El País.cr (2016), en el que se aborda la temática de la xenofobia en los costarricenses. Luego de hacer el recuento del origen etimológico de la palabra xenofobia, nos la define como “la aversión exagerada a lo extraño, es decir, a las costumbres, religión, creencias, lenguaje y pensamientos de otras personas extrañas a las mías; en especial, en relación con aquellos seres humanos que no tienen la misma nacionalidad de la persona que tiene el comportamiento xenófobo.” (Miron, 2016)

      Desde el punto de vista del autor, en Costa Rica se pueden distinguir dos tendencias, una de xeno simpatía hacia aquellos de origen europeo y del norte de América, casi lindante en la veneración. Así la otra tendencia es xenofóbica hacia centroamericanos, suramericanos. Esta dinámica está marcada por el papel que juega el imaginario colectivo costarricense y la ideología que ha imperado en el devenir de los años, como nación hemos negado los vínculos con los grupos étnicos autóctonos.  Es más viable que nos imaginemos de origen europeo, que descendientes de indígenas.

      Esa idea provoca que se rechace a personas de piel más oscura, por ello de forma solapada, se siente animadversión por negros, mestizos, mulatos, incluso asiáticos. Siguiendo  la lectura es posible sumar a esta tendencia el prejuicio del costarricense que se  percibe más inteligente que los originarios otros países centroamericanos, caribeños, sudamericanos, africanos.  Pero por contraparte, si se habla por ejemplo de  Japón, Singapur, China, Europa, Canadá y  Estados Unidos, merecen nuestra admiración intelectual y académica, casi nuestros referentes.

      Para el autor estos y otros prejuicios “son el resultado de una distorsión de la realidad. Se trata de creencias que han sido reproducidas a lo largo del tiempo por los distintos mecanismos para ideologizar a los seres humanos, es decir, la familia, la religión, la educación formal, los medios de comunicación, etc.”

      Aunque para el autor la cura estaría en la posibilidad de que el tico pueda viajar y vivir en otro país, sufriendo la xenofobia para curarse, tiene claro que  no todos tendrían esa posibilidad. Hay sin embargo otra dimensión que debe considerarse, fruto de un nacionalismo político, se ha llegado a excesos en contra de la humanidad. Esas realidades acompañadas de violencia en medio oriente, comunidades indígenas de Centroamérica,  por ejemplo, en la cotidianeidad han ganado el mundo de lo normal, por lo continuo de los atropellos que sufren. Es imperativo que desde las instituciones sociales, se reconstruya nuestra identidad, es necesario redefinir el papel de la historia y  la forma en que se enseña y educa a partir de esa historia. Es de vital importancia, que se conciba al ser humano como eje de la sociedad y no simplemente su cosificación en el mercado.

      Según Mirom (2016) “amar al prójimo como a uno mismo, es un buen comienzo para evitar que las ideas xenofóbicas encuentren terreno fértil en nuestras sociedades.” A lo anterior hay que agregar que debemos historiar y educar para ser y no  para tener. No tiene que ser nefasta posibilidad de cantar el Himno de Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, en una escuela pública costarricense o centroamericana. Somos centroamericanos y somos humanos.

*Mag. Manuel Vargas. Profesor de la Cátedra de Historia. Correo electrónico:Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencia bibliográfica

Mirom, Andy (2016).  Xenofobia: un mal de nuestra sociedad que frecuentemente negamos. El Pais.cr Tomado de: http://www.elpais.cr/2016/09/25/xenofobia-un-mal-de-nuestra-sociedad-que-frecuentemente-negamos/