Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

   Editorial

    Desde que se tenga cuenta de la existencia del ser humano en sociedad, los colectivos han tenido la necesidad de crear y  consolidar  lazos que unan a los miembros de su comunidad. Así resulta inherente, el reforzamiento del conjunto de aspectos culturales que brinden significado y cohesión; máxime aquellos que evocan pertenencia alrededor de factores comunes, convicciones, fidelidades y solidaridades. 

     Dentro de esa lógica, la comunidad que se ha inventado requiere que aquellos símbolos y rituales que la caracterizan estén siendo constantemente, representados y reproducidos, ya que esto refuerza los vínculos identitarios y las nociones de incompatibilidad respecto a otros grupos. En consecuencia, toda expresión identitaria ayuda a evocar el espíritu cohesionador, lo que da sustento ideológico a la existencia y unidad de proyectos nacionales o regionales.

    De conformidad a esas primicias, conceptos como catalanidad, españolidad, mexicanidad, costarriqueñidad o cualquiera que se adapte, son conceptos de larga data, que además de compartir el sufijo "idad", han sido acuñados para definir elementos, doctrinas y prácticas, que tienden a afirmar y resaltar los atributos de un colectivo determinado, ya sea en un aspecto particular o en todo quehacer humano. 

    En virtud de lo anterior, guanacastequidad es un concepto al igual que los mencionados, que no resulta tan novedoso en el plano teórico y práctico como algunos pretenden; pues desde los anales de la historia ha existido su esencia en el imaginario del ser guanacasteco. Particularmente, se ha manifestado de muy variadas formas, generando cada época sus propias características. Concretamente mediante actitudes que han dado sustento ideológico a la existencia y unidad de un proyecto socio cultural que se ha construido a lo largo del tiempo. 

     No obstante, hay que tener cuidado con el abordaje y direccionamiento equivocado de este tipo de lenguajes, ya que puede exacerbar a algunos sectores vulnerables de la población. Ante esa preocupación, se insta a recapacitar en torno al concepto identitario de la guanacastequidad y los peligros que puede traer la distorsión del mismo si es mal utilizado o contextualizado. 

    De esta manera, se advierte que es sano mientras sea empleado dentro de un escenario de inclusión y pluriculturalidad, por ende, en el que se inste a reconocer cualquier tipo de patrimonio no solo como elemento absoluto de la provincia sino como complemento enriquecedor y esencial de las identidades costarricenses. Importante resulta entender, que la pertenencia cultural no solo se caracteriza por el conjunto de prácticas en que participa una comunidad específica sino también, por las relaciones establecidas con otros. 

   guanacastequidad  Por consiguiente, en el marco del 193 aniversario de la incorporación del Partido de Nicoya a Costa Rica en 1824, si bien prevalece la idea loable y justa de favorecer y difundir el patrimonio cultural y natural de Guanacaste como símbolos de incuestionable valor es necesario abrir espacios en el que se profundice y concientice sobre el papel protagónico y significativo que tiene la provincia en el conjunto nacional costarricense y viceversa. 

    Con ese espíritu, el 25 de julio debe sobrepasar la celebración cargada de bailes y desfiles, que en algunos casos carecen de explicación o comprensión, por lo tanto los convierte en meros rituales sin sentido. En igual dirección, queda de tarea superar la tediosa perorata de políticos de turno, que hacen promesas y alardes demagógicos del trabajo que les corresponde realizar en pro de la provincia.

    En el marco del binomio y maridaje inseparable del Partido de Nicoya y Costa Rica, la celebración debe dar cabida a espacios de reflexión, que incluyan e inviten a todos sectores de la provincia y vida nacional, a atender y reaccionar de manera eficaz, las aspiraciones y problemas comunes que afrontan y aquejan a las poblaciones guanacastecas. Pues históricamente desasistida por los idearios hegemónicos, la provincia no puede continuar siendo cercada por arrogancias paradigmáticas centradas en modas que supeditan el desarrollo integral a favor del pragmatismo del crecimiento económico.

    En razón, no puede haber plena incorporación, cuando la injusticia existe en las relaciones y se encuentran en completa desigualdad. Por lo tanto, no es difícil comprender que tal igualdad no existe cuando nos encontramos con una provincia vil amenazada por la miseria y falta de oportunidades. 

Cátedra de Historia de la UNED