Hasta cuando dejaremos de ser “tontos útiles”
“Votar por este o el otro,
¿qué más da?
Millonarios y políticos,
juntos van.
(Isaac Felipe Azofeifa, Tontos ütiles)
Apenas, sin llegar a cuatro décadas, el estado neoliberal en Costa Rica se precipitó, en el 2017 nos arrastra la borrasca que había venido formándose desde sus inicios, cuyo torbellino tiene una fuerza centrífuga capaz de atraer a los tres poderes del estado y contragolpear al pueblo con la fuerza de la desesperanza, la decepción, la incertidumbre, la pobreza.
Insolentemente, un grupo dominante de diferentes partidos políticos, empresarios, miembros de poderes supremos, personal bancario y judicial, organizan un patíbulo con el fin de despojar al estado de su recursos y hacer sustanciosos negocios a su favor, sin importan consecuencias.
Dicho grupo delinque con toda libertad partiendo de las facilidades del sistema neoliberal que le abre absolutos espacios a la empresa privada, de la que se desprenden políticas de sobornos, tráfico de influencias, concesiones viciadas, aprovechamiento de los bienes estatales, evasión fiscal, desfalco de los bancos, pérdida de los derechos de los trabajadores, entre algunas consecuencias.
El proceso de degeneración nacional se basa; por un lado, en la ascensión al poder de personas incompetentes y por otro a la plutocracia tradicionalmente corrupta; ambos males se fortalecen con la espeluznante complicidad del poder judicial desde donde se desprende el mal de la impunidad.
La desgracia más grande para un pueblo tan noble es darnos cuenta que estamos desamparados, manejados por funcionarios antípodas del sistema democrático, desde el poder judicial, el poder legislativo y el poder ejecutivo; algunos organizados como cualquier agrupación criminal capaz hasta de modificar leyes a su favor, hacer caso omiso a las demandas de corrupción, desestimar casos, archivar expedientes, eliminar pruebas, encubrir descaradamente.
Ante las inclemencias, como lo hemos hecho en otras ocasiones, no queda más que el pueblo rompa las cadenas de esa impunidad, amén de la suspensión del Fiscal General de la República aunque a destiempo; exigir castigo a los criminales del estado, a los traidores de la patria, a los corruptos de hoy y de ayer. Es tiempo de otra emancipación de la plutocracia, excesivamente impolítica, pedestre, abominable, que ante tales delitos merecen un proceso legal como el de cualquier otro ciudadano.
Dejemos de ser los tontos útiles, como lo declamara Isaac Felipe Azofeifa, desde el siglo pasado. Avancemos sin dejar duda de todos los negocios sombríos que no fueron investigados, exijamos justicia, transparencia, ética en la función pública, y responsabilidad a la empresa privada. El binomio de “empresarios – políticos” resultó ser la cicuta del estado neoliberal. Esperamos ver resultados positivos y castigo a los traidores que un día hicieron su juramento en vano. Es hora de rescatar Costa Rica.
Cátedra de Historia de la UNED
