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 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Por Lic. Otsbal Quirós González*

     Poco conocido en este lado del mundo, la región del Kurdistán ha sido por mucho uno de los sectores de mayor importancia en la geopolítica del Medio Oriente desde hace aproximadamente un siglo, pero con mayor incidencia en los últimos cinco años, al menos en lo que respecta a los medios de comunicación masiva.

    opinion noviembre 2017 Sin embargo, la historia del pueblo kurdo tiene antecedentes mucho más lejanos. Algunos ubican a los kurdos como descendientes de los medos, quienes fueron posteriormente conquistados por los aqueménides y griegos. La historia del pueblo kurdo tuvo otro papel destacable en los primeros años de la expansión del Islam en Persia. Siendo aliados de los sasánidas, las tribus kurdas presentaron una férrea resistencia ante los ejércitos musulmanes comandados por el califa Omar en el año 637, que culminó con la derrota del Imperio Sasánida y la rendición de los jefes kurdos que adoptaron la fe islámica y se incorporaron a las distintas dinámicas sociales de la región a lo largo de los siglos, eso sí, conservando su lengua e identidad distintiva. (McDowall, 2013, p.22)

     Ya en tiempos modernos, tras los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial y el colapso del Imperio Otomano, la situación para el pueblo kurdo parecía tomar el camino hacia la autonomía con la ansiada formación de un estado nacional independiente. Esta anhelada idea de un Estado kurdo se plasmó en el Tratado de Sévres de 1920 en el cual, bajo el auspicio de las potencias occidentales como Francia y Gran Bretaña, el nuevo país veía la luz.

     No obstante, la situación cambió drásticamente debido a la resistencia presentada por Mustafá Kemal (Atatürk), considerado como el padre de la República de Turquía. El Atatürk dirigió la Guerra de Independencia turca contra la ocupación de las potencias occidentales, éste consideraba que el Tratado de Sévres imponía condiciones catastróficas para los intereses de los  turcos, sobre todo por la pérdida de grandes territorios y el control de los mares. La presión de este conflicto sobre las potencias europeas culminó con la firma de un nuevo tratado más favorable para los intereses turcos, el Tratado de Lausana en 1923. Dicho tratado amplió el territorio de Turquía a expensas del Kurdistán, el cual desaparecía como entidad política soberana y eliminaba de esta forma el único camino posible para la formación de una Republica kurda (Zeraoui, 2008, p.237-239).

     Así, las potencias aliadas de la Primera Guerra Mundial ignoraron los reclamos kurdos, permitiendo que éstos fuesen incorporados a estados ajenos a sus intereses originales. A partir de entonces, la población kurda quedó dividida en 4 países diferentes: Turquía, Siria, Iraq e Irán. (Zaccara, 2017, p.2)

     Según McDowall (2013), en la actualidad los kurdos suman aproximadamente 30 millones de personas, de los cuales casi la mitad (14 millones) viven en Turquía, al menos 1.4 millones en Siria y otros 5 millones viven en Iraq. De este último país, se puede decir que alrededor de 23% de la población es de origen kurdo. Además, en cuanto a la religión los kurdos son en un 75% musulmanes sunnitas; un 15% chiitas; mientras los restantes grupos son yazadíes (una rama del zoroastrismo), cristianos y judíos.  

     Hoy en día, la constante amenaza que implica la presencia del grupo yihadista Estado Islámico (EI, ISIS o Daesh) en países como Siria e Iraq, sumado a la ofensiva de una coalición de países árabes y los Estados Unidos contra EI, ha hecho que la relevancia de los kurdos se haya convertido en un factor imprescindible en la lucha contra esta agrupación terrorista. De hecho, el grupo de soldados kurdos conocidos como los Peshmerga ha sido el que ha liderado la lucha armada contra ISIS desde el inicio de la crisis humanitaria en el Kurdistán iraquí en 2014 (De Currea-Lugo, 2016). Con apoyo militar de Estados Unidos y algunas potencias europeas, los kurdos han logrado recuperar ciudades vitales en el norte de Iraq como Mosul y la petrolera Kirkuk. (van Wilgenburg, 2016, p.27-28)

     Con lo anterior, no es  fortuito que los kurdos estén buscando un nuevo camino que les permita obtener la tan ansiada independencia. Las victorias obtenidas contra ISIS le dieron al Kurdistán iraquí la motivación necesaria para tomar decisiones políticas definitivas y con ello celebraron un referendo independista el pasado 25 de septiembre, cuya masiva aprobación dio esperanzas al pueblo kurdo de lograr al fin la independencia. Pese a lo anterior, el referendo no contó con la aprobación del gobierno central iraquí, fue rechazado por países vecinos como Turquía e Irán y tampoco recibió la aprobación de la comunidad internacional.

     Sin embargo, el “balde de agua fría” vino nuevamente de los Estados Unidos. Este país se había declarado aliado estratégico del Kurdistán en su lucha contra ISIS. El gobierno estadounidense colaboró con armamento y adiestramiento a las milicias kurdas, que fueron las únicas que lograron resistir valientemente a los ataques de ISIS y no solo eso, fueron quienes lograron retomar ciudades estratégicas que habían sido perdidas por el ejército iraquí. A pesar de que los kurdos han asestado los golpes más fuertes contra ISIS, los Estados Unidos escriben una nueva página de la deuda histórica que Occidente tiene con los kurdos y el Kurdistán. La negativa al apoyo del referendo kurdo demuestra nuevamente que el derecho a la autodeterminación de los pueblos vuelve a estar subordinado a los intereses económicos del control y beneficios de la venta de petróleo en la zona, al mejor estilo de la realpolitik de Otto von Bismarck.

     Hoy, finalizando el mes de octubre, las noticias que se observan en los más diversos medios de comunicación nos muestran que la euforia, esperanza y los sueños de los kurdos por lograr un Estado independiente han sido nuevamente frustradas por una guerra interna en la que las tropas iraquíes, bajo la mirada neutral de los Estados Unidos, se enfrentan a los kurdos arrebatando la ciudad de Kirkuk (principal centro petrolero de la zona) acabando así otra intención de autonomía política para el Kurdistán.

     El reino la incertidumbre y los reproches por la pérdida de Kirkuk (corazón económico de Kurdistán) dominan la arena política kurda representada por el presidente Masud Barzani del Partido Democrático de Kurdistán (PDK) y el rival político de éste, la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK).  

     Por ahora, ante la mirada atónita de los kurdos que vieron en Trump y en los Estados Unidos a un aliado que los traicionó, el futuro político de Kurdistán tiene más preguntas que respuestas. Desde Erbil, capital kurda, solo queda esperar cuál será la reacción y las medidas de negociación con Bagdad; quienes liderarán estas conversaciones y cuál será el camino que tomarán los kurdos y el Kurdistán en el futuro. Todo esto sin olvidar la amenaza siempre latente del Estado Islámico, que definitivamente será el mayor beneficiado de la división interna entre los mismos kurdos y estos últimos con los iraquíes.

*Lic. Otsbal Quirós González. Profesor de la Cátedra de Historia, UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencias:

Anderson, Benedict (2011). Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. México, D.F.: Ed. Fondo de Cultura Económica.

De Currea-Logo, Víctor (2016). El Estado Islámico. Bogotá, Colombia.: Ed. Debate.

McDowall, David (2013). A Modern History of the Kurds. London, United Kingdom:  I.B.Tauris.

Van Wilgenburg, Wladimir (2016). La cuestión kurda y la lucha contra el Estado Islámico. AWRAQ (13), 25-35.

Zaccara, Luciano (2017). El Kurdistán Iraquí, una independencia incierta. Observatorio de Política Exterior Española (OPEX) (45), 1-9.

Zeraoui, Zidane (2008). Islam y política. Los procesos políticos árabes contemporáneos. México, D.F.: Ed. Trillas.