Por Lic. José Miguel Salas*
La Navidad es para muchas personas una de las épocas más hermosas del año. Es por todos bien conocido que es un tiempo de amor y paz, cuyo fin es compartir con la familia y amigos. Pero poco a poco se ha convertido en una carrera desmedida por el consumo, donde el nivel de felicidad de las personas es proporcional a su capacidad por adquirir productos , los cuales en tan solo unas semanas serán arrojados en algún rincón de la casa o enviados a los debido a que se adquirieron por impulso en lugar de necesidad.
Las tiendas, supermercados, restaurantes y bares son espejos de una sociedad volcada al hiperconsumismo. Basta darse una visita por el centro de las provincias Costa Rica durante estas semanas para presenciar como la gente es capaz de gastar su salario, aguinaldo e incluso se endeudarse para poder comprar mercancías para sus seres queridos, como una manera de demostrar su amor para con ellos.
Es increible el contraste que se observa entre los meses de diciembre y enero. Durante el primero, el ritmo de gasto es tan alto que muchos gastan el salario en tan solo unos días. Un indicador de esto es la cantidad de electrodomestricos, pantallas, tabletas, celulares, consolas de vida, entre otros dispositivos electronicos que se adquiren. En contra posición, y aunque suene descabellado, muchos terminan busco prestado para poder pagar los recibos de servicios públicos o los útiles escolares de sus hijos.
Detrás del consumo se evidencia la carencia de una educación financiera y escasa planificación, lo que tiene consecuencias relacionadas con el endeudamiento con tarjetas de crédito con altos intereses, los efectos ambientales producto de la obsolescencia programada y el reflejo de la desigualdad social y económica que padecen muchos en este país.
Este frenesí consumista ha sido respaldado por los medios de comunicación y las grandes cadenas de tiendas de electrodomésticos que lucran hasta el doble o triple del valor original de sus productos gracias al endeudamiento de la gente. La imposición de “tradiciones” como el viernes negro atenúan una espiral que toca fondo en enero, donde las personas no pueden cumplir con sus obligaciones para la entrada a clases de sus hijos y la compra de útiles escolares.
El restablecimiento de valores de solidaridad y unión familiar es el mejor presente que se puede adquirir en estas fechas, quizá el mejor y más preciado regalo sea el tiempo que podamos dedicar a compartir de verdad con nuestros seres queridos o con las personas que necesitan a un amigo en estas fechas.
* Lic. José Miguel Salas. Profesor de la Cátedra de HIstoria de la UNED. Correo eléctrónico:
