Por Licdo. José Alberto Calderón Navarro*
Costa Rica es un país con una naturaleza que llama la atención, ocupa un territorio emergido del fondo marino que alcanza una extensión de 51.100 km² y donde los eventos que lo conformaron aún no terminan, aunque en momentos parece que entran en una pausa indefinida. Hay lugares dentro del territorio que contienen elementos que de hecho parecen corresponder a esta idea, pues en diferentes etapas de la historia geológica y de la ocupación humana entran en actividad, la mantienen durante un tiempo y luego entran en un periodo de latencia.
La provincia de Cartago es un área del territorio costarricense que reúne condiciones especiales que han sido estudiadas desde hace mucho tiempo, dado que, según la forma actual de ver los desastres, exponen a la población a situaciones de riesgo de ocurrencia de eventos naturales adversos para los seres humanos. En esta provincia la naturaleza se manifiesta a través del clima y la geología, donde es posible exponerse a amenazas de desastres en cualquier momento. Llama la atención que hay múltiples condiciones de riesgo de desastres que incluso podrían darse en forma simultánea.
En la década de los años 1960 uno de los rasgos más distintivos del paisaje cartaginés entró en un periodo de actividad que trajo serias consecuencias para una buena parte de la población del valle Central y las actividades productivas. El volcán Irazú, localizado al noroeste de la ciudad de Cartago comenzó a manifestarse de manera violenta lanzando enormes columnas de partículas de material volcánico que fue transportado rápidamente por las corrientes de viento que corren en dirección al interior del país, a sitios ubicados a muchos kilómetros de su cráter principal.
La actividad del Irazú se muestra tal como la vivieron los costarricenses en marzo de 1963, cuando la descarga de ceniza irrumpió en las ciudades del área central del país y provocó serios problemas en la agricultura y ganadería de sitios localizados en la ruta de dispersión de este material, así como que se depositara en las calles, edificios y casas de San José, Alajuela, Cartago y Heredia, por lo menos, ya que incluso pudo haber llegado a sitios de Puntarenas también.
En ese marzo de 1963 la actividad volcánica coincidió con un hecho que ocupó la atención del público costarricense: la rápida visita al país del presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy por causa del Programa Alianza para el Progreso que Estados Unidos desarrollaba en Centro América. Según se dijo en su momento, “el Irazú estaba saludando a Kennedy”, quien sacudía su ropa impregnada de la cenizal volcánica durante el recibimiento que se le dio. Este fue un hecho histórico no tanto por la ceniza, sino porque fue la primera visita de un gobernante de ese país al nuestro.
Esta actividad del volcán Irazú vino a contribuir a que la ciudad de Cartago se viera afectada meses después por el desbordamiento del río Reventado, luego de que un periodo de intensas lluvias hicieran colapsar la represa que se había conformado en el sitio Retes por la descarga de sedimentos y otros materiales producto del uso agrícola que desde hace mucho tiempo de da en las márgenes de este río. Es acá donde la multiamenaza sobre Cartago se ha manifestado de manera tan severa y sin que antes o después se haya podido experimentar situaciones similares.
Hoy, el Irazú se encuentra en una fase de relativa tranquilidad, aunque las inundaciones sobre las comunidades aledañas al río Reventado siguen siendo afectadas por lluvias, pero en la cuenca media del río, ya no en la parte alta. Además, otros volcanes ubicados en la cordillera volcánica Central amenazan con su actividad a diferentes poblaciones y sus sistemas productivos. La experiencia de 1963 con el Irazú debe servirnos para replantear lo que estamos haciendo como sociedad con los recursos y elementos que la naturaleza nos ofrece.
Cenizas en las calles de San Josè
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Fuente: Ceniza en San Josè. Dispible en https://www.pinterest.com/pin/455848793503026817/ Fecha de consulta 19 de agosto 2018
*Lic. José Alberto Calderón Navarro. Profesor e investigador de la Càtedra de la UNED. Correo:
