H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
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Màster Ronald Obaldía González*

Extrema brutalidad la del pasado 2 de octubre en Estambul, contradictoriamente, registrada en el inicio del ciclo histórico de la cuarta y civilizatoria revolución industrial (IR); cuando se intenta empalmar los valores de la convivencia de los seres humanos con el saber inherente a la tecnología. La fallida "Primavera Árabe" perseguía esa reconciliación. No llegó nada lejos.

En el edificio del Consulado de la nación suya, acreditado en Turquía hubo un asesinato - demasiado poco interesó si ese país pertenece a la OTAN -, el periodista, esta vez la víctima, ciudadano, autoexiliado, de Arabia Saudita, corresponsal del Washington Post y otros diarios occidentales, ex diplomático. Se disponía a iniciar los trámites consulares de su boda. Allí un comando de la inteligencia, organizado desde la Casa Real de Riad, lo capturó; lo drogaron y lo descuartizaron; estando todavía vivo, supuestamente. Al cuerpo de él lo disolvieron un químico y un toxicólogo, empleando un potente ácido, con tal de eliminar cualesquiera indicios de pruebas.

Así, crudamente, lo revela la inteligencia turca a través de videos y audios. Dicho sea de paso, con esas denuncias, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan suma créditos regionales e internacionales, los necesita, puesto que posee fama de autócrata, volcado al fundamentalismo islámico. La suerte le cayó, de no sé dónde.

En cambio, sin proponérselo, el asesinato cobra la entidad de un zarpazo a la estrategia de la (desacreditada) monarquía absoluta de Arabia Saudita, de plegar a la Administración estadounidense de Donald Trump, en lo concerniente a unir a los árabes e Israel frente a su acérrimo enemigo el Irán, éste aferrado a sus propias ambiciones subimperiales, expansionistas y proyectos nucleares en el Medio Oriente, factores por los cuales continúa siendo sometido a asfixiantes represalias económicas y financieras por parte de los Estados Unidos de América. El presidente Trump acusa a Irán de ser un país que “financia, rearma y adiestra a terroristas, milicias y grupos extremistas que esparcen el caos por la región”.

Llega a ser lo suficientemente probada la versión difundida, por casi todo el planeta, del operativo deliberado de un comando saudita, llamado a ejecutar el crimen. En un comienzo se pensó en una especie de "desliz verbal" del mandatario turco, ya que debió desdecirse después, sin convencer tampoco. Se limitó a señalar a los agentes del reino Wahabita, como los máximos responsables. Según él, el “salvaje” asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi fue planeado.

Lo cierto del caso es que en la estricta desconfianza imperante, se propuso a eximir al rey Salman bin Abdulaziz Al Saud de cualquier responsabilidad en la atrocidad contra el periodista, crítico del régimen monárquico. Lo cual pone de relieve, por sí mismo, los peligros y amenazas, enfrentados por los comunicadores, así como la incapacidad política y jurídica, en cuanto a la eliminación de la impunidad por crímenes en contra de ellos.

Amnistía Internacional (AI) ha descalificado de plano cualquier investigación a cargo de Arabia Saudita sobre el caso Khashoggi, "carecerá de credibilidad”. Por lo tanto, al lado del Gobierno de Turquía, se ha recomendado esa pronta tarea a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Al respecto, valga señalar que la nación saudí posee un historial espantoso en materia de derechos humanos, lo mismo que en lo referido a la discriminación de las mujeres, en la represión a los disidentes y opositores (Carlos Yárnoz), sobre lo cual Occidente ha guardado distancia, habida cuenta que la monarquía absoluta, en la lógica del pragmatismo diplomático, resulta ser un “excelente aliado” desde hace décadas. Es el primer productor mundial del crudo de petróleo; el segundo comprador mundial de armas occidentales; así también uno de los mayores inversores, particularmente en Estados Unidos de América.

En esa lógica, bien sabemos que "los intereses económicos priman sobre los principios más sagrados de Occidente". Se sale de ella únicamente Alemania, quien anunció la suspensión de la venta de armas a la monarquía, mientras no se esclarezca la muerte de Khashoggi.

La monarquía saudita rechaza la implicación de Muhamad bin Salman (33 años), el príncipe heredero, apodado "MBS", en el atroz asesinato. Advierte que él se enteró de lo ocurrido a Khashoggi, después de que se hubiera consumado el hecho. Sería muy difícil que eso: un crimen dentro de un Consulado suyo, lo admitiera ningún Gobierno, ningún Estado que no fuera un Estado fallido” (Fernando Cocho). En ese escepticismo, poco después, la monarquía, inevitablemente, hubo de reconocer el crimen sangriento, protagonizado en su Consulado.

VISTAZO A ARABIA SAUDITA. Cabe explicar que las estructuras jurídicas y de relaciones sociales y culturales, modeladas por la familia real saudita poseen atributos casi feudales, empalmadas con la adulteración y la manipulación del Islam, tal que se ha configurado el "Islam político". De esa manera, ella logró afianzar las bases psicosociales de la nación y sus correspondientes "aparatos ideológicos" (Antonio Gramsci), de carácter ultraconservador religioso.

La monarquía ha tenido éxito en perpetuarse en el poder, de forma autoritaria, bajo la aplicación de políticas de control social altamente represivas. Lo demostró con sus métodos de intimidación y terror para escaparse de los fallidos embates y contagios de la Revolución Teocrática del Irán (1979). Más acá, la Primavera Árabe, y de las otroras corrientes políticas, adjuntos al nacionalismo panárabe que, alguna vez, la pusieron en el filo de la navaja, posteriormente la organización terrorista de Al Qaeda, al igual que los yihadistas salafistas (musulmanes).

MOHAMAD BIN SALMAN (33 AÑOS), EL PRÍNCIPE HEREDERO O "MBS", GOBERNANTE DE FACTO. A pesar de las presiones de Turquía y un sector de Occidente, que piden la destitución del príncipe heredero, pues los hombres integrantes del comando asesino eran de la plena confianza del príncipe, resultará “muy improbable” que, en medio de "la tormenta diplomática", a causa de la brutal desaparición del comunicador, el ambicioso e impulsivo MBS sea apartado de la sucesión, o que se vean restringidos sus poderes, en la expectativa de convertirse en rey. La monarquía lo ha blindado frente al escándalo político, criminal; pueda que prevalezca la impunidad. Él ha demostrado agallas y resolución, además de cinismo e inmutabilidad en lo que respecta a negar su supuesto involucramiento en el caso Khashoggi, ese crítico del autoritario e impetuoso príncipe, habida cuenta de su sangrienta intervención en la guerra de Yemen (Peter Singer); “al final le costó la vida”.

Sin pretender derribar la monarquía absoluta, menos aún repensar en la democratización nacional, el sospechoso príncipe se ha embarcado en una agenda de reformas en el hermético y ultraconservador país árabe, para abrirlo más a Occidente y rebajar la hegemonía del petróleo en su economía. Asimismo, ha estado envuelto en polémicas, en particular por su línea dura contra Qatar y Yemen (Joan Faus;Ángeles Espinosa). Lo cierto del caso es que en el ambiente de la diplomacia internacional, a MBS le será casi imposible deshacerse del estigma de paria, comparable a Daniel Ortega en Nicaragua, Nicolás Maduro en Venezuela, y al presidente sudanés Omar al Bashir (Ángeles Espinosa).

El propio Congreso de los Estados Unidos de América ha censurado y responsabilizado del crimen a Mohamed bin Salmán, apodado MBS y a la familia real (Jaime Daremblum). Expresa que lo están encubriendo, demanda una investigación, pues los altos poderes monárquicos estaban enterados de los preparativos del comando. Los congresistas intentan bloquear la operación de la venta de armas a Riad por 110.000 millones de dólares. El Departamento del Tesoro estadounidense acaba de sancionar a 18 cómplices del crimen, allegados directos de la Casa Real saudita; les impedirá ingresar a su territorio, les veda desde ya las posibilidades de realizar negocios en la Unión Americana.

El imperativo comercial de mantener buenos vínculos con el reino saudí sigue en pie, a pesar de que el Presidente Donald Trump manifestara que el homicidio dio pie a uno de los “peores encubrimientos de la historia” (Jana Jabbour). Pero la perspectiva cambió: Arabia Saudita ahora "es más dependiente de Estados Unidos de América que al revés". El crecimiento del petróleo de esquisto de la Unión Americana significa, autosuficiencia, que puede hacer frente a un recorte de los suministros sauditas y de los árabes en general. Los sauditas, por otro lado, no pueden funcionar militarmente sin armas de la mayor potencia global. El equilibrio de poder entre los dos países ha cambiado de forma determinante a favor de ella. Asi, entonces, se le habrán de cerrar las puertas de eventuales chantajes al gobernante de facto de Riad, si es que continuará ocupando ese lugar privilegiado.

ERDOGAN RECOGE GANANCIAS DEL SINIESTRO. A un mandatario desacreditado y cercano al fundamentalismo islámico, el evento del crimen le permitiría lavarse la cara, respecto de su señalado autoritarismo, reflejado en la desmedida represión, ejercida contra sus opositores - incluidos los periodistas -, no pocos encarcelados, al ser acusados por actos de terrorismo, cuando en julio del 2016 se fraguó un intento de golpe de Estado en su contra, el cual fracasó. El mandatario islamita ejerce absoluto control sobre la vida de la nación otomana, mediante su hábil servicio de espionaje.

Por ello, le es útil al poderoso mandatario turco emitir pruebas de audio y videos recogidas, acerca del asesinato, desacreditando a su rival, el primer productor mundial del crudo de petróleo. Éste último, quien le cobra sus acercamientos con los radicales Hermanos Musulmanes, odiados por Riad, al respaldar a sus enemigos los yihadistas. Le censura su injerencia en la guerra de Siria, sea por la enemistad de Ankara hacia los kurdos. Así también Erdogan se opone al acoso de los emiratos del Golfo Pérsico, liderados por MBS, frente al rebelde Qatar, el menos dogmático respecto al Islam, e independiente, acusado por los otros emiratos de acercarse a Irán, y de entorpecer la coalición militar frente a los chiitas de Yemen, históricamente arrinconados por los gobiernos sunitas al servicio de los emiratos del Golfo.

No sobra adobar con ironía la frialdad de Erdogan al señalar a su joven rival saudita que los periodistas pueden ser encarcelados por cientos en Turquía, ¡pero por lo menos - dijo - "no se les descuartiza"! (Dominique Moisi). Erdogan adobó el supuesto sarcasmo, como antes dijimos, excluyendo del hecho criminal al rey saudita, previniendo quizás adicionales e inconvenientes contradicciones.

Las relaciones entre Arabia Saudí y Turquía, que juntamente con Irán, intentan dominar en términos geopolíticos el Medio Oriente, se hallaban ya en punto frágil, deterioradas, más que todo, por el apoyo de Ankara a Qatar ante el bloqueo impuesto en julio del 2017 a este país por Riad, y sus vecinos del Golfo Pérsico (HISPANTV). El “bullicio” mediático desatado durante octubre pasado, a causa de las revelaciones de Erdogan, “fue un medio para presionar a Riad y jugar al chantaje para obtener concesiones de MBS” (Jana Jabbour). El Gobierno de Erdogan logró empañar la imagen de Riad y ‘MBS’, y erosionarles su prestigio a nivel regional e internacional”. Con todo, trata de evitar una ruptura con Arabia Saudí; es imprescindible para Turquía, puesto que "su economía ha estado tambaleante" durante largos meses. En este orden, las inversiones y los intercambios comerciales son bastante activos entre las dos naciones.

A PROPÓSITO DE YEMEN, indiferente a Occidente, el país más miserable del mundo árabe, de 14 millones de personas hambrientas; justamente, el Centro Legal para Derechos y Desarrollo yemení, en un informe publicado en junio, indicó que en 800 días (hasta entonces), los bombardeos saudíes y de su coalición contra los yemeníes dejaron 33.395 muertos y heridos; y de la cifra total de fallecidos, 2689 eran niños, 1942 mujeres y 7943 hombres (HISPANTV). La responsabilidad del caos ha recaído en los constantes bombardeos sauditas, quienes desatienden los llamados estadounidenses de detener la guerra. El escenario de la turbulencia política y militar coloca en primer plano a los progubernamentales sunitas, aliados de MBS y la coalición de los emiratos; en la otra acera actúan los rebeldes hutíes (chiitas), respaldados por el Irán, enemigo de los sauditas y de los emiratos del Golfo.

La esperanza de la conclusión de las hostilidades en Yemen descansa en las dudosas certezas de que la coalición saudita sunita pueda estar cerca de ganar el conflicto (Ángeles Espinosa). La vulnerabilidad saudí, en especial el desprestigio de ahora, tras el caso Khashoggi, comporta para Washington la posibilidad de acabar con la guerra de Yemen y las presiones que desde hace meses le genera el Congreso estadounidense.

ISRAEL Y SUS ACERCAMIENTOS CON EL MUNDO ÁRABE. En la impostura de la monarquía absoluta, el gobierno de Israel ha contribuido con Arabia Saudita en el cabildeo ante el Congreso de los Estados Unidos de América, sea para borrar la imagen de sanguinario del régimen saudita. La fuerte aproximación de sus vínculos bilaterales, en cuenta los militares, residen en la enemistad de ambos frente al poder subimperial e intervencionista del Irán en los caos de Siria, Yemen, Palestina-Gaza, así como en su intromisión en el Líbano, y de paso el riesgo geopolítico de sus proyectos nucleares, torpedeados por el Presidente Donald Trump, al abandonar el acuerdo antinuclear de carácter multilateral, firmado con Teherán el 2015.

La tesis del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, consiste en defender al régimen de Riad y preservar la estabilidad en Arabia Saudí. Por su parte, diversos medios de comunicación occidentales confirmaron que Arabia Saudí había dado luz verde a la entidad israelí, para que iniciara la última ofensiva en la Franja de Gaza (entre julio y agosto de 2014), como indica el escritor británico Davia Hearst, a través de un artículo publicado en el sitio, Huffington Post, titulado "ataque de Israel contra Gaza ha sido llevado a cabo por una orden de la familia real saudí"(HISPANTV). Días atrás se sospechó que la Casa Real saudí intentó persuadir al gobierno de Israel a que intensificara los contraataques en Gaza frente a la organización palestina pro-iraní de Hamas, en todo caso para reducir el efecto mediático del asesinato del periodista, y de este modo evitar el malestar de Washington sobre el evento del Consulado en Turquía. "La normalización subterránea" en cuanto a las relaciones entre Israel y Arabia Saudita, y con algunos emiratos, inexistentes de manera oficial, facilitaron algunos entendimientos entre sí para resolver la cuestión palestina, de ahí el silencio del gobierno israelí en lo concerniente al crimen de Khashoggi.

A LA BÚSQUEDA DEL DESENLACE. Las condenas mundiales frente al crimen del periodista saudí, acérrimo crítico del príncipe, cada día se incrementan; como aumentan las sospechas de que el príncipe de la Casa Real estuvo involucrado en tal hecho espeluznante. Hasta ahora la monarquía hubo de reconocer el crimen sangriento, evadiendo el fondo real, en cuenta el haber negado tener conocimiento de lo acontecido en el Consulado. Intenta minimizar las implicaciones directas en la desaparición de Khashoggi. No es de extrañar que en sus pantomimas, el régimen monárquico ande difundiendo el castigo con pena de muerte de cinco sospechosos, acusados de asesinar al periodista desertor. Eso sí, se exime de culpa al poderoso príncipe heredero, en medio de un contexto incómodo para él. La misma CIA estadounidense, a estas alturas de las investigaciones, reporta el involucramiento del príncipe, quien había ordenado abiertamente que Khashoggi fuera llevado por la fuerza a Riad, fuera "por las buenas o las malas". Las intenciones suyas de intentar matarlo se mantienen orilladas en las sofisticadas investigaciones de la CIA; hay todavía ausencia de evidencia comprobada en las revelaciones frente a MBS, a pesar de haber supervisado "los detalles mínimos" del comando, que llevó a cabo el siniestro en el Consulado.

Sin embargo, precedido de "estructuras empotradas en el poder, además de corruptas, más el arraigo de las manipulaciones religiosas atadas al fundamentalismo islámico, la posición de poder de Mohamed bin Salmán (MBS) dista de ponerse en riesgo, a menos que se levanten contra él los purgados del régimen, ahora subordinados a un nuevo liderazgo y mando agresivo; o bien alguna de las fracciones libanesas, irritadas por el deslumbrante “secuestro” por parte de MBS contra el Premier del gobierno de Beirut, Saad Hariri. Al par que lo del periodista es apenas un severo anticipo de lo esperado a los opositores y disidentes del heredero de la monarquía.

En las medias verdades, hay que reiterar que el objetivo de Arabia Saudí consiste en proteger al príncipe heredero en el ‘caso Khashoggi’. La familia real es hábil en estas lides de las tergiversaciones y de los acomodos tácticos. En el pasado, auspiciaron las escuelas "madrasas", a efecto de complacer el extremismo sunnita, quien se levantó como enemigo suyo. En largos años Arabia Saudita ha utilizado el dinero que le pagan las naciones occidentales por petróleo y minerales para adoctrinar a su gente y al resto de los países árabes, con una versión fundamentalista del Islam. Siempre se ha tenido en mente que la monarquía saudita ha financiado a Al Qaeda y los combatientes extranjeros, asentados en Irak (Peter Singer). Dada esa conducta desleal, ha habido voces occidentales que demandan la reducción del poder del reino (siempre) maleable, mediante la supresión de compras de sus energéticos. Todo lo cual habrá de significar el comienzo del aislamiento de la monarquía absoluta; puede ser un porvenir oscuro del cual, peligrosamente, podrá sacar ventaja el Irán, su archienemigo religioso y político; también la indignada Turquía, por haberse fraguado el crimen en un Consulado, acreditado en su jurisdicción territorial, así como el asediado Qatar, distanciado de las arbitrariedades de Riad que ha dañado la integridad del pequeño emirato.

El éxito de la estrategia de defensa saudí ante la comunidad internacional dependerá de que logre mantener el apoyo de Washington en medio del desprestigio causado por el vil asesinato del periodista crítico del régimen. La sintonía de Mohamed Bin Salmán (y su entorno) con la Administración estadounidense, puede todavía "envalentonar al joven príncipe", principalmente si el yerno del presidente Trump, Jared Kushner, no se aparta de su amistad y la confianza que le deposita (Ángeles Espinosa). Sea también que el respeto de Washington hacia su aliado Arabia Saudí continúe manteniéndose. Prefiero pensar que los veteranos legisladores del Congreso de los Estados Unidos de América tendrán éxito en su postura de exigir que se sustituya, lo antes posible, a quien ha de convertirse en rey del mayor exportador de petróleo del planeta. Es decir, “Aún no está todo dicho”.

*Màster Ronald Obaldía González (Opinión personal). Correo electrònico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.