Ya han colgado las luces en las calles
con mensajes de amor, pura rutina,
y en medio del asfalto plantan árboles
que, sin echar raíces, morirán.
Las tiendas de los centros comerciales
engalanan vitrinas con pesebres,
contubernio falaz, ¡viva la venta!
todo vale si alienta el consumismo.
Y los que no creemos, los agnósticos
de dios y del consumo nos callamos.
Pero quien calla otorga y yo me niego,
y alzo una voz que busca compañía
para cambiar el rumbo de este mundo,
para que de una vez la Navidad
sepulte las fronteras, tanto físicas
como otras aún peores, las mentales.
Si existe Dios tendrá que ser amor,
porque si no, le quito la mayúscula;
y a los que usan su nombre, más que en vano,
para matar, forzar o sojuzgar,
les deseo el infierno en este mundo,
por si acaso no existe más allá
y evitan, de rositas, el castigo.
Respecto al consumismo, de anatema,
os niego que por mucho consumir
amanezca sin crisis, al contrario:
consumo responsable e inversión
en bienes duraderos, en cultura,
en sanidad, y en que el nivel de vida
consiga superar al de pobreza.
Sí, sí, ya sé que como cada año
vas a decir que sigo siendo utópico,
¡pues claro que lo soy, y a mucha honra!
porque, por muy difícil que lo sea,
será cierto, si todos lo pedimos
de regalo para esta Navidad.
Ricardo Fernández Esteban, 2015
Obtenido de http://lapalabraesmagica.blogspot.com/2015/12/navidad.html. Fecha de consulta 9 de diciembre del 2018.
