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Don Carlos Alvarado administra los dueños de la finca mandan

Por Dr. Humberto Aguilar Arroyo*

A principios de siglo XX, Costa Rica en términos productivos era una gran finca cafetalera. Vamos a utilizar la metáfora de finca como recurso de mediación pedagógica para explicar el escenario sociológico de nuestro país. Iniciemos por indicar que su extensión es de 51.000 km2, en los cuales vive una población 4.900.000, lo que significa que en términos promedios en cada kilómetro cuadrado viven 96 personas.

Un 25% del territorio se ha destinado a áreas de conservación de bosques y playas.La finca cuenta con 2.406.418 de hectáreas aptas para la actividad agropecuaria, distribuidas en 93.017 propiedades. Las mayores a 200 hectáreas representan el 2.3% del número total de las propiedades, pero concentran el 47% del área cultivable. Mientras que las propiedades menores a 20 hectáreas equivalen al 76% del total del número de propiedades, pero solo ocupan menos del 8% de la tierra con vocación agrícola. En términos sociales la finca se encuentra dividida en dos clases, los terratenientes o latifundistas y los campesinos minifundistas

Esta finca tiene su historia. Antes de 1500, no existía como finca. Sus habitantes no les interesaba tener la propiedad de nada. En 1492 un señor llamado Cristóbal Colon venido de España trajo espejitos y se los cambiaban por una cosa bonita, pero sin valor para los lugareños; esa cosa los “civilizados” lo llamaba oro y para ellos valía más que la vida y la naturaleza.

A estos usurpadores se les llamo conquistadores y colonizadores curiosamente de algo ajeno. De esta manera empezó la repartición de la tierra según el cargo y abolengo, lo que se transformó en poder económico y político hasta hoy.

En 1821, cuando los lugareños decidieron adquirir la finca que pertenecía a la Corona Española, la mayor parte de la tierra ya estaba repartida. Para 1840 un hondureño de nombre Francisco Morazán ingresa a la finca de Costa Rica, en ese entonces administrada por Braulio Carrillo, al cual derroca y continua con su sueño de una sola finca Centroamericana. Dos años más tarde los dueños de la finca de Costa Rica, lo fusilan.

La principal actividad productiva de la finca era agrícola, desde 1800, hasta mediados del siglo XX, los dueños dedicaron a hacer negocio con la tierra, cultivaron, tabaco, cacao, café, banano, caña y crianza de ganado y hoy piña. Los abuelos de los que hoy la administran, sirvieron a los dueños con iniciativas de contar con una finca autosuficiente, con intenciones de vender productos finales y no solo materia prima, así intentaron industriar la actividad agropecuaria para lo que buscaron la unión con las demás fincas de Centroamérica creando un solo mercado, pero no funciono por los intereses distintos de los propios dueños de las distintas fincas y por la intromisión de la finca de los Estados Unidos que prometió ayudar a cambio de que les siguieran vendiendo las materias primas.

En los últimos 50 años, el crecimiento poblacional y las inversiones se ha concentrado en una parte de la finca, significando que por cada km lo habitan   mientras que el resto de la finca el resultado es. Las decisiones de los dueños de la finca que son los que tienen más tierra, han invertido en urbanizar el centro de la finca, creando empleo, lo cual hace que los desempleados de las otras partes de la finca migren al centro en busca de empleo y otros servicios con que cuenta el centro. En ese pequeño centro se concentra “lo moderno”. Hay fiestas cada año, hay ofertas en los comercios, hay diversiones para los chicos y ropa bonita para las doñas.

Lo anterior ha traído problemas sociales como la falta de viviendas para alojar a todos los que quieren vivir en el centro. Las calles ya no son suficientes para la gran cantidad de carros, lo que provoca sofocantes presas, contaminación sónica, y la emisión de gases. Sus barrios se han vuelto inseguros, la mayor parte de las casas de los asalariados son modestas y parecen pequeños fortines por temor al robo que para octubre del 2018, se habían contabilizado 8967, un promedio de un robo cada hora del día.

Algunos de sus pobladores por la falta de empleo, educación y oportunidades de desarrollo se han dedicado a actividades ilícitas como la distribución de drogas al servicio de otros distribuidores mayores como son los carteles de Medellin, Sinaloa. Otros que se desempeñan en la administración de la finca, aprovechan sus puestos para hacer negocios en beneficio propio, son los que se les llama los que cometen delitos de “cuello blanco”. Esto ha traído problemas para los dueños de la finca como para los que viven en ella, pues no tienen la confianza y seguridad en los administradores. Aunque los dueños les permiten elegir nuevos administradores cada 4 años, pero parece que todos son parecidos.

La finca es administrada por don Carlos Alvarado y un grupo de burócratas que componen la hacienda pública. Los dueños no quieren darle más plata, porque aducen que se gasta mucho y de mala forma, por lo que le han pedido que suba los impuestos a quienes habitan la finca. Los dueños tienen una posición firme y clara, hay que reducir gastos y eso implica la necesidad de aumentar la eficiencia de los administradores y cortarles privilegios y cobrar más a los asalariados de la finca.

El problema es que la finca compite con otras fincas a nivel internacional, siendo la más grande y poderosa la finca de los Estados Unidos, a la cual de debemos mucho, le compramos casi todo y los dueños de la finca de Costa Rica tienen buenos negocios con los dueños de la finca de los Estados Unidos.

Los dueños de la finca de Costa Rica, desde hace varias décadas atrás, dejaron de producir el arroz, los frijoles que compone el plato de la mayoría de los asalariados. Aducen que es más barato comprarlo afuera. Hoy esta finca tiene un déficit comercial del 9% con respecto a lo que se produce anualmente (PIB), pero parece que esto no es problema según los asesores externos que tiene la finca como son el FMI. Ellos dicen que esto es así en un mundo globalizado de fincas.

Además del staff administrativo la finca cuenta con una Junta Directiva compuesta por 57 miembros propietarios, don Fernando Cruz que funge como Fiscal y dos miembros con derecho a voz, pero sin voto: la iglesia y los medios de comunicación.

Además de los problemas con los dueños de la finca, la Junta Directiva no se pone de acuerdo entre si y viven echándose culpa unos a otros, criticando y restando respaldo a los administradores. Los dueños y los asesores externos siguen muy preocupados, parecen que quieren venderla a la finca de los Estados Unidos, la idea les parece, solo deben fijar el precio y las condiciones.

Por Dr. Humberto Aguilar Arroyo. Sociólogo y profesor e investigador de la UNED. Correo Electrónico.: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.