H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por Mag. Sonia Vargas*

       Este mes se ofrece la historia de vida de un hombre ejemplar, trabajador que no se da por vencido ante la adversidad, su vida se caracteriza por la lucha diaria y por ser ejemplo para su familia, amigos y vecinos. Don Guido Solís Sànchez nació el 10 de junio de 1949 en General Viejo en del hogar conformado por Antonio Solís Elizondo y María Rosa Sánchez Muñoz.

       Don Guido Solís Sánchez un hombre ejemplar, trabajador que no se da por vencido ante la adversidad, su vida se caracteriza por la lucha diaria y por ser ejemplo para su familia, amigos y vecinos. Don guido nació el 10 de junio de 1949 en General Viejo en el hogar conformado por Antonio Solís Elizondo y María Rosa Sánchez Muñoz.

    Creció en General Viejo primera comunidad constituida en el Valle del General gracias a la colonización que se dio a finales del siglo XIX e inicios de siglo XX, hizo sus estudios primarios en la escuela Fernando Valverde Vega y disfrutó su infancia como los niños de la época, pero la distancia a los centros de estudio de secundaria y la necesidad de trabajar no permitieron que don Guido continuara sus estudios. Desde chiquillo ha trabajado en el campo labrando la tierra que tanto ama, cultivando los alimentos que consume, en especial el café, primero con su padre y hermanos y luego en su propia finca.

      El espíritu de esfuerzo y de querer crecer lo hizo en 1969 casarse con el amor de su vida Flor Rojas Céspedes y trasladarse a vivir a San Luis de General Viejo, de ese enlace nacieron 3 hijos dos estudiaron educación y han colaborado con la educación del cantón. Dicha comunidad hoy está organizada y es prospera, pero como lo indica don Guido “los inicios fueron duros porque el camino era de tierra y se trabajaba con bueyes, no había escuela, ni templo, se tuvo que empezar de cero”. Comprendiendo que la educación es la base fundamental en las comunidades don Guido y su esposa unieron esfuerzos para buscar apoyo y fundar una escuela, debido a que los niños debían caminar una hora hasta la comunidad de La Linda, aunado a eso el trayecto era peligroso y en invierno la quebrada se anegaba.

       Para que el sueño de contar con una escuela y un templo católico en la comunidad fuese una realidad don Guido donó una hectárea de terreno, en él se construyeron dos ranchitos, en uno la maestra impartía lecciones, en el otro se impartía catecismo y cada dos meses se realizaba la eucaristía. Esos dos ranchos de antaño con el esfuerzo de la comunidad se convirtieron en dos inmuebles modernos con todas las comunidades que los habitantes del pueblo requieren, esa escuela llamada Centro Educativo San Luis ha visto graduarse a cientos de niños y ese templo es el refugio espiritual de los fieles y testigo fiel de bodas, bautizos y toda actividad religiosa.

     En sus 70 años don Guido ha tenido grandes satisfacciones, la más importante indica, el nacimiento de sus tres hijos, pero la vida también lo ha golpeado duramente, en el lapso de cuatro años Dios quiso que dos de sus hijos y un nieto partieran, dejando un vació enorme en ese corazón noble; con lágrimas en sus ojos y la sencillez que lo caracteriza don Guido exclama” como me hacen falta mis chiquitos, Angeliquita (la hija) era muy cariñosa, pero hay que seguir, Dios lo quiso así”.

    Don Guido sigue sonriendo, porque a pesar del dolor aun le acompañada su amada esposa, un hijo, cinco nietos y un bisnieto, por ellos y para ellos se levanta al amanecer y después de tomarse un buen café dirige sus pasos a la finca, a ese trabajo de campo que ha realizado casi toda su vida, pero que es al fin y al cabo lo que le genera vida, como él lo indica, no se puede vivir sin trabajar.

*Mag. Sonia Vargas Fenández. Profesora de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.