H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Profesor Mag. Manuel Vargas Chinchilla*

      Como resultado de las noticias recientes sobre el tema de evaluación docente, cambios en los programas de estudio y otras decisiones vinculadas con el campo de la educación Pública en Costa Rica en primaria y secundaria, se comparte un artículo escrito por el profesor Manuel Vargas en setiembre del 2017, que demuestra que estas discusiones con recurrentes por los gobiernos en turno, especialmente en Latinoamérica, pero sin atacar las raíces reales el problema.

      En los primeros días de setiembre, a través de las redes sociales, recibí un artículo titulado “Adiós a la plaza. Cambiar a los maestros o cambiar de maestros”. En dicho artículo se exponen algunas ideas sobre el carácter de la reforma educativa en México, visualizada como un ataque frontal al magisterio. Esto permite que se puedan establecer algunos puentes con la realidad que viven los docentes en nuestro país y visualizarlo como parte de un proyecto diseñado para la región.

    El problema de la calidad educativa se focaliza en el desempeño docente, posteriormente se traslada del desempeño, directo hacia los maestros, los modos de contratación, sobre la organización colectiva, aduciendo responsabilidades en la falta de calidad educativa.

     Se insistió en la necesidad de la profesionalización del docente lo que incidió en una posibilidad actualizarse, profesionalizarse y con ello mejorar la condición laboral, obligatoria, pero vista como una conquista del magisterio. Sin embargo, el problema de la calidad lo cambió todo. Se encontraron todas las perversiones posibles (institucionales, laborales, pedagógicas y subjetivas) no solo alrededor de la organización colectiva, sino del magisterio en su conjunto. Ese magisterio moldeado en un sistema educativo nacional corporativizado, con derechos y obligaciones, subordinado al Estado y recibiendo beneficios, estabilidad, y además cumpliendo tareas de Estado en materia educativa y en algunos casos haciendo tareas de partido. Lo que articula todo esto es la plaza en propiedad, que es más que un trabajo.

      La plaza en propiedad es garantía de estabilidad (trabajo de por vida), a esto se suma la movilidad social, se marca la ruta del adolescente (de la escuela a la normal y de vuelta a la escuela, como maestro). Con la plaza se establece la solidaridad intergeneracional, el reconocimiento administrativo de una relación sindical, una seña de identidad, un reconocimiento individual de un derecho colectivo, etc.

      Con la reforma, se cancela plazas a normalistas recién graduados, aumentan los interinatos, por fracciones de tiempo, fragmentación de plazas, que afectan a los trabajadores nuevos, no a los viejos de momento. Posteriormente a todos se les aplicarán modelos de evaluación en principio no obligatorios. La novedad en la reforma es atacar al maestro organizado, atacar la plaza es atacar la clave de la organización gremial, la estabilidad, los derechos, prestaciones, su formación, su práctica, su identidad, su reconocimiento social.

      La evaluación docente es el mecanismo de destrucción de la base subjetiva e institucional del magisterio; y, al mismo tiempo, el pivote de reconfiguración de las y los nuevos maestros.

      Se conserva el trabajo, no la plaza. Con esto la organización gremial, nadie defenderá al docente no idóneo, el fallo, punto. Esto genera que las acciones colectivas vengan a menos, por la competencia y la discordia entre docentes. Si la evaluación institucionaliza la inseguridad, también genera desconfianzas intersubjetivas, dificulta la organización del común, produce otras estratificaciones al interior de la escuela, entre maestros, con directivos, padres de familia, estudiantes y ciudadanos.

      Lo que se busca es cambiar al magisterio. Muchos se acogen a programas jubilatorios de forma voluntaria, los que se quedan y los que llegan cambian su identidad, sus condiciones laborales su formación, etc. Cambiar a los maestros o cambiar de maestros. Los necesarios para el capitalismo contemporáneo, con mercados laborales flexibles, individualistas, precarios e inseguros. No son errores de la reforma, son sus propósitos verdaderos.

      Se trata de un artículo interesante y muy sugerente que nos invita a reflexionar en algunas cosas. Primero, deja una sensación extraña, un sabor a algo ya vivido en algunos de sus extremos, lo que parece ser más bien una experiencia dentro de un proyecto más amplio a nivel regional, muchos países latinoamericanos están metidos en esa danza. El nuestro no es la excepción.Segundo, uno de los primeros pasos vino con modificación a los regímenes de pensiones del magisterio, que entre otras cosas aumentó los años de servicio y disminuyó los montos de la jubilación.

     Tercero, la llegada de la ampliación del ciclo lectivo, los venerados doscientos días, que introduce la sensación de mejora económica, pero sobre la base de mayor cantidad de trabajo, no estamos devengando mejores salarios.

    Cuarto, dentro de la construcción del discurso de la calidad de la educación, las fallidas pruebas de sexto grado, noveno año y bachillerato (aún vigentes) se ha querido establecer elementos para evaluar la calidad de la educación y lanzando a los docentes en un frenesí para que la mayoría de sus estudiantes aprueben los exámenes mencionados.

    Quinto, se insistió en la necesidad de la certificación de los docentes y se inició con los docentes de inglés. Sexto, con la introducción de las cuarenta lecciones en propiedad y las cuatro funestas lecciones de planeamiento para quienes ostenten las cuarenta lecciones, se desata otro proceso vertiginoso por ostentar los grados de licenciatura y combinarlo con un diplomado en primaria para asegurar por el momento las lecciones en propiedad. Contemporáneamente y en nombre del descenso demográfico, muchas de las propiedades se han fragmentado obligando a docentes a laborar en dos, tres o hasta cuatro centros educativos diferentes, y sobre viene la pregunta ¿lecciones en propiedad?

    Sétimo, hay un esfuerzo por generar nuevos programas de estudio y modificaciones al reglamento de evaluación, incluyendo el famoso adelantamiento, que vuelven muy improductivo el tiempo lectivo de los estudiantes, amén del abuso de actividades extracurriculares, sin embargo, a los docentes se les sigue exigiendo altos índices de rendimiento académico, oh triste realidad inversa. Si el rendimiento es bajo, justificarlo con informes que solo responsabilizan al docente, desarticulando la relación docente – estudiante – familia – administración. Pero tampoco se puede olvidar la judicialización de los procesos ante las faltas muy graves y gravísimas cometidas por los estudiantes, que complican la labor docente en nombre del debido proceso.

     Octavo, no es de extrañarse entonces que florezcan afirmaciones tales como el síndrome del quemado, o la guerra de papeles, efectivamente los problemas están ahí, pero, las asociaciones magisteriales no logran trascender discusiones insulsas al respecto manteniendo negociaciones débiles con la parte patronal. Nada sustantivo en materia de salarios y condiciones de trabajo.

    Noveno: perdón, perdón, no son asociaciones magisteriales, son Sindicatos.  Por el contrario, en nombre de una  convención colectiva que ha producido desencantos y sentimientos heridos, tampoco hay conquistas de trascendencia, por algo el patrón la ratificó y por tres años más.

    Décimo, no es de sorprenderse, sindicatos que no se reencuentran, docentes divididos por la pugna de lecciones y categorías profesionales, laborando en varios centros educativos, sin construir identidad en alguno de ello, estudiantes con un cuso lectivo tan extenso, extenuante e improductivo, amén del breve respiro que significa el Festival Estudiantil de las Artes, La Feria Científica, los Consejos de Nivel, que secuestran a los docentes, aumentando el tiempo en pasillos, está efectivamente fragmentando la identidad del cuerpo docente, la solidez educativa  de estudiantes, la furia de padres de familia cuando reciben las calificaciones y se dan cuenta de  que han perdido el norte formativo y el control educativo de sus hijos, unido a la difícil y angustiante situación económica.

    Efectivamente es el caldo idóneo, para reformas educativas que buscan eso y acoplar esta dinámica a las fuerzas de mercado que demandan fuerza de trabajo barata. Esto sin que aun logremos desentrañar la forma en que se redefinirán las cosas a partir de la reforma procesal laboral. Efectivamente, esto es capitalismo.