H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

 

     Con la Batalla de Santa Rosa, el 20 de marzo de 1856 y que transcurrió en un lapso de 15 a 20 minutos con la victoria de nuestros valientes soldados, hay que tener  presente, que los costarricenses defendieron al país de la amenaza de los filibusteros y demostraron que eran verdaderamente libres.

     Entre los logros de esta y otras luchas sucesivas durante el periodo decimonónico,  se determinó la consolidación de la recién adquirida independencia en 1821 e impidió que la incipiente  República fuera de nuevo colonizada por alguna potencia hegemónica, pero más que ello sirvió para unir a los costarricenses frente al enemigo, dando origen a los héroes necesarios para la tradición patria y lo más trascendental, para construir y consolidar lo que vamos a conocer como la soberanía nacional.

     Si bien han transcurrido casi 165 años desde que los ejércitos Centroamericanos se batieron en armas contra las fuerzas filibusteras dirigidas por William Walker, para evitar a toda costa que sus planes esclavistas e imperialistas se hicieran realidad en suelo centroamericano; traigamos este espíritu al presente, pues de seguro, inspirados en todos ellos podremos resolver grandes dilemas que se ciernen sobre la sociedad costarricense y de la región en general.

     Así los cosas, seamos de las personas que velemos porque las efemérides patrias no se conviertan en días huecos, vacíos y alejados de la vida real. Que los héroes del 56, no pasen desapercibidos ni queden en la feroz indiferencia de la nostalgía y el cursi ritualismo, por el contrario, que sirva para alentarnos a revisar sobre nuestro rol en la sociedad que estamos haciendo y heredando a generaciones futuras. Principalmente, debemos motivarnos a actuar responsablemente ante los proyectos políticos, económicos que se ciernen y ya se miran con terrible incetidumbre y pesimismo en el horizonte, así tamién que se tornan plagados de vil irrespeto en detrimento de sectores históricamente desasistidos y excluidos.

     Bien tomemos la simbólica gesta de estos animosos y humildes soldados costarricences, la cual debe permanecer como una constante histórica en nuestra realidad cotidiana, encausada a través del diálogo; pero a la vez, con acciones reales, convenidas y vedaderamente esperanzadoras.   

     Sin duda, el país se encuentra urgido de esa esencia y vitalidad  del 56 de nueva cuenta; pues sumido en una encrucijada de dilemas sin precedentes, se miran una serie de repercusiones, que  obligan a generar acuerdos integrales y convenidos de todos los sectores del colectivo nacional sin exclusión alguna.

     En virtud de lo anterior, esta conmemoración debe entenderse como gran pretexto para reflexionar sobre como enfrentar las disyuntivas fantasiosas,  timadoras y cargadas de azote emocional, que  hoy por hoy, penetran y socaban las fibras más sensibles y lobales de algunas convicciones que han distinguido a Costa Rica. Más que nunca, nos encontramos en tiempos donde hay que tomar en cuenta a los valientes de Santa Rosa y Rivas, así como a todos los sectores de la sociedad que conforman el conjunto costarricense.  

     Dejemos de subestimar e invisivilizar, el aporte de diferentes personas en el desarrollo histórico nacional, pues su papel como protagonistas activos y permanentes sigue olvidado e ignorado vilmente. Muestra de ello es el asesinato del  líder indígena Sergio Rojas, que a final de cuentas lo que deja al descubierto de nueva cuenta, es la desvalorisación sitemática de la herencia indígena y más que ello, el maltrato histórico que han sufrido estas poblaciones en Costa Rica.

     En razón, que la gesta del 56 y la de Sergio Rojas sirva de ejemplo heroico, para que todos sin excepción, nos unamos a ayudar a los pueblos indígenas para eliminar la agresión, el saqueo, la sobreexplotación y la deculturación que han sufrido a causa de la negligencia estatal, de la usurpación de sus tierras, el robo de sus recursos naturales, además de la indiferencia y el acoso manifestado en todas las expresiones habidas y por haber.

      En especial, sumemos en la reflexión de este 20 de marzo, la gesta de Sergio Rojas y de los pobladores de los ocho grupos indígenas definidos en el territorio costarricense; como   luchadores perennes contra el filibusterismo cultural colonialista, que les impide conservar su identidad como pueblo y en caso extremos hasta existir

     Que los procesos históricos reales señalados se reviertan y coadyuven, tanto a fortalecer la identidad, a lograr sus reivindicaciones por la posesión de tierras y de sus recursos naturales, de igual modo, a obtener un espacio de participación y acceso digno y justo en todos los espacios nacionales.

Cátedra de Historia de la UNED