H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
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Ficha técnica

Dirección: Paul Anderson.

Producción: Paul Anderson.

Guion: Paul Anderson.

Fotografía: Robert Elswit.

Edición: Dylan Tichenor.

Duración: 158 minutos.

Año: 2007.

 

 

 

Mag. Wagner Ramírez Arroyo*

   Estados Unidos es una nación que creció gracias a las campañas expansionistas de gentes aventureras que cabalgaron hacia el Oeste. Estos pioneros arriesgaron sus vidas luchando con “indios” que defendían sus tierras, soportaron climas adversos que congelaron caravanas enteras y lidiaron con una geografía impredecible y casi impenetrable. La ideología que sustentaba y justificaba este proceso de conquista la conocemos hoy como el “Destino Manifiesto”. Esta doctrina predicaba que el pueblo de Estados Unidos, tenía la responsabilidad, otorgada por Dios, de civilizar y evangelizar aquellas tierras gobernadas por el demonio y la barbarie. En la actualidad sabemos que detrás de toda esta parafernalia discursiva se escondía el deseo individualista y egoísta de tomar por la fuerza lo que pertenece al otro. En el Oeste, los pioneros tuvieron la oportunidad de buscar riquezas y crear un mundo diseñado a beneficio propio.

    Esta película, Petróleo Sangriento, es una alegoría a este periodo de la historia estadounidense. El director no camina por el cómodo camino de lo políticamente correcto, desmitifica el “sueño americano” pintándolo de rojo carmesí, poniendo a flor de piel la violencia que construyó los grandes imperios petroleros. Estamos ante un filme de gran calidad, una obra de arte cinematográfica que cuenta con todos los elementos necesarios para ser considera como una película de culto.

    Primero, resaltamos el mérito osado de intentar decir la verdad histórica aunque sea incómoda, porque es común que el cine hollywoodense idealice este pasado turbulento, presentando personajes llenos de códigos morales predecibles y acordes con el proyecto nacional. Pocos directores han tocado tan profundo el tuétano de la ambición estadounidense como Paul Thomas Anderson en su película Petróleo Sangriento.

    La Trama se desarrolla en la primera mitad del siglo XX, cuando la explotación petrolero se abría paso entre la ganadería y la industria. Cuenta la historia de dos hombres, cada uno con su propio método particular de enriquecerse. El protagonista es Daniel Plainview, es un buscador de petróleo inescrupuloso que entiende los códigos morales como un obstáculo más que debe sortear. Se muestra totalmente deshumanizado y maquiavélico, sin la mínima muestra de amor hacia el prójimo, ni siquiera a su hijo.  Su antagonista es Elí Sunday, un joven campesino que aspira a convenirse en un líder religioso en su comunidad. Los dos hombres se enfrentan ideológicamente, entablan una guerra fría, ambos buscan la aceptación popular para construir su imperio, se utilizan uno a otro, en ocasiones hasta se comportan simbióticamente, pero al mismo tiempo planean destruirse mutuamente.

    Con respecto a los criterios técnicos de la producción también existen importantes logros. La banda sonora es más que adecuada. La música acompaña el sentimiento atmosférico que se vive en cada escena. El largometraje avanza con la ayuda del ritmo musical que va de la mano con la fotografía, la cual evita el uso de trucos digitales y se esmera en plasmar el sudeste vivo de los Estados Unidos.  Así captura la verdadera belleza del paisaje. El principal recurso lumínico es la luz natural, el fuego que hace clara referencia al infierno que viven los protagonistas. El guion está tan bien elaborado que mantiene una fuerte  tensión a lo largo de la película la expectativa es constante, a pesar de la casi exagerada duración. Está enormemente basado en la novela “Oil” de Upton Sinclair, pero introdujo cambios radicales en la trama, tanto para minimizar los créditos correspondientes. 

    El tema principal de la película es la insaciable codicia humana. Daniel Plainview es su alegoría, su encarnación, casi la máxima expresión de maldad. Su codicia mueve todo los hilos argumentales. No tiene reparo en su salvajismo para saciar su necesidad de poder. Aún sentado en el trono de la opulencia, es un cascarón hueco y deja desbocar su narcicismo constantemente. Su punto álgido de maldad llega cuando confiesa a su propio hijo que lo utilizó solo como un medio de infundir lástima, como un mecanismo para comprar cada vez más tierras. Cuando ya tiene todo lo económicamente posible, se da cuenta de su vacío existencial, entonces recurre a la venganza, solo para descubrir que tampoco lo llena.

    Sería injusto insinuar que la codicia desmedida es un atributo particular del pueblo estadounidense, la ambición es un impulso primitivo inherente de la humanidad. La batalla de Daniel Plainview es la misma que dieron varios de sus compatriotas en el pasado. Los pioneros, en su afán de conquista,  lucharon contra la naturaleza, a través de una darwiniana selección natural, los más fuertes resultaron victoriosos. La América que muestra Paul Anderson en Petróleo sangriento es una tierra de oportunidades, donde la regulación moral es derrotada por la ambición capitalista… la religión cae derrotada ante el petróleo. Estamos ante uno de los personajes más crueles y primitivos del cine, un villano que puede llegar a ser admirado dependiendo del lente a través del cual se mire. No debemos olvidar que se convierte en un  magnate industrial, que vive en la opulencia y se da el privilegio de aplastar a sus enemigos con su astucia.

    La vigencia de esta producción se contextualiza incluso en América Latina, aquí, también el hombre “blanco” ha despojado a los “indios” de sus tierras. Incluso en países autoproclamados defensores de la paz, de los derechos humanos y del medio ambiente, vemos conflictos actuales entre indígenas y usurpadores de tierras. Incluso en Costa Rica, cuyo gobierno abandera su imagen pública en los más legítimos valores de respeto y tolerancia hacia la diversidad, los asesinatos por disputas de tierras, impulsados por la codicia humana, no pueden ser ocultados al mundo.

*Mag. Wagner Ramírez Arroyo, docente universitario de la Cátedra de Historia de la UNED, Bachiller en la Enseñanza de los Estudios Sociales y la Educación Cívica por la Universidad de Costa Rica y Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad Americana.