H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

   

     Hace 163 años, el ejército de Costa Rica y de los otros países centroamericanos se alzaron en armas contra las fuerzas filibusteras lideradas por el intrépido William Walker; todo con la intención de impedir que sus planes imperialistas se expandieran y concretaran en nuestra región.

    Así las cosas, enaltezcamos el espíritu visionario de los esforzados y gallardos soldados que decidieron marchar hacia el norte del país y que el 11 de abril de 1856, dieron sus vidas con la clara idea, de defender la patria de la amenaza filibustera y librar de la vil opresión a las nuevas generaciones.

    De esta manera, la victoria obtenida de todas estas modestas personas, debería de llenarnos de orgullo y servir de elemento inspirador para emprender las nuevas batallas que nos asechan. Al igual que esta simbólica gesta, asumamos con valor y responsabilidad el compromiso como defensores de nuestra actitud hacia la patria; pero también,  seamos vigilantes de la dignidad y los derechos que los antepasados nos heredaron con justicia, sacrificio y diálogo social.

    Dicho en otros términos, existen infinidad de ejemplos en los que la sociedad costarricense a lo largo de la historia, haciendo uso del reclamo y de la negociación social ha llegado a impulsar y obtener el reconocimiento de sus derechos.

    De igual modo, ha defendido y frenado con gran nervio y honor, situaciones jurídicas ya consolidadas por nuestros abuelos y que algunos grupos hegemónicos osadamente, intentaron modificar a favor de sus intereses y en detrimento de los más vulnerables.

    En general, los  beneficios obtenidos por las diferentes luchas ocurridas en nuestro país son innumerables y sumamente beneficiosas; donde en su mayoría, el proceso de convulsión social, a diferencia del resto de países latinoamericanos, se han caracterizado por ser eventos más de negociación que de presión.

    En virtud de lo anterior, nos debe preocupar la constante que se ha venido presentado en los últimos meses, donde la tradicional Costa Rica se ha visto sumida en un escenario de desencuentros en lo que ha estado ausente la  negociación, la prudencia, la convención y todos aquellos acuerdos históricos esenciales que han facilitado la cultura del diálogo para alcanzar la paz social y con ello, la construcción de nuevos juegos políticos.

    Partiendo de esa lógica, todas las partes que conformamos este glorioso país que algunos llaman peyorativamente “la gran finca”, estamos obligados a demostrar mayor voluntad de negociación para poder obtener efectos prácticos. No obstante, el gobierno de Costa Rica está llamado por antonomasia, a ser gran protagonista en este encuentro y así recapacitar su estilo de relación antidemocrática que ha venido aplicando con los diferentes sectores.

    A según la experiencia, todo nos muestra, que quizás este sea un elemento importante que podría estar obstaculizando el buen desarrollo de Costa Rica;  pues al parecer se mira al gobierno y otros actores hegemónicospredispuestos más al conflicto y a la convulsión que a la propia negociación. 

    Empero, esto se agrava con la la violación de condiciones de los derechos laborales y la destrucción de fuentes de empleo tanto en el sector privado como público. Más aún, con la nueva propuesta de ley de empleo público, donde además de “tugurizar” el empleo no se percibe voluntad política para regular las nuevas condiciones laborales de manera convenida y dialogada.

    Si bien es claro que el derecho laboral, siempre se ha encontrado en la imperiosa necesidad de evolucionar, adaptándose a las cambiantes de la sociedad; también debe existir adecuado balance que satisfaga las necesidades de ésta sin poner en riesgo los derechos generales o particulares de los diferentes actores sociales.

    Sin duda, el buen funcionamiento de las estructuras y los procesos de diálogo verdadero pueden ser utilizadas como herramientas para solventar necesidades y problemas provenientes de circunstancias diversas. En particular, contribuir a atender y resolver una serie de problemas económicos y sociales que atormentan a toda la ciudadanía.

    En general, todo esfuerzo convenido y dialogado puede alentar prácticas de buen gobierno, favorecer la paz y la estabilidad en el plano social y laboral, que tanto hoy Costa Rica extraña.

Basta un instante para hacer un héroe; pero se necesita una vida entera para hacer hombres de bien.” P. Brulat

Cátedra de Historia de la UNED