H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por Mag. María Soledad Hernández Carmona*

(…) la lucha social se dirime en el proceso histórico mediante la “guerra de posición”, es decir, mediante la confrontación permanente entre dominados y dominadores en los diversos espacios políticos

       En el libro Identidades en disputa. Las reinvenciones del  género y de la sexualidad en la Costa Rica de la primera mitad del siglo XX, la Dra. Patricia Alvarenga Venutolo nos ofrece una reinterpretación de los roles hegemónicos de género y sitúa en el centro de la discusión el papel histórico que el Estado Nación y sus instituciones han tenido en la construcción de la feminidad y la masculinidad. Desde la construcción de una moralidad dominante hasta la instauración de múltiples mecanismos de control, condena y represión sobre el cuerpo y la mente de las mujeres, la historia de la primera parte del siglo XX transcurre entre discursos que pretenden instaurar verdades “eternas e inamovibles”.

       Entre sus páginas que leí con asiduidad, se revela de un modo muy particular ese traslape existente entre el discurso político y religioso, tan paradójico de una sociedad que pregona el advenimiento al mundo del orden y el progreso que ha heredado de las corrientes del liberalismo económico.

       En ese marco social no hay dualismos posibles, o se es una mujer virtuosa o se es una mujer perdida, esta última opción conduce en palabras de la autora, tanto a la muerte simbólica como física.

       Así, periódicos religiosos como La Verdad (1918), calificaban al siglo XX como “el siglo de la inmoralidad”, y por tanto, el placer, la libertad sexual y el empoderamiento llevan al desorden, al caos y a la muerte, en contraposición con la virtud, la contención y el orden.

       El arte, la literatura, el teatro, el cine son todos espacios de transgresión que sin embargo se encuentran mediatizados por el Estado mediante el reforzamiento de constructos sociales asociados a un ideal de mujer y de hombre, que más allá de buenos ciudadanos, son ante todo almas y cuerpos obedientes, sujetos a un status de “normalidad”, muy propio de los proyectos nacionales del período.

       El texto abunda en ejemplos que muestran como hubo una preocupación constante del Estado Costarricense por instaurar un concepto de familia virtuosa, obediente y sumisa, cuyo principal responsable es siempre la mujer, depositaria y difusora de los más altos valores de los hijos de la Patria. En contraste, todas aquellas mujeres de polvos y coloretes que osaron desafiar el sistema de valores sociales y religiosos, fueron duramente castigadas y condenadas en el mejor de los casos al ostracismo y la invisibilización, cuando no también a la cárcel y el escarnio público.

       Si bien, hubo medianías por parte de sectores entendidos como de izquierda o de vanguardia, lo cierto del caso es que con leves variaciones en el discurso político, estos grupos terminan solapando la imposición de una moral que ensalza la discreción, la obediencia y el decoro de la identidad femenina de las clases subalternas.

       Como epílogo a esta interesante e impostergable discusión sobre género e identidad, la autora concluye este libro dedicando dos capítulos a la prueba y el análisis de las causas y los efectos que el sistema punitivo costarricense desplegó contra aquellos ciudadanos y ciudadanas que desde el libre ejercicio de su “in-moralidad” cuestionaron los cánones existentes y desbordaron su sexualidad, en franca transgresión del orden imperante.

       Es interesante ver como a través de la lectura de las fuentes históricas de la época, la Dra. Alvarenga  reconstruye y arroja luz sobre esos los límites de la transgresión que forman parte de la construcción de nuestra identidad. Valga decir que esta investigación constituye en todo caso un esfuerzo trascendental para entender la moral imperante, la imposición de patrones de conducta socialmente aceptables en esta primera parte del siglo XX; pero ante todo, nos lleva a repensar si realmente nos hemos liberado del velo de la opresión y el control social que justificó y sigue justificando la afrenta y la descalificación de la pluralidad, la diversidad, y la violencia contra esa “otredad disonante” que es también consustancial a la identidad del costarricense de hoy.

*Mag. María Soledad Hernández Carmona. Profesora de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrònico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Bibliografía

Alvarenga, P (2012). Identidades en disputa. Las reinvenciones del  género y de la sexualidad en la Costa Rica de la primera mitad del siglo XX. San José: Editorial Costa Rica, 2012. p xxxv