H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Mag. Ronald Obaldía González*

  Los supergobernantes, un concepto expuesto por el científico social Jaime Daremblum, o los “supersátrapas”, en este 2019 entendemos que entran en la etapa de decadencia, y de paso en el temprano derrocamiento. Las presiones de las masas populares comenzaron a reclamar las libertades fundamentales y la plena institucionalidad democrática, dentro de lo cual resalta la exigencia en que las fuerzas armadas sean apenas responsables de sus roles tradicionales, es decir, los relacionados con la seguridad y la defensa nacionales.Como tal, estos aparatos represivos habrán de alejarse de la política, de acuerdo con los resonantes argumentos de la oposición civil.

    El desplome de las dictaduras y sus respectivas redes de clientelismo cleptocrático se pone de manifiesto en América Latina. Les ha llegado la hora. Los colapsos de las tiranías corruptas de Nicaragua, Venezuela, y probablemente Cuba, son extensivos en África, particularmente en el mundo musulmán. Argelia y Sudán llevan la delantera. Lo cual apunta a cambios cismáticos; por lo que el renacer de la segunda versión de “la primavera árabe” podría estarse asomando. 

    Las dos naciones africanas, recientemente, han derrocado a "dos autócratas envejecidos", .poniéndose fin a 20 y 30 años respectivamente de regímenes absolutistas (Ishac Diwan), de mano dura. El primer país a cargo de Abdelaziz Buteflika y el segundo bajo el poder de Omar al-Bashir, quien asumió el poder por la vía del golpe de Estado contra el supuesto gobierno civil (electo en 1996 – 2000), cuya base de apoyo ha descansado en el predominio mayoritario de los árabes y los negros musulmanes, e inequívocamente en las Fuerzas Armadas, quien lo había impuesto primero, mediante el golpe de Estado de 1989; posteriormente, reelecto, en medio de cinco procesos electorales fraudulentos, cuestionados de modo vehemente por la oposición, compuesta en su mayoría por la clase media y los gremios de profesionales, incluso por algunos sectores del islamismo.

    Con sus diferencias, y similitudes, como el hecho de haberse despilfarrado las ganancias percibidas a raíz del impulso del auge de los precios del petróleo de los años 2000, a favor del aumento del gasto militar, es Sudán un país con un pie en el África subsahariana negra y otro en el mundo árabe; del cual Argelia es bandera en el Magreb norafricano. Allí, en donde el pueblo de los bereberes, derivado de cómo los del antiguo imperio romano los llamaban como entonces: “bárbaros” (Guía del Mundo, 2009). En tanto, fue convertida a la fuerza en el Siglo Vll al Islam, hubo de constituir un grupo étnico, que en el pasado remoto adoptaron una mentalidad menos rígida en cuanto al obedecimiento de los preceptos del profeta Mahoma.

    Dentro de su identidad, el pueblo argelino conserva todavía su lenguaje ancestral (el tamazight). Por eso, son los bereberes, una cultura tan propia y connatural a Argelia, como nacida en ella, al representar cerca del 20% del total de su población. A la vez, ambos países (los sunitas Argelia y Sudán) han llegado a ser golpeados por el fundamentalismo y el extremismo islámico. Cómo que si no bastara la dominación europea en el África, puntualmente en Argelia, quien desde fines del Siglo XVlll hasta el 18 de marzo de 1962, la fecha de su independencia nacional, hubo de soportar cruentas batallas y revueltas militares, de resistencia, frente al poder colonial de Francia; quien se adueñó de su territorio, le saqueó sus recursos económicos, en especial, la producción del trigo (ídem), bajo el humillante “algoritmo” de extracción, a la medida de “la Argelia Francesa”.

    En casi toda la década de 1990 el ejército argelino libró una aplastante guerra contra la radical guerrilla musulmana, patrocinada por organizaciones y partidos del mismo credo religioso. Tanto así, que en las elecciones parlamentarias de 1991, el Frente Islámico de Salvación (FIS), el partido fundamentalista musulmán, alcanzó una contundente victoria, inmediatamente después boicoteada por "los antifundamentalistas", quienes, en asocio con los mandos de las Fuerzas Armadas, se pusieron de acuerdo para ilegalizarlo, y por las vías de hecho desalojarlo del poder en los ayuntamientos regionales. La guerrilla islámica respondió con métodos violentos, por lo que se desató una sangrienta e irrefrenable conflagración armada, tipo “guerra sucia”. Al final, la conducta del ejército argelino en el conflicto fue severamente enjuiciada, tanto por la opinión pública como por la comunidad internacional, ocupada de la protección de los derechos humanos (Guía del Mundo, ídem).

    Cualesquiera de los procesos electorales eran calificados de manipulados y fraudulentos. De manera imprudente, en el escenario de la violencia, el Fondo Monetario Internacional (FMI) atizó más el fuego de la guerra doméstica argelina, imponiendo las propias políticas de ajuste estructural, en medio de una economía de guerra civil, deprimida. Lo cual acentuó el creciente empobrecimiento de gran parte de la clase media y de los sectores desfavorecidos de la población. Precisamente, afloraron los boicot frente a los diferentes mecanismos electorales, en cuenta los fallidos intentos de organizar gobiernos de unidad nacional, precedidos de negociaciones entre el gobierno y los fundamentalistas islámicos, esto con tal de poner punto final a la violencia. La inestabilidad de la administración gubernamental empeoró.

    El caos político se apoderó del "país bereber", lo cual solo con la llegada al poder de Abdelaziz Bouteflika se pudo remediar de forma parcial, luego de triunfar en las elecciones presidenciales de 1999. El nuevo presidente “llamó a un referéndum sobre una ley de reconciliación”. La respuesta fue masivamente positiva (98%); por cierto, con destacada participación y el apoyo de los islamistas del FIS (ídem). Asimismo, el mandatario entrante “anunció una amnistía general para quienes entregaran las armas”, y al mismo tiempo se integraran a la legítima contienda política.

    A pesar de que desde hace cinco años quedó discapacitado casi por completo, en razón de daños cerebrales, aún así venía gobernando, a Bouteflika se le reconoce su particular éxito en la política de la pacificación argelina en los inicios de su primer mandato (1999), para lo cual debió sobreponerse frente a la resistencia de ciertas minorías musulmanas en extremo radicales, hasta el colmo que lograron eliminar aquellos líderes receptivos a las líneas de diálogo con el gobierno.

    En lo correspondiente a la milenaria nación del Sudán, valga subrayar que había sido construida desde sus orígenes remotos por tribus negras, asentadas a las orillas del río Nilo, entre ellas la cultura Nubia (Kushita) la cual nace a partir de 2150 a.C. Tiempo después, la tribu nubia aceptó el cristianismo, desarraigado después, pero no del todo, por la expansión musulmana. Ya en la Era Moderna, a causa de las codiciadas rutas comerciales, el comercio de esclavos, la boyante producción del algodón y las vastas existencias de oro, hubieron de satisfacer los apetitos imperialistas y colonialistas de la Gran Bretaña, así como de los objetivos geopolíticos (islámicos) de la dominación egipcia (también de los otomanos turcos), de lo cual se puso término hasta mediados de la década de 1950. En el caso sudanés, su gobierno - hoy desplazado, de paso cercano a los intereses de China y Rusia - se había convertido en enemigo de Washington, por cuanto se había alegado que ocultaba uno de los santuarios del terrorismo islámico, según la inteligencia estadounidense.

    Las crisis de ambos países africanos, es decir Argelia y Sudán, llegaron a compartir un sustrato económico y unas degeneraciones políticas, psicosociales, sustentadas en la represión y el clientelismo cleptocrático, teniéndose presente los privilegios excesivos de las fuerzas armadas. El pretexto del despilfarro estribó en confrontar las insurrecciones y los golpes de Estado. De este modo, los gastos militares suyos estuvieron entre los más altos del mundo, equiparables con los de Arabia Saudita e Irán (Diwan, ídem). Ninguno supo aprovechar la bonanza de los recursos petroleros en desarrollo humano, lo cual en este año hizo pensar en un efecto contagioso similar a las reyertas en Túnez y Siria, las cuales tuvieron lugar hace apenas siete años, cuando las ansias de libertad corrieron como la pólvora por la región árabe musulmana del Medio Árabe (Álvaro Guzmán).

    Al caer otra vez los precios del petróleo en el 2014, los ingresos fiscales de los gobiernos sudaneses y argelinos se redujeron significativamente. Las reservas acumuladas fueron insuficientes para alcanzar el equilibrio fiscal, por lo que fueron inútiles en cuanto a desplegar política social. Habida cuenta de los desajustes macroeconómicos, los subsidios, además de los servicios sociales se recortaron de manera drástica, menos el presupuesto militar que se duplicó – en Argelia “hoy representa casi un tercio de sus ingresos petroleros" -. Todo lo cual, hubo de originar los últimos levantamientos populares (Diwan, ídem), ampliamente castigados por los uniformados, ellos reacios a devolver el poder a la sociedad civil.

    Es un hecho cierto que las élites gobernantes, ultraconservadores y dictatoriales de Arabia Saudita y el resto de las monarquías o los emiratos del Golfo Pérsico – a excepción de Qatar - habrán de impedir a toda costa la democratización liberal, así como la apertura el pluralismo político de Sudán (al igual que en Argelia), ya que el ejército del país subhariano sigue comportándose en aliado de los acaudalados Emiratos en la guerra contra sus enemigos: los chiitas mahometanos de Yemen. Al cabo que la modernización política, habrá de significar un factor de alto riesgo, inminente en las cerradas estructuras de poder, formateadas por las monarquías del Golfo.

    Sudán acaba de experimentar la violenta fragmentación de su territorio, dado que Sudán del Sur, habitado mayoritariamente por los cristianos, cuyos orígenes se remontan a partir del 300 d.C, asi también la gente de religiones animistas, se colocaron en abierta contradicción y enemistad frente a los islámicos. Ambos grupos religiosos, en desventaja, reclamaron la discriminación y la marginación de las esferas del poder político y social. En particular, se contrapusieron a ser destinatarios de las primitivas y abusivas leyes de la Sharía, provenientes del Corán, así también rechazaron la lengua árabe como la oficial.

    Sudán del Sur, se independizó en el 2011 en el marco del proceso de paz, tras veinte años de enfrentamientos militares frente al gobierno de Sudán del dictador Omar al-Bashir, hasta ahora solicitado por Amnistía Internacional, a fin de ser acusado de genocidio ante la Corte Penal Internacional de La Haya, dados sus crímenes de guerra y de lesa humanidad en la región de Darfur, escenario del conflicto (dejó el saldo de más de 300.000 mil muertos) entre los mismos musulmanes, pero con preponderancia racial, por el cual se vieron enfrentados los “árabes – janjawid” (criadores de camellos), respaldados por el gobierno de Omar al-Bashir, en pos de liquidar los negros, dedicados a la agricultura.

    En cuanto al Índice de Desarrollo Humano o IDH, elaborado por las Naciones Unidas para medir el progreso de un país y que en efecto nos muestra el nivel de vida de sus habitantes, indica que los sudaneses están entre los que peor calidad de vida tienen del mundo. Cabe saber que Sudán se encuentra en el 162º puesto de los 190 que conforman el ranking "Doing Business", el cual clasifica los países, según la facilidad que aportan para hacer negocios. En cuanto al Índice de Percepción de la Corrupción del sector público en Sudán ha sido de 16 puntos, así pues, está entre los países con mayor corrupción en el sector público, de los 180 países analizados (Expansión/Datosmacro.com). De los responsables directos de tales males, cabe señalar las redes clientelistas, compuestas por militares y clanes empresariales, allegados al presidente recién depuesto.

    Por su parte, Argelia es uno de los países más ricos de África. Su pleno desarrollo económico y social se ha visto frenado, como consecuencia de la irracionalidad, los sufrimientos y las secuelas de las guerras internas, lo cual involucró, como hemos citado, al ejército contra los musulmanes radicalizados, especialmente durante la década de 1990 y más acá; además de las implicaciones, acarreadas a raíz de los aislados brotes y tensiones políticas y confesionales, todavía vigentes. La nación del Magreb siempre se ha destacado por contar con una tierra bastante fértil en la zona costera, sus principales producciones son: el algodón, fibras vegetales hechas con hojas de palmera enana, olivos y el tabaco. Aproximadamente, el 25% de la población se dedica a la agricultura y pesca, su sector primario es poco avanzado. Hay que destacar en su economía nacional la producción del cereal (trigo, cebada y avena sativa). Sobresale la exportación de higos, dátiles, esparto y corcho. Con todo, la máxima riqueza natural del país argelino reside en sus grandes recursos de petróleo, gas, fosfatos y hierro. Además, la nación dispone de carbón, plomo y zinc. El 98% de sus exportaciones provienen de la venta de petróleo y gas (Edmundo Fayanas Escuer).

    Nos trasladamos enseguida a un relativamente distinto panorama de la sangría del ámbito musulmán, de interés humano para la civilización occidental; sin embargo, espeluznante, el cual contrasta con las expectativas (inciertas) traídas consigo por las protestas populares, escenificadas en Argelia y Sudán, las cuales tuvieron la fuerza de derribar las respectivas y añejas dictaduras militares de Bouteflika y al Bachar.

En abril de este año la prensa internacional (AFP) dio cuenta de la decisión del sultán de Brunéi, Hassanal Bolkiah de castigar, sean musulmanes o no, con muerte, a pedradas, los vínculos afectivos entre gais, los insultos al profeta Mahoma, así también el adulterio y las violaciones. Con la estricta reforma al código penal, la cual se basa en la Sharía, o sea la ley islámica, se intentará seguir, nada menos, que el ejemplo y las prácticas de Arabia Saudita, reino que además aplica la crucifixión de desertores políticos y apóstatas. A partir de ahora en el pequeño sultanato rico en hidrocarburos, dirigido con mano de hierro por el sultán, situado en la isla de Borneo del archipiélago de Indonesia, a través de la legislación “novedosa” se amputará una mano o un pie a los ladrones.

     La legislación aprobada ha sido criticada implacablemente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), numerosos gobiernos y ONG´s, así también por figuras del ámbito del espectáculo internacional, quienes prometieron boicotear los nueves hoteles de lujo, asociados al extravagante multimillonario y sinvergüenza sultán, quien dicho sea de paso pareciera ignorar, según lo afirma el bloguero Perez Hilton, que su hijo, “el príncipe del sultanato es homosexual”.

    La hipótesis resulta categórica: el despotismo, la intolerancia, la desigualdad social, la corrupción forman parte de la idiosincrasia del Medio Oriente, así también en las esferas mahometanas no árabes. Las élites gobernantes del ámbito musulmán, y sus secuaces, siempre vuelven por sus fueros, por más deseos de cambio político, habidos en sectores sociales minoritarios. Las últimas historias lo han puesto en evidencia. Egipto es hoy uno de los casos patéticos. Confiemos que las manifestaciones (“antisistema) de la oposición civil en Argelia y Sudán, sean la excepción, y puedan resucitarse los ideales de “la primavera árabe”. Tal vez nos pueda dominar el optimismo en la segunda parte de nuestra entrega de comentarios.

*Mag. Ronald Obaldía González. Correo electrònico: