H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
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Ficha técnica

Dirección: Kevin Costner.

Producción: Kevin Costner.

Guion: Michael Blake.

Fotografía: Deam Semler.

Edición: Niel Travis.

Duración: 181 minutos.

Año: 1990

 

Escrito por Mag. Wagner Ramírez Arroyo*

     Nos trasladamos al siglo XX, durante la Guerra de Secesión en Estados Unidos. La trama se desarrolla en tierras indómitas ocupadas por pueblos indígenas. El protagonista es un soldado estadounidense llamado John Dunbar. Bajo una misión intrascendental, el soldado es enviado en solitario a una fortaleza lejana, cuando la alcanza, la encuentra abandonada y decide hacerse cargo del lugar. Durante varios días su única compañía es un lobo solitario que lo vigila a lo lejos. Dadas las vicisitudes de la vida, Dunbar es capturado por una tribu de indígenas Sioux. Durante su cautividad se va dando cuenta de la superioridad moral de los indígenas hasta el punto de ser aceptado como un miembro más de la tribu. Cuando la película llega a su punto más tenso, el protagonista sufre una especie de epifanía que lo ilumina y le da la misión mística de buscar la paz y armonía entre los indígenas y los hombres “blancos”, pero tiene que decidir a cual bando dará su lealtad.

Una Obra Técnicamente Magistral

     Kevin Costner, además de protagonista y director fue coproductor. Danza con Lobos fue un rotundo éxito comercial. A pesar de que fue costosa para su época, costó aproximadamente $19 millones, su rentabilidad fue abundante, recaudando la  impresionante suma de $424 millones. Pero su éxito no se limitó a cuestiones monetarias. Estamos hablando de una producción bastante laureada. Esta “epopeya” de tres horas, que aquí catalogamos dentro del género western, recogió siete premios de la Academia, incluyendo mejor película, mejor director y mejor guion.

     El recurso de utilizar la figura del indígena con simpatía ya había sido probado por Hollywood en The Silent Enemy (1930), Broken Arrow (1950), y Little Big Man (1970), pero no era algo para nada usual y tampoco generó tanto impacto mediático. Podemos decir que Danza con Lobos es una película que relanzó esta temática. En 1990, tratar a los pueblos indígenas con simpatía en un filme aún era algo poco frecuente y olvidado. Además, esta producción tuvo un gran impacto en la cultura cinematográfica estadounidense. Marcó un hito en Hollywood, inició el camino para abandonar el cliché de presentar el indígena como un ser hostil, malvado, oportunista y salvaje.

     Cabe destacar que Graham Greene, fue el primer actor de origen indígena en ser nominado a un premio de la academia como mejor actor de reparto, aunque el premio se lo arrebató Joe Pesci con su papel de Tommy Devito en Goodfellas. Graham Greene se unió al reducido grupo de actores indígenas famosos junto a Will Rogers, Jay Silverheels y Will Sampson.

     Después de Danza con Lobos, la década de los 90 se llenó de producciones cinematográficas que presentaron al indígena con un ser bonachón: El último de los mohicanos (1992), Thunderheart (1992), Gerónimo, una leyenda americana (1993) y Pocahontas (1995), sólo para citar algunos ejemplos. El relato que puso Kevin Costner en escena también se ha vuelto un lugar común: Un soldado occidental participa en una campaña militar contra una tribu salvaje, un evento desafortunado lo pone a merced del enemigo, sufre una revelación mística, se convence que sus enemigos son mejores que sus compatriotas, es aceptado por la tribu como uno de los suyos, se convierte en el mejor guerrero de la tribu y lucha contra su antiguo pueblo. Este cliché fue la columna argumental de producciones comercialmente poderosas como El último Samurái (2003) y Avatar (2009).

     Un aspecto importante que debemos señalar y reconocer es el hecho de que los indígenas hablen en su propia lengua, así se abrió espacio para cerrar el absurdo cliché cinematográfico donde el inglés es un idioma universal que hasta los pueblos más aislados del planeta dominan. Aunque no es la primera película que presenta indígenas con su propio idioma, ya lo habían hecho Eskimo (1933), War Party (1983) y “Powwow Highway” (1989), El poder cultural de Danza con Lobos ha contribuido a erradicar esta práctica del cine.

     Los aspectos técnicos dan la talla, por supuesto. La banda sonora es hermosa, aporta emoción a la historia relatada. La música es tan Influyente que muchas de las frases están dedicadas exclusivamente a una escena. Parece que las emociones son acentuadas por el ritmo musical, lo cual aporta bastante para mantener al espectador en su asiento. Tengo que reconocer que la película es entretenida y emocionante.

Una Producción Cultural Sobrevalorada

     Una vez que hemos dado los reconocimientos pertinentes a esta producción, me siento en la obligación de justificar la presencia de Danza con Lobos en este espacio de apreciación y crítica que nos abre la Cátedra de Historia de la UNED. Para satisfacer esta necesidad he planteado dos preguntas: ¿Danza con Lobos es una película histórica?, ¿Estamos ante una película de calidad superior?

     La primera respuesta es negativa. Danza con Lobos no es una película histórica, es, más bien una película que busca entretener a un espectador vernáculo en temas antropológicos. Aunque se esfuerza por dar al espectador una visión del pueblo Sioux, mostrando a cuentas gotas su vida cotidiana y su entorno cultural, hasta el punto de asemejarse a un documental de National Geographic Channel, está lleno de imprecisiones históricas. Lo cierto es que en Danza con Lobos se vende un indígena simpático, bonachón, moralista y poseedores de una sabiduría ancestral. El director se esfuerza tanto por transmitir una visión positiva que convierte a los Sioux en un pueblo llano, sin contradicciones internas, sin disyuntivas morales, es decir los deshumaniza por completo.

     Podemos reconocer el esfuerzo de denuncia que hace el director, el recordatorio de un evento injusto e infortunado en la historia de Estados Unidos, pero el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. La magna producción se vuelve racista a fin de cuentas. El protagonista de la película es un hombre “blanco”, es el que asume el papel de héroe, el que alcanza la iluminación, el que se sacrifica, el mejor en todos los aspectos. Nos da la impresión, según el guion, que la responsabilidad de salvar al indígena es el hombre “blanco”. Notamos un fuerte paralelismo entre Danza con Lobos y el Destino Manifiesto que reza el deber, otorgado por Dios al Hombre “blanco”, de civilizar a los pueblos salvajes.

     La reacción de los pueblos indígenas de Estados Unidos ante Danza con Lobos no fue complaciente, simplemente porque la historia es contada desde la perspectiva occidental, por más que se buscaba sensibilizar al público estadounidense en temas indígenas, el cuerpo de valores que se transmiten y se aceptan como válidos de reproducir son los que justifican el dominio del hombre blanco sobre los indígenas. No queda claro la verdadera intencionalidad de la película. Sospechamos que es propaganda cultural del hombre “blanco” occidental en busca de redimir sus errores del pasado. O, peor aún, pretende dejar claro la superioridad del hombre “blanco” sobre el indígena americano.

     Con respecto a la segunda pregunta, no nos tiembla la mano para destronar una película aclamada por la industria hollywoodense. Estamos ante una película de mediana categoría. Los millones de dólares que se invierten en cuestiones técnicas y el casting no siempre son congruentes con el resultado, aunque debería serlo. El elenco es sobresaliente, en términos mercadotécnicos, pero Kevin Costner no forma parte de nuestra lista de actores magistrales. Además, esta película no es su mejor trabajo artístico. Para fines mediáticos cumplió bien, gracias a su porte estético, pero no interpretó certeramente las emociones, no construyó su personaje. Su gestualidad no evoluciona al mismo ritmo que la historia de vida del personaje. La caracterización es llana, poco intensa, no trasmite sentimientos, no convence. No podremos saber cómo lo hubiese resulto un actor con dotes dramáticos reales.

     Tampoco queremos tirar Danza con Lobos a la basura. Podemos afirmar que tiene momentos cargados de simbolismo que aportan valor a la producción. Nos quedamos con la memorable escena que le da el título a la película. John Dunbar surca la pradera y un empedernido lobo solitario insiste en seguirlo. Dunbar se baja del caballo en un intento desesperado de ahuyentar al animal y cae al suelo después de una serie de ademanes exagerados. El espectador pronto se da cuenta que el lobo está jugando. El bochornoso momento es aprovechado por los Sioux para “bautizarlo” con el nombre Danza con Lobos, dada su costumbre de nombrar a los miembros de su tribu de forma tardía y de acuerdo a su personalidad.

     Esta escena es hermosa y notable porque está cargada de simbolismos: Anuncia el futuro renacimiento cultural del personaje.  Recuerda que el hombre es uno con la naturaleza y su deber que tiene de mantener el equilibro entre todos los seres vivos. El juego del hombre con el lobo, dos seres mutuamente incomprendidos, simboliza el contacto violento entre los “blancos” y los Sioux, cuya incomprensión les impide vivir en paz. El lobo simboliza los temores más internos del ser humano, el temor a lo desconocido, el impulso a reaccionar con violencia ante grupos humanos distintos al suyo, temores que si se dominan, tal cual lo hace John Dunbar, le pueden permitir vivir en paz.

*Mag. Wagner Ramírez Arroyo. Docente universitario de la Cátedra de Historia de la UNED, Bachiller en la Enseñanza de los Estudios Sociales y la Educación Cívica por la Universidad de Costa Rica y Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad Americana.Correo electrònico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.