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El indio Térraba

Escrito por Mag. Javier Olivares Ocampo*

Don Paulino Nájera Rivera es un hombre ejemplar de la comunidad indígena Térraba, pueblo Bröran; nacido de una estirpe aborigen tan pura que él ha sabido conservar con orgullo. Nació en 1963, protegido por los miembros de su clan, en especial por su abuela paterna; sus padres fueron, Amalia Rivera Guillén y Crisanto Nájera Segura; unió su vida a Fidelia Rivera Fernández con la que procreó 6 hijos: Tara, Marcos, Adán, Paolo, Fabián y Lydsi, a los que, con buenos efectos, ha sabido sacar adelante.

En su niñez llevó una vida apacible, entre los campos de cultivos con aquel olor a frutos frescos, las correrías por el bosque, las quebradas, los petroglifos y la escuela. Fueron muchas horas en las que escuchó los relatos de los mayores, en especial de la abuela Martina Nájera, como es la costumbre ancestral de los Teribes, la trasmisión de la historia oral.

Cursó estudios primarios en la escuela del pueblo y realizó estudios secundarios a distancia, ha realizado una serie de cursos en el INA y en CENECOOP sobre contabilidad, mercadeo, registros contables, construcción, agricultura básica; se graduó como Guía de turismo rural en la UNED. Como autodidacta se convirtió en un investigador de su cultura con el afán de conservar la lengua, las tradiciones, las costumbres, la gastronomía y la cosmovisión aborigen.

Paulino Nájera es un líder comunal, su vida lo ha llevado a hilvanar grandes disputas. Siendo joven se lanzó a defender el territorio contra la deforestación ilegal que en 1985 estaba haciendo una empresa maderera de Cartago, cuyo dueño era Carlos Piedra. Para ese entonces la empresa deforestaba a su gusto en estos territorios, pero en Térraba encontró resistencia, él junto otros jóvenes lideraron un movimiento social que paralizó la actividad extractiva, lucha en la cual fue detenido y encarcelado en Buenos Aires; pero el objetivo se logró, la empresa debió retirarse de la localidad.

También participó en la lucha contra el Proyecto Diquis, que consistía en la construcción de una represa hidroeléctrica en el Río Grande de Térraba, que afectaría los pueblos indígenas, en especial a Curré, obra que al final no pudo ser construida. En esta circunstancia aprendió sobre las leyes de los pueblos originarios, puso empeño en diferentes acciones de dirigencia.

Ha estado vinculado en la defensa de los territorios, para hacer respetar la autonomía, además en la protección de los derechos de los indígenas. En el 2012 lideró un movimiento por la educación indígena en el Colegio de Térraba, para evitar la discriminación, fortalecer la lengua y la cultura, hacer respetar el nombramiento de funcionarios y docentes de la etnia; además por el mejoramiento de la infraestructura, calidad educativa, valores, entre otros. Este acontecimiento se desarrolló con grandes brotes de violencia, posiblemente a que en el contexto del conflicto por la represa del Diquis, en el 2010, se había producido la formación de dos grupos, descontento que se manifestó en torno a la situación del colegio.

Recientemente fue parte de un proyecto que se convirtió en decreto ejecutivo, consistente en el reconocimiento oficial e interinstitucional de la base de datos de la población Térraba que parte de 12 troncos genealógicos, mecanismos por el cual se hace constatar quienes son beneficiarios de los derechos de la ley indígena. Con esto se formalizó el procedimiento que evita la usurpación de territorios y derechos que son propios de la etnia Térraba.

Se ha desempeñado en diferentes labores; se dedicó a la construcción desde 1985 a 1990, en San José, en especial para fortalecer sus conocimientos en el oficio. Desde joven tuvo una conciencia ecológica que lo llevó a iniciar faenas a favor de la conservación de la naturaleza en la Fila Brunqueña. Emprendió junto a sus hermanos una labor grandiosa de reforestación de la finca de 62 hectáreas, que en 1980 eran pastizales dedicados a la ganadería, con suelos erosionados y áreas frecuentemente arrasadas por las quemas; en ese año iniciaron la siembra de especies nativas maderables y frutales, en cuyo proceso se logró plantar 37.000 árboles para revivir un bosque de protección de 8 nacientes de agua y la quebrada Honda.

Con el trascurso de los años ha visto regenerarse el bosque con la magnificencia de su exuberante vegetación que ha puesto la naturaleza por sí a multiplicar frutas, semillas, plantas, aves y una constitución de especie que han revivido procesos naturales, no solo de flora, sino también de fauna, reactivando una composición boscosa con todos sus componentes bióticos y abióticos.

Fundó en esa finca el Rincón Ecológico y Cultural Térraba, con grandes esfuerzos, aprovechando los recursos disponibles, sus conocimientos en construcción y el apoyo de su familia. Erigió una casa al estilo original Térraba, cabinas rústicas, senderos ecológicos, senderos místicos, de meditación, para recibir turistas en ese espacio donde se mezcla la riqueza de la madre tierra con la tradición indígena, su cosmovisión, sus historias, su cultura.

Pasa sus días recibiendo turistas nacionales y extranjeros, estudiantes, investigadores, o personas que van a hacer voluntariado. Gentilmente da charlas de derecho indígena, historia, tradición, vivencias, arte, gastronomía; así como espacios de meditación, o de ecología. Ha sido invitado a participar en múltiples eventos como charlas o conferencias, en instituciones de cultura, universidades, instituciones, organizaciones no gubernamentales. Ha logrado compartir sus conocimientos en países como Panamá, Guatemala, España y Francia.

Un logro significativo es que el Proyecto “Rincón Ecológico y Cultural Térraba” haya sido reconocido como proyecto Sumidero de Adaptación Ecosistémica, por la Fundación Costa Rica Neutral, dicho proyecto es considerado como receptor de compensación de emisiones de gases de efecto invernadero al ser espacio sumidero de carbono, que además brinda servicios ecosistémicos asociados con la fijación de carbono, que el área  brinda a la sociedad en general y específicamente a los territorios cercanos. Esto implica que don Paulino Nájera ha sido emprendedor en su afán por convertir su finca en un ecosistema sostenible que ya ha logrado reconocimiento a nivel del país e internacionalmente.

Es destacado el aporte de este hombre visionario, que lleva impregnada su etnia apoyado en esa fusión de lo místico y lo natural, quien llama amigos a los que no somos indígenas, hermanos a los que sí lo son; capaz de hablar de los más simple hasta lo más complejo en un tono armónico con el paisaje, desde lo ceremonial hasta lo científico, de lo ritual a lo cotidiano, siempre orgulloso de ser Térraba, amante de la naturaleza, de su familia, de la educación, del arte, de la cultura, de su pasado histórico.

Tiene esa cualidad de exaltar el trabajo de la mujer, representado en Fidelia -su compañera- siempre presente en sus conversaciones. Ella es una reconocida artesana cuyos trabajos en xilografía asombran a nobles y a Papas quienes los han recibido como regalos allá en la lejana Europa; quien además prepara con el sabor original las delicias gastronómicas típicas, como picadillo de banano, carne ahumada y los auténticos tamales de arroz.

 En el pueblo fija la mirada cada vez en la iglesia Católica, punto de fundación española, recorre parte del camino de las mulas, sube la cumbre de la fila Brunqueña, señala el Paso Real en el imponente río y allá a los lejos la cordillera de Talamanca le nutre para un cumplir otro sueño, o para esperar a alguien con quien compartir ese guacal de chicha en su casa Térraba, rodeado de ese bosque del cual él es el dueño.

Respetuoso de Sbo (creador) y Tjer (protectora), don Paulino ha dejado crecer su cabellera porque cuando sea la hora buena y el tiempo exacto formará parte del “Concejo de Ancianos”.

*Mag. Javier Olivares Ocampo.Profesor e investigador de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electònico: