H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Ficha técnica

Dirección: James McTeigue.

Producción: Joel Silver.

Guion: Hermanas Wachowski

Edición: Martin Walsh.

Duración: 132 minutos.

Estamos ante una producción controversial, sarcástica, basada en un comic y ubicada en un distópico futuro. Debemos esforzarnos un poco para justificar su presencia en este espacio destinado al cine histórico. Primero, debemos asumir que el propósito de la Historia es procurar un futuro mejor para la humanidad, propuesta  que lleva a cabo mediante el estudio del pasado. También aceptamos que para alcanzar este hipotético mejor futuro, debemos hacer ajustes en el presente, con base en los errores que hemos cometido en el pasado. En segundo lugar, entendemos que el género literario y cinematográfico conocido como distópico, muestra un futuro desolador, producto de las acciones que estamos tomando hoy. Es decir, la distopía se convierte en una crítica al presente, la Historia también lo es, solo que una mira el pasado y otra mira el futuro, pero ambas desde el mismo punto de partida. Estos puntos de encuentro nos alientan a explorar este género, aunque no sea cine precisamente histórico.

De todas formas, el cine distópico no solo aborda un futuro hipotético y el entorno cultural que lo produce, también se construye con base en los acontecimientos pasados. Esta película no es la excepción. El mundo futuro que se pone en escena, se arma con base en eventos históricos bastante intensos como la dictadura nacionalsocialista en Alemania, la guerra de Vietnam, las atroces dictaduras derechistas de Argentina y Chile durante la segunda mitad del siglo XX. Tal cual lo haría una película histórica de calidad alta, V de Vendetta ofrece una fuerte crítica a la sociedad, a la economía y a la política de la cultura occidental, por lo tanto consideramos esta producción más que interesante y oportuna.

Tampoco fue una producción causal, tenía una fuerte intencionalidad filosófica y política que respondía a la coyuntura de la primera década del siglo XXI. El estreno se dio en el 2006, en pleno apogeo de la invasión estadounidense de Irak (2003-2011) y el endurecimiento del poder Estatal sobre las libertades individuales de los ciudadanos que vinieron después de los atentados del 2001. Contexto histórico que se juzgó como una guerra contra el terrorismo. Recordemos que bajo el afán de resguardar la seguridad nacional, el gobierno de George W Bush aumenta la injerencia estatal en la vida privada de los ciudadanos. Por supuesto que los productores de la película se preguntaron hasta donde podrían llegar tales limitaciones.

Para entender la película es necesario entender el origen de la máscara que lleva el protagonista, para lo cual debemos repasar un evento histórico particular denominado la Conspiración de la Pólvora. El 5 de noviembre de 1605, un grupo de ingleses católicos que sentían su libertad socavada, planeó un atentado con el fin de asesinar al Rey Jacobo I y sus afines. La conspiración fue descubierta y sus perpetuadores condenados a muerte. Así nació la costumbre de celebrar cada 5 de noviembre la victoria del rey. En el contexto de las celebraciones se quemaban muñecos con máscaras que representaban a los conspiradores. La máscara de Guy Fawkes, el líder de los conspiradores, se arraigó en la cultura popular, más aún después de la película V de Vendetta.

La máscara se ha convertido en símbolo de rebelión contra el poder, por antonomasia del anarquismo y contradictoriamente del consumo de masas también. Hemos visto la máscara de Guy Fakes en las protestas de los chalecos amarillos, pero también en los anaqueles de Walmart vendida a granel en temporada de Halloween. El anarquismo no es precisamente la ideología política más popular, pero todas las manifestaciones sociales en contra de la opresión tienen tintes de anarquismo, ya sea desde la derecha o la izquierda. No sorprende el éxito de una película que literalmente le hace lobby al anarquismo, con mucho más razón si es rentable.

El filme va más allá del proselitismo ideológico. Es una oda a la concepción occidental de la venganza. El protagonista siente rencor en contra del brazo armado del Estado, los matones que recorren las calles linchando cualquier indicio de oposición política (al mismo estilo que las turbas sandinistas en el régimen opresor de Daniel Ortega). También siente rencor contra sí mismo y se autocastiga de la forma más cruel posible, haciendo daño a la persona que ama. Su otro nivel de rencor cae directamente en la propia sociedad. El protagonista siente que los individuos han alcanzado una zona de confort emocional que les impide siquiera pensar en una rebelión, porque, al fin y al cabo, el Estado satisface las necesidades vitales, salvo la libertad. El protagonista ha concluido que el dolor físico y emocional son el detonador espiritual que necesita el individuo para liberarse. Estamos hablando de un ser que existe en función de la venganza, y cuando la logra cumplir da su vida por finalizada también. Por otro lado notamos en el filme una alegoría al suicidio, el protagonista se siente torturado por sus propios recuerdos y rencores, no encuentra más salida a su dolor interno que entregar su vida, pero a la vez se redime, porque se sacrifica para alcanzar el bien común, una actitud un poco mesiánica a la vez.

La película muestra una sociedad donde las libertades individuales están totalmente restringidas, donde el ciudadano existe para proteger al Estado, la degradación total de las ideas de Rousseau, Montesquieu y John Locke. Por supuesto que hay una reducida élite gobernante que se beneficie de todo esto ¿Pero como llegó la sociedad a degradarse a este nivel? Se entiende que es el resultado de la constante lucha entre dos vertientes radicales: El fascismo y el anarquismo. El fascismo es representado por el orden que limita la libertad y el anarquismo el desorden que trae la libertad de destruir. Parece que los dos polos son poco provechosos.

Hemos visto una película cargada de simbolismos históricos, filosóficos, psicológicos, políticos y sociológicos. Llena de diálogos contundentes y reveladores, de verdades solapadas y puestas a ser entendidas por los ojos más críticos. El guion es inteligente y el director lo hace fluir. Las actuaciones de los protagonistas fueron de gran calidad. Natalie Portman es una gran actriz, que pone el alma en sus trabajos, aquí también cumplió con creces. Hugo Weaving, conocido por sus interpretaciones soberbias y dramáticas hace una labor magistral logrando construir un personaje lleno de emociones y contradicciones, a pesar de estar totalmente cubierto con una máscara sonriente.

Además de esto, el filme está cargado de acción y efectos visuales muy llamativos. La trama atrapa, incluso a las personas que no logran entender su cargado simbolismo. Es entretenida, lo cual es importante en el cine también.