Por Mag. Carlos Quesada*
¿Se avecina el fin de los exámenes? Esta es la pregunta que muchos profesionales en la educación nos hacemos al ver los cambios que se realizan de manera reciente en el reglamento que rige la evaluación a nivel primario y secundario del país.
El Reglamento de Evaluación de los Aprendizajes (REA) se encarga de todo lo referente a los procesos evaluativos en el nivel de primaria y secundaria, sin embargo sus recientes reformas han cambiado el perfil pedagógico que se venía desarrollando en años anteriores.
En algunas asignaturas han desparecido las pruebas escritas, como es el caso de la Educación Cívica para el tercer ciclo, además se han asignado porcentajes de un 50% en el rubro de trabajo cotidiano. Estos cambios buscan fortalecer los principios de responsabilidad y el aprovechamiento de los tiempos de aula, en detrimento de las pruebas escritas, las cuales en ocasiones representan una de las mayores tensiones y preocupaciones de los estudiantes.
Además de esto una revalorización de los porcentajes de trabajo cotidiano, ayuda a los estudiantes que asisten a clase de manera continua y cumplen con sus deberes, sin embargo al momento de la prueba escrita no logran un resultado satisfactorio, en detrimento de los estudiantes que no asistían a clases, no presentaban tareas, pero en las pruebas escritas se notaba un nivel de logro muy superior a la mayoría.
Para algunos estos cambios no tienen asidero, la mayor parte de la generación de profesores que se encuentra en el aula hoy, responde al ser una de las generaciones más evaluadas, que debieron enfrentar a un sin número de pruebas escritas para aprobar la secundaria, y posteriormente sus estudios universitarios, donde las condiciones como el análisis, la capacidad de abstracción de los temas, técnicas de estudio y la claridad de las ideas fue más que necesaria para su aprobación.
Sin embargo lejos de criticar estos cambios evaluativos, estamos a la espera de los avances que los mismos puedan traer, con una mejora en los rendimientos académicos, en un mayor aprovechamiento del tiempo, y porque no el alejamiento de la juventud de un sinnúmero de actividades ociosas que se encuentran en las instituciones educativas de nuestro país.
Pero ¿Cuál es el rumbo de estos cambios? Será que olvidamos que las pruebas escritas sirven de guía para la comprobación de aprendizajes, o que nos permiten valorar el proceso educativo y el logro de los objetivos propuestos en aula. ¿Será que las pruebas escritas se convirtieron en un fin por si mismas? Todas estas interrogantes nos las debemos plantear, a fin de llevar a un proceso de reflexión y acción de la dinámica de nuestras aulas.
Por lo pronto debemos de tratar de realizar un trabajo más integral en el aula, apoyados con nuevas tecnologías y teniendo en cuenta que educamos a una sociedad de nativos digitales, donde los mayores retos que enfrente esta generación no serán las pruebas escritas, será la comunicación, las inteligencias emocionales, los cambios ambientales y la solución de problemas prácticos que solo pueden ser resueltos bajo una visión comunal.
*Mag. Carlos Quesada. Profesor de la Càtedra de Historia de la UNED. Correo electrónico:
